2 de julio de 2020
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

¿El principio del fin de las FARC?

7 de octubre de 2010
7 de octubre de 2010

Esta noticia, como es lógico, llenó de regocijo a los colombianos. Porque con la muerte de Jorge Briceño Suárez, el Mono Jojoy, jefe militar de esa agrupación guerrillera, se inicia el principio del fin de un movimiento subversivo que ha sembrado dolor en cientos de familias colombianas. Una organización delictiva que ha hecho del secuestro no solo una fuente de financiación de sus actividades, sino una estrategia para amedrentar al país. 

Los colombianos llevábamos muchos años esperando una noticia como la que se produjo ese día. Durante el proceso de paz en El Caguán, donde el grupo guerrillero aprovechó los 42 mil kilómetros cuadrados cedidos por el gobierno para fortalecerse militarmente, las Farc intensificaron sus ataques contra la población civil, violando así el Protocolo de Ginebra. El presidente Andrés Pastrana  Arango se vio obligado, entonces, a romper los diálogos. Todo porque el grupo insurgente continuaba ejecutando actos terroristas. Pero no se logró  asestarle golpes que mostraran ante la opinión pública que el gobierno estaba ganando la guerra. Sólo con la llegada al poder de Alvaro Uribe Vélez se empezó a demostrar que sí era posible lograr su arrinconamiento.

Desde que el Gobierno Nacional estructuró  la Política de Seguridad Democrática se empezaron a ver los resultados en la lucha contra la subversión. En Colombia se empezó a respirar otro aire. Las  Fuerzas Armadas empezaron a asestar golpes contundentes a una organización guerrillera que hasta entonces se ufanaba de su poderío militar. Todo cambió cuando el ejército planeó arriesgadas operaciones para dar de baja a sus jefes históricos. El primer gran golpe fue el bombardeo contra el campamento de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano. Con este operativo militar quedó demostrado que los líderes de ese grupo armado no eran intocables. Y que sí era posible dar con su paradero. Lo que se corroboró con el operativo militar contra el Mono Jojoy.

¿Representa la muerte del Mono Jojoy el principio del fin de las Farc? Posiblemente, sí. Sobre todo porque la tropa guerrillera queda desmoralizada al perder a su mayor estratega militar. Además porque se consolida la labor de inteligencia de nuestras Fuerzas Armadas, que con recursos tecnológicos podrá continuar asestándole golpes resonantes. Todos los éxitos del gobierno contra la organización guerrillera confirman no solo su debilitamiento militar, sino el compromiso del ejecutivo por extirpar de raíz un cáncer que amenaza nuestra institucionalidad. ¿Por qué gobiernos anteriores no pudieron asestarle al grupo armado golpes contundentes? Simplemente porque faltaba voluntad política para hacerlo.

Después del éxito alcanzado por las Fuerzas Armadas con la Operación Sodoma, a los cabecillas del grupo alzado en armas no les queda otra alternativa que buscar una salida negociada al conflicto. Eso sí, sin imponer condiciones. La solución, en este momento, debe ser política.  Ya está demostrado que el ejército tiene capacidad operativa para llegarles hasta sus escondites en la selva. Además está comprobado  que  la lucha armada no tiene razón de ser en una coyuntura histórica como la actual.  La guerrilla perdió su  norte ideológico. La reinserción a la vida civil es el camino que le queda a una agrupación derrotada militarmente. La muerte del Mono Jojoy debe ser un motivo para replantear a su interior, objetivamente, si con la lucha armada se puede alcanzar justicia social.

Las Farc surgieron el 20 de julio de 1964, después de que el gobierno de Guillermo León Valencia ordenara la Operación Soberanía, que buscaba acabar con los reductos guerrilleros que entonces se establecieron en la región de Marquetalia, en el Huila. Se proclamaron como movimiento insurgente el 5 de mayo de 1966. Desde entonces ha sido mucha la sangre que en Colombia se ha derramado. 45 años después, no han podido demostrar que su lucha tiene sentido social. Sobre todo porque han hecho del terrorismo un arma intimidatoria que en vez de granjearles simpatías lo único que produce es rechazo hacia sus formas de lucha. ¿Cuándo despertará Colombia de esta oscura noche? La esperanza es que sea pronto. Sobre todo si, en un acto de sindéresis, la guerrilla comprende que perdió sus objetivos sociales.