5 de marzo de 2021
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La última semana de Alzate (1)

14 de noviembre de 2010
14 de noviembre de 2010

Unas horas después de la nueva intervención quirúrgica, exactamente a las 4 y 42 minutos de la madrugada del sábado  26 de noviembre de 1960, fallecía prematuramente este líder extraordinario que se perfilaba como el segundo Presidente del Frente Nacional. (Estamos, pues, a trece días del cincuentenario de su triste deceso).

La primera operación se la había practicado el eminente cirujano cartagenero Alfonso Bonilla Naar radicado en la ciudad capital, pero el ilustre paciente no fue muy colaborador con la medicina en la etapa postoperatoria, como veremos más adelante.

Su amigo inseparable Antonio José Uribe Portocarrero, quien lo acompañó desde el día lunes de la que sería la última semana de vida del Mariscal, cuando lo atacó el mal que le causaría la muerte, derivado de su glotonería incontenible, consiguió a toda prisa el sacerdote para la confesión en la cercana Universidad de Santo Tomás y compró las hojas para el manuscrito final en un pequeño almacén de la clínica: un cuaderno de los que se usaban en la época para llevar  las primeras estadísticas de los recién nacidos.

El jurista Uribe Portocarrero consignó en un relato inédito hasta ahora (facilitado al Contraplano por el abogado, historiador  y periodista samario Oscar Alarcón Núñez) detalles muy puntuales del comportamiento postrero del gran conductor de masas:

“Al día siguiente de la operación, el paciente –si bien presentaba un mejor aspecto— su intolerancia era extrema. A las enfermeras las trataba muy duro y no cesaba de proferir amenazas contra el gobierno porque al reestructurar el gabinete, no había nombrado a ninguno de sus recomendados: Cornelio Reyes, Humberto González Narváez y Fernando Urdaneta”. Y añade el testigo de excepción del hundimiento del acorazado manizaleño de la bella metáfora que se sumergía lentamente en el océano con las luces encendidas: “Llegó a tal grado la exacerbación que Alzate se bajó de la cama y con la herida y el estómago a dos manos caminaba cual león enjaulado a lo largo de los pasillos públicos de la Clínica”.

Otra precisión que contiene el importante documento periodístico sobre las horas finales del irrepetible jefe conservador: En el tercer día del postoperatorio una grave junta de médicos tuvo lugar en la Marly. Al concluir, el doctor Juan Consuegra anunció que era necesario volverlo a operar, porque los movimientos que hizo y la grasa produjeron un desgarramiento de las  costuras; además, debían  explorar otras zonas”.

Uribe le transmitió a Alzate la decisión  de los médicos que rehusaron notificarlo directamente porque le tenían cierto temor, por su intemperancia y fuerza. “Muy bien, me someto a otra, dijo el Caudillo; pero deseo confesarme, pues en la primera no pude hacerlo”. Cuando su ángel guardián  se apareció con el sacerdote, le comentó: “Es el mejor favor que me has hecho, Antonio José”. Eran las 5 de la tarde. La segunda y definitiva operación, de la que no regresó, empezaba a las 6 p.m. Y expiró en la fría madrugada bogotana, cuando acababa de cumplir 50 años edad y el solio bolivariano lo esperaba a pocas cuadras de distancia, en el céntrico Palacio de San Carlos.

El doctor Alberto Lleras puso a su disposición el avión presidencial (un DC 4) para que lo llevara a Miami, en busca de la ciencia médica estadounidense, pero él prefirió permanecer en manos de los galenos de su país.

La apostilla:
El fiel escudero confiesa en su dramático testimonio que Alzate se sentía enfermo hacía mucho tiempo, pero no lo decía para no alarmar a la familia y a los amigos; para no perder  un solo instante de la vida política y poder coronar su empeño. La desorganización de su vida debido a viajes, reuniones y comidas no le permitía darse el indispensable tiempo para cuidar su salud.