2 de marzo de 2021
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El hombre Kodak

31 de octubre de 2010
31 de octubre de 2010

En su picantísimo estilo, el maestro Arango Villegas le puso un prólogo sui géneris, en 116 palabras, al libro “Risotadas” del humorista aguadeño. La preciosa joya dice a la letra:

“No es la inteligencia lo que nos distingue de los animales.  Yo conozco mulas más inteligentes que un suplente a la cámara.  Lo que nos diferencia de las bestias –aparte del alma inmortal– es la risa.  De ahí que yo esté absolutamene convencido de que esas personas que no ríen nunca, esas a quienes dicen “serias”, son unos animales.

Quien tome en sus  manos este libro de Mario Jaramillo, uno de los más geniales humoristas colombianos, y no logre reir con todo el cuerpo, debe estar sobre sus lomos una enjalma y recluírse en un establo.  Ese es, sin duda alguna, un caso perdido de estupidez personal…

Al micrófono Mario Jaramillo, su locutor favorito… (Firmado) Rafael Arango Villegas”.

El sicólogo Luis Javier Jaramillo Sierra, quien ha tenido la gentileza de apoyar, recrear y enriquecer estos textos, le hizo al Contraplano esta remembranza de los triunfos de su querido progenitor ante los auditorios manizaleños:

“Mi padre se atrevió a ser el protagonista de una función en el Teatro Manizales, y como número central aparecía en escena y tras la correspondiente imitación, preguntaba al público: ¿Y quién es el imitado? Pues la gente contestaba en forma unánime y voz en cuello: "el Alcalde", "Don fulano de tal", etc. A los pocos días se dejó venir "Mauricio" (pseudónimo de Tomás Calderón) en un elogioso artículo en LA PATRIA en el que bautizaba a mi papá como el "Hombre Kodak", por su habilidad de retratar a diversos personajes. Entre otras, era el momento de esta marca americana de cámaras fotográficas  en ascenso en Estados Unidos y en el mundo”.

El descendiente del genial humorista nos proporciona con vivo entusiasmo este perfil de su taita: “Yo recuerdo a mi padre y añoro con frecuencia su arte de conversar, entreteniendo, en estos tiempos en que es casi una hazaña conseguir contertulios. Y recuerdo no solo su humor en forma hablada, sino sobre todo en gestos que eran como retratos. Había que ver el show diario en la mesa del comedor. Por allí desfilaban las imitaciones cariñosas de los vecinos "nuestros de cada día", los de la cuadra. Veo como una película a Mario remedando a la señora amiga de la casa  que gemía y gritaba mientras contaba la fuga de su hija con un señor casado (pero bella persona); del tendero vestido de delantal caqui y que le hacía más prominente el buche y que gagueaba al ofuscarse, o del jubilado de la Colombiana de Tabaco cuyos cachetes le colgaban como empanaditas y que elogiaba hasta el cansancio a sus "nobles" hijos (que eran por cierto un par de tarambanas, algo que sucedía  a espaldas de su iluso padre). En fin, la humanidad que somos. Bastaba un gesto para adivinar el personaje”.

La apostilla: La radio colombiana le debe a don Alberto Estrada, cuñado de Mario Jaramillo, el haberlo convencido de que dejara sus estudios de derecho, en Popayán, y aprovechara su dotes innatas de animador y humorista, a partir del acto inaugural de su emisora “Ecos de Occidente”, en Manizales, en enero de 1934, donde por  primera vez vio y tomó un micrófono y justo allí nació su vocación por las ondas hertzianas.