5 de julio de 2020
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Hurto-robo; homicidio-asesinato; concienciar; subjuntivitis

7 de octubre de 2010
7 de octubre de 2010

Cada vez que quiero adentrarme en corrales ajenos, me encomiendo al santo protector de estos transgresores, aunque ignoro quién será. Desde Miami escribe el señor Orlando López: “Varias veces he oído a corresponsales de radio referirse al delito de hurto cuando tres o cuatro criminales irrumpen en un banco con armas de fuego, y se llevan, a la fuerza, claro, grandes sumas de dinero” (IX-12-10). Y pregunta: “¿Es esto hurto o robo?”. La respuesta sencilla, sin enredarnos en berenjenales leguleyos, la da El Diccionario. De ‘hurto’ dice: “4. Derecho. Delito consistente en tomar con ánimo de lucro cosas muebles ajenas contra la voluntad de su dueño, sin que concurran las circunstancias que caracterizan el delito de robo”, al que define de este modo: “4. Derecho. Delito que se comete apoderándose con ánimo de lucro de una cosa mueble ajena, empleándose violencia o intimidación sobre las personas, o fuerza en las cosas”. Por lo tanto, los criminales de su pregunta cometieron el delito de ‘robo’, no de ‘hurto’, así lo llamen ‘agravado’, porque, si tiene esta característica, ya deja de serlo para constituirse en ‘robo’.  Esto es lo que dice El Diccionario, pero acepciones o explicaciones diferentes y hasta contradictorias les pueden dar los abogados defensores y los fiscales. Y esto, señor, “es mejor no meneallo”.**

El mismo corresponsal hace otra pregunta, muy oportuna por estos días, cuando hay quienes califican de ‘homicidas’ (con la intención retorcida de hacerlos ver como ‘asesinos’) a los soldados o policías que abaten criminales; y llaman ‘acciones políticas’ a los asesinatos que éstos cometen. Ésta es la pregunta: “Si un policía se defiende de un agresor y le quita la vida, ¿se le puede considerar un asesino? Mire lo que dice El Espectador: ‘Uniformado habría asesinado a un joven en defensa de su propia vida’ ” (IX-12-10). De este periódico, El Espectador, que no es ni la sombra de lo que fue décadas atrás, se puede esperar cualquier cosa, por ejemplo, que no diga “asesinó” sino “habría asesinado”, para, de todas maneras, dejar flotando la idea de ‘asesinato’. Con este tiempo verbal (antepospretérito o condicional compuesto) y con este verbo, se expresa que, si se hubiesen presentado ciertas circunstancias (premeditación y alevosía), el soldado ES culpable de asesinato. La información del diario citado es sesgada y malintencionada desde cualquier punto de vista, porque, a pesar de anotar que fue en defensa de su propia vida, echa mano del verbo ‘asesinar’, acepción que trata de atenuar con el empleo de ese tiempo compuesto del indicativo. Hace poco, en La Hora de la Verdad, el doctor Fernando Londoño Hoyos habló con fogosidad en contra de aquellos que calificaban de ‘homicidas’ a los soldados que mataban guerrilleros en combate. Semánticamente considerado el término, sí lo son, porque, ‘homicida’ es “la persona o el instrumento que le quita la vida a un ser humano”. Pero, y éste es un pero catedralicio, no cometen el delito de ‘homicidio’, definido vaporosamente por El Diccionario así: “3. Derecho. Delito consistente en matar a alguien sin que concurran las circunstancias de alevosía, precio o ensañamiento”, circunstancias que configuran el ‘asesinato’. Entonces, calificar de ‘homicida’ a un militar que, en cumplimiento de su obligación constitucional, da de baja a un criminal, es un despropósito. Me parece que nuestro idioma, que los posee todos, no tiene el ‘nombre’ para llamar con propiedad a los soldados y policías que libran a la sociedad de sujetos peligrosos. Tal vez el de ‘héroes’, como los que segaron la vida del Mono Jojoy, éste sí, crudelísimo asesino.**

Hasta 1981, El Diccionario asentaba sólo los vocablos ‘conciencia, concienzudamente y concienzudo’, sin la ‘ese’; con ésta, ‘consciencia, consciente y conscientemente’. No acogía los verbos ‘concienciar’ ni ‘concientizar’. Además de estos dos, la señora María Cristina Ángel alude a otro, ‘concienzar’, “que repetidamente se está leyendo en LA PATRIA, cuando se refiere a hacer que las personas tomen conciencia de algo” (IX-21-10). Este verbo, ‘concienzar’, doña María Cristina, es un invento desatinado del redactor. Como lo expuse antes, la Academia de la Lengua aceptó, en uno cualquiera de los momentos comprendidos entre 1981 y 2001,  cuando publicó su último diccionario, únicamente los dos verbos arriba mencionados, ‘concienciar y concientizar’, con el significado que usted transcribe, a saber, “hacer a alguien consciente de algo”. Ambos verbos son, pues, sinónimos, y pueden ser también pronominales. ‘Concienciar’ se conjuga como ‘anunciar’.**

El escritor nadaísta, Jotamario Arbeláez, fue admitido esta semana en el pabellón de la ‘subjuntivitis’. Su espécimen positivo fue éste: “Pasados cincuenta años, en el pueblo de Ocu, donde naciera el poeta…” (El Tiempo, IX-22-10). El internista le aconsejó que leyera y analizara cuidadosamente la siguiente oración: “La protagonista de esta historia regresó a su país para que su hijo ‘naciera’ allí. Pocos meses después, y, para alegría de todos sus familiares, Fermín ‘nació’ en Colombia”. Si lo hace, concluyó, se aliviará en un dos por tres.