28 de febrero de 2021
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El sauna pierde urbanidad

14 de octubre de 2010
14 de octubre de 2010

OTRAPARTE
Por Óscar Domínguez G. (*)  

oscar dominguez

Sin exagerar, o exagerando, ¡qué diablos!: en pocos lugares se violan tanto en tan poco tiempo las normas de convivencia ciudadana como en los baños sauna y turco. Y eso que los parroquianos conocemos las reglas de juego. Al borde del patatús quedaría el circunspecto Manuel Antonio Carreño, el de la Urbanidad, si se diera un paseíllo por allí, libro en mano. O sin él.

Las reglas parecen escritas con vapor en las paredes de estos baños que fueron hechos para reducir el estrés a sus turbayistas justas proporciones.

Las certeras advertencias invitan al respetable (¿¡) a no hacerse limpieza a bordo. Otro recorderis pide no convertir el lugar en tálamo nupcial. Toda esa prosa se queda en lánguidos saludos a la bandera.

Venerables varones domados se afeitan con máquinas desechables. Olímpicos, limpian la pequeña guillotina golpeándola contra algún borde, después de un rápido paseíllo por el sobaco.

De milagro no la estrellan contra la nuca del prójimo. Como hacían los aristócratas de luneta que arrojaban las colillas de cigarrillo contra el proletariado de gallinero en los teatros de barrio.

Sujetos y sujetas practican abominables depilaciones, pedicuras, manicuras, todocuras. No pocos se bañan en aceites y realizan rudimentarias liposucciones con guantes de crin y otros exfoliantes. Lo importante es reducir gordos, llantas. La higiene que se friegue.

A veces, una pareja de enamorados recientes explora en la cara del otro en busca de la espinilla perdida. Redondean la faena con un desabrido beso.

Nunca falta el exhibicionista embutido en tanga-narizona que ejecute toda clase de malabares eróticos para alborotar libidos masculinas. O femeninas. Lo que sea. Rebusque es rebusque.

Por estatutos, hay cierta impunidad en el turco con quienes aprovechan la coyuntura para despotricar o elogiar hiperbólicamente al prójimo. Esos tales hablan en voz alta. No quieren que su original forma de interpretar el mundo se quede en el anonimato. Para ellos, el sauna es internet, periódico, plaza pública.

Desde siempre, en turcos y saunas caen prestigios y virginidades a razón de diez por segundo. Allí, sin confirmar sí lo decimos. (Donde chuzaran estos baños, nuestros sabuesos oficiales encontrarían más jugosa información que interfiriendo teléfonos).

Para eso, para rebajar kilos despotricando del prójimo, los inventaron los turcos. Los romanos -japoneses de antes- que clonaban todo, los retomaron.

A lo que no hay derecho es a restregarse jarretes y otras presas para sacar la mugre que heredará el próximo bañista.

Caraduras de media petaca se suenan los mocos bajo la ducha fría. Luego salen como si hubieran acabado de descubrir América, o de inventar el pararrayos. O el desamor.

Los administradores de saunas y turcos están en mora de contratar gorilas jubilados de la CIA o ex chuzadores del Das, para que hagan cumplir las normas de mínima higiene. Que saquen de donde sabemos a los infractores de todos los pelambres.