13 de diciembre de 2019
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La democracia es sabia

17 de agosto de 2010

Hoy, Colombia vive un ambiente distinto que va de la euforia total de los ya declarados santistas, hasta el optimismo moderado de aquellos que prefieren esperar sin atacar. Y la razón es evidente, hay un nuevo Gobierno. Las causas son varias: primero, independientemente de sus triunfos, el estilo Uribe estaba produciendo cansancio, aún entre muchos de sus fervientes seguidores, para no hablar de los opositores agobiados por las descalificaciones cuando no por las persecuciones. Segundo, en su primera semana de gobierno, el
Presidente Santos ha tenido varios aciertos, siendo tal vez el más importante el restablecimiento casi que inmediato de las relaciones con Venezuela. Con excepción del nuevo Min Defensa, los otros ministros visibles hasta el momento, han hecho declaraciones bien recibidas y sus actuaciones han sido positivas. Min Relaciones, Min Hacienda y Min Interior van bien.

Es tan reconfortante el ambiente que hay hoy en Colombia, que la reaparición del terrorismo con la bomba frente a las instalaciones de Caracol, se ha manejado muy bien, tanto por parte del Gobierno que ha demostrado prudencia, como por parte de la ciudadanía que inmediatamente demostró su solidaridad con los valientes periodistas que siguieron trasmitiendo en medio de escombros; como también con los ciudadanos afectados que recibieron respuesta inmediata del Gobierno. Sin embargo, ese atentado cuya autoría aún se desconoce, es una señal muy clara de que Colombia aún no ha encontrado la senda de una paz sostenible y que por lo tanto, esta difícil tarea sigue pendiente.

La pregunta que cabe es si este sentimiento de esperanza que hoy se identifica en el país se habría producido si se hubiera aprobado la segunda reelección del Presidente Uribe. Y la respuesta también obvia es que seguramente no. Si hay algo que desgaste es el manejo del poder y además, la historia lo comprueba, el estilo que permite obtener ganancias en unas circunstancias específicas, agota después cuando cambian los escenarios. De ahí la habilidad de los mandatarios de identificar esos momentos críticos que exigen virajes tan difíciles de hacer cuando el tema es la forma de ejercer la máxima magistratura.

Probablemente muchos colombianos no alcanzan a medir lo que significó ante los ojos del mundo el que no se hubiera aprobado la segunda reelección de un mandatario tan popular como el hoy ex presidente Uribe. Es en el exterior donde esos méritos son evidentes. Colombia, a pesar de las difíciles circunstancias en las que casi siempre ha vivido, es un país de instituciones serias, realidad que no muchos países en desarrollo pueden mostrar. Hoy solo queda un reducto pequeño, autoproclamado uribista pura sangre, que no se resigna y que se siente perseguido. El asesinato de un sindicalista de esta corriente es muy preocupante y por ello, es necesario hacer un llamado para que la concordia, la solución pacífica de los desacuerdos, sea la norma y se evite la violencia y los sacrificios de individuos que no merecen acabar sus vidas de esta manera.

Si Colombia es capaz de enfrentar con acciones positivas y con fortaleza, las nuevas señales del terrorismo, podremos lograr que la concordia sea la forma de vivir esta nueva etapa de optimismo nacional.