3 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

¿‘Boom’ o ‘bluf’?

18 de octubre de 2010
18 de octubre de 2010

Le sigue de lejos en Suramérica el peso chileno en el puesto 21 del ranking con una revaluación del 3.8% y el real brasileño en el 35 con el 1.4%, los dos países cuyas economías muestran un mayor dinamismo. Cabe preguntarse qué hace la diferencia de Colombia con respecto a los demás países de la Región. Se aduce que en los últimos años han ingresado al país ingentes sumas por concepto de inversiones, atraídas por el boom del sector minero-energético y ello ha venido presionando la tasa de cambio.

Con el objeto de magnificar el impacto de la bonanza que se espera, se habla solo de la afluencia de divisas al país merced a las mayores inversiones, pero se desestiman las cifras atinentes a la repatriación de recursos hechas por las mismas empresas inversoras. Las cifras son elocuentes y hablan por sí solas, veamos: Entre el segundo semestre de 2002 y 2009 ingresaron al país US $49.172 millones por IED. Pero, para el mismo período Colombia giró al exterior US $35.489 millones en utilidades que remesaron (libre de impuestos) esas inversiones, equivalentes al 72% de dichos flujos de IED. El caso del renglón petrolero fue patético, puesto que en igual lapso giraron al exterior utilidades equivalentes al 117.7% de lo que invirtieron en esos años.

Esto es, por cada dólar invertido se giraron al exterior un dólar con veinte centavos de utilidades.

Según el profesor Germán Umaña, “en el período 2006 – 2009 ingresaron 26.000 millones de dólares y egresaron 27.000 millones de dólares, y en el año 2009 los ingresos alcanzaron 6.500 millones de dólares y los egresos 9.500 millones de dólares”.

Hablando del primer semestre de este año, se observa que la IED fue de US $4.115 millones, inferiores a los US $5.043 millones de igual período del año pasado. Pero, esto no es lo peor, resulta que en este mismo semestre se registraron giros al exterior por valor de US $5.439 millones por concepto de reembolsos de capital, a los cuales se le vienen a sumar US $4.838 más por remesas de utilidades, superándose de este modo con creces lo que había entrado. No hay tal, entonces, que el país se haya visto desbordado por la entrada masiva de capitales producto de la “confianza inversionista” y que sea ello lo que justifique la imparable revaluación del peso por encima de los demás países.

La sobrevaluación, producto de una distorsión del mercado y expresada en un desalineamiento de la tasa de cambio, más que la revaluación del peso, junto con la alta tasa de desempleo se han convertido en los dos grandes desafíos – issus, como los llaman los norteamericanos – que enfrenta la administración Santos en el frente económico. El anterior Gobierno, preso de la autocomplacencia, poco hizo por atenuar la sobrevaluación del peso; por el contrario, con su indisciplina fiscal se encargó de estimularla. Al término de su gestión entregó la economía con un déficit fiscal del orden del 4.5% del PIB y con un endeudamiento del 39.4% del PIB, en el límite de su sostenibilidad. Como lo señala Dinero “cada vez que la Tesorería monetiza los dólares que el Gobierno consigue por fuera, el peso se revalúa. Si este desequilibrio no se corrige, no será posible aminorar el impacto de la revaluación de la moneda”. Así de sencillo. El Heraldo.