13 de abril de 2021
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Hitos de la identidad caldense

18 de noviembre de 2010
18 de noviembre de 2010

Por: Gustavo Páez Escobar
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gustavo paezCon este título y el sello de la Editorial Manifraf, de Manizales, el escritor Jorge Eliécer Zapata Bonilla, presidente de la Academia Caldense de Historia, publica varios textos cortos sobre la vida de su departamento, con un denominador común: mostrar el proceso histórico de Caldas a través de una serie de sucesos que definen la identidad de la comarca.

Zapata Bonilla ha sido un estudioso y un divulgador constante de los valores de la región. En 1980 publicó la Historia de Supía, su tierra natal; en 1987, Visión del Occidente de Caldas; en 1990, Efememérides supieñas; en 2002, Municipios de Caldas, y ahora, el título a que se refiere esta nota. Es, además, poeta, cuentista,  ensayista y colaborador de periódicos y revistas.

En su libro destaca el capítulo de la colonización antioqueña, el hecho más notable de la vida caldense; se detiene en la creación del departamento, en 1905, bajo el gobierno del general Rafael Reyes; resalta el fuerte mestizaje de la raza caldense, y del país en general (tema muy trabajado por Otto Morales Benítez en infinidad de estudios), como factor determinante de la idiosincrasia colombiana, y se refiere a la obra literaria de ilustres caldenses que han dejado valiosos trabajos sobre la identidad regional, como Otto Morales Benítez, Albeiro Valencia Llanos, el presbítero Nazario Botero Restrepo y Adel López Gómez (nacido en Armenia, pero residenciado casi toda su vida en Manizales).

Todos ellos representan hitos perdurables del Gran Caldas, geografìa dividida en tres unidades administrativas durante la segunda mitad del siglo pasado. La divisiòn territorial no ha significado un divorcio de los ideales y la manera de ser de los moradores, ni una renuncia a los imperativos de la raza paisa y su comportamiento social, que son irrenunciables. Por el contrario, la independencia administrativa ha abierto dinàmicos caminos de progreso que le dan impulso a toda la regiòn, la cual ha dado en llamarse el Eje Cafetero, como un emblema nacional.

Adel Lòpez Gòmez, gran cantor de la tierra, de la gente y el paisaje, plasmò en sus cuentos retratos vivos sobre el alma antioqueña, ubicada lo mismo en Antioquia, en Caldas, en Risaralda y en el Quindìo. Otto Morales Benìtez, ensayista extenso y profundo, es autor de obras ya incorporadas a la excelsa bibliografìa regional, entre ellas, Testimonio de un pueblo y Càtedra caldense, a las que se refiere con orgullo Zapata Bonilla en su libro.

En esta obra se dan cabida, ademàs, a ciertas particularidades del costumbrismo caldense, como las danzas de los resguardos indígenas, que trasladadas a la època actual imprimen un hito como expresión de la alegrìa, el espìritu abierto y el vigor caracterìsticos del pueblo caldense. O el envuelto y la arepa de chòcolo, indispensables en los hàbitos culinarios de estos departamentos, y que significan una tradición imprescindible de sus habitantes. Arepa y paisa son palabras inseparables, y hasta los crucigramistas, cuando estàn flojos de imaginación, presentan este acertijo que cualquiera descubre.

Es oportuno aplaudir el ànimo regionalista de Zapata Bonilla en su tarea incansable de rescatar las tradiciones, las costumbres y la historia de Caldas. Puede decirse que toda su obra està encaminada hacia dicha finalidad. Desde la Academia Caldense de Historia ha dejado su propio hito.

El òrgano oficial de esta entidad, llamado Impronta –tìtulo perfecto–, va por los siete años de vida y se ha convertido en un semillero de cultura caldense, y de gran provecho para los historiadores, los profesores, los estudiantes y en general  las personas amantes de su terruño. Este libro es un abrebocas para querer màs a Caldas.