13 de diciembre de 2019
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Las relaciones con Venezuela

15 de agosto de 2010

Con este gesto, y con el simbolismo de iniciar su mandato con una reunión cordial con las Cortes, Santos salió del estilo camorrista de Uribe, desatando la reacción airada de los furibistas, para quienes Santos es un iluso embaucado por Chávez o, en el extremo, un traidor que arriesga la continuidad de la seguridad democrática y antepone los intereses comerciales a la dignidad de la patria.
Ni lo uno ni lo otro. Santos es mucho más estadista que su predecesor y sabe que el diálogo y la diplomacia son más efectivos que las amenazas y los discursos parroquiales en la OEA para disminuir la guerrilla en Venezuela. Y no necesita cortinas de humo para tapar escándalos como las chuzadas del DAS o las fosas comunes en la Macarena.
Pero hacer las paces con Chávez no significa volver a exportar 6.000 millones de dólares a Venezuela. Nuestras ventas allá dependen más de sus condiciones macroeconómicas, que de diferencias ideológicas o de los giros de su mandatario.
A los que creen que las retaliaciones de Chávez contra Colombia redujeron el comercio bilateral hay que recordarles que en 2002, cuando Chávez ya era presidente, sólo vendíamos a ese país 1.000 millones de dólares anuales; y que sin que el vecino cambiara su modelo económico, llegamos a facturar 6.000 millones, aunque una parte de estas ventas eran ficticias, realizadas para ganarse el diferencial enorme entre la tasa de cambio oficial y la del mercado paralelo.
La caída drástica de nuestras exportaciones a Venezuela se explica sólo en parte por las trabas adicionales a las importaciones desde Colombia. Otros dos factores incidieron. El primero, los controles cambiarios y el establecimiento de tasas de cambio diferenciales (como el dólar permuta), que hicieron más difíciles las operaciones de arbitraje de comprar dólares baratos para pagar importaciones y venderlos caros en el mercado paralelo. Desparecieron las exportaciones ficticias y disminuyeron las remesas de colombianos.
El segundo, la crisis internacional y los menores precios del petróleo indujeron un ajuste fuerte en las importaciones venezolanas, que en 2009 disminuyeron 24%, de 45.000 a 34.000 millones de dólares; en el primer trimestre de 2010, la reducción fue aún mayor: 41%. Además, las reservas internacionales cayeron 14.000 millones de dólares y ahora sólo cubren menos de 10 meses de importaciones. Así era imposible que Colombia pudiera mantener sus exportaciones, así como es imposible volver a esos niveles.
Algo similar ocurre en las zonas de frontera, donde el menor comercio se explica más por la pérdida de la capacidad adquisitiva del consumidor venezolano, que por las trabas diplomáticas. No tenía justificación la emergencia social declarada por Uribe, y bien haría el nuevo gobierno en derogarla antes de que la tumbe la Corte Constitucional.
Restablecer relaciones con Venezuela no es la solución mágica a los conflictos del vecindario, pero como diría Pambelé, es mejor tenerlas que no tenerlas. El Universal.