18 de noviembre de 2019
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Aguas de Manizales. Banner octubre de 2019.

Rajados en economía básica!!!

2 de julio de 2010

No de otra manera se explica la estrepitosa caída de la economía ganadera en el primer trimestre del año. Con relación al primer trimestre de 2009, en el 2010 el número de bovinos sacrificados cayó 16% y el precio del novillo gordo 18%, disminución que explica buena parte de la caída del PIB sectorial (no olvidemos que la participación de la ganadería de carne supera el 10% del total sectorial).

Justo antes del cierre del mercado venezolano, en el pasado mes de junio, se venían sacrificando poco menos de 340.000 cabezas por mes. Prácticamente la quinta parte se exportaba hacia Venezuela mediante operaciones que sumaron 540 millones de dólares en el primer semestre de 2009, cifra equivalente al 25% del total exportado en aquel entonces. Si la tendencia se hubiera conservado, habríamos superado la barrera de los 1.000 millones de dólares. Lastimosamente, es bien sabido que tales operaciones eran sólo posibles a través de jugosos subsidios cambiarios de origen venezolano. Y más grave aún, se realizaron en detrimento del consumo interno, el cual terminó cayendo por debajo de los 18 kg, un 60% de la meta que nos fijamos para el 2019 en el Plan Estratégico de la Ganadería Colombiana.

Cerrado el mercado del vecino país, la solución, aunque difícil, era obvia: ajustando los precios al consumidor en proporción siquiera comparable a la caída registrada en finca, el mercado doméstico, inclusive en un contexto de contracción de la demanda, habría absorbido el exceso de oferta en un período relativamente corto de tiempo, llevando la oferta y la demanda a un equilibrio de mercado interno, como el que precedía el período de la mencionada bonanza. A pesar de las denuncias de Fedegán, tristemente no sucedió eso y los intermediarios no le hicieron el favor al resto de los actores de la cadena transmitiendo la caída del precio de la materia prima al consumidor.

De ahí que, en la tertulia de Presidencia en septiembre de 2009 y así lo recomendó el Presidente, se habló de la necesidad de un CONPES que promoviera equilibrios más justos, transparentes y oportunos en la cadena cárnica. Nada se hizo y ocho meses después registramos las consecuencias. Y las seguiremos registrando a no ser que se establezcan medidas, las cuales, dicho sea de paso, no tienen un efecto en el corto plazo, por el rezago de la dinámica económica. Por ello lo que no hizo ya tuvo efecto y lo que no se haga ahora lo seguirá teniendo en los próximos meses. Urge volver sobre la necesidad de promover la transparencia y la formalización del mercado de la carne de res en Colombia.

¿Qué propusimos? Cumplir con las normas. No en vano el gobierno, en el marco de los CONPES sanitarios, emitió Decretos cuyo cumplimiento se ha venido postergando injustificadamente, con las consecuencias que hoy saltan a la vista. Sugerimos también promover el bienestar del consumidor a partir de la publicación periódica de precios de cortes de referencia en puntos estratégicos en los principales centros de consumo, para orientar una mejor toma de decisión en las compras de carne de res. Es más, suscribimos con Ariel Armel, presidente de la Confederación Colombiana de Consumidores, una carta en ese sentido. Nada tampoco se ha hecho al respecto.

Mientras tanto, a manera de ejemplo, en el mercado bogotano, responsable de poco menos de la mitad del consumo de las nueve principales ciudades, menos del 15% de la carne de res se comercializa a través de supermercados, grandes superficies y establecimientos que cumplen las normas y garantizan la inocuidad del producto. Lo demás es pura y dura informalidad e intermediación, flagelos de la cadena cárnica que atentan especialmente en contra de los eslabones más frágiles de la cadena: sus dos extremos; los consumidores y los productores. ¿Qué más debe pasar para que aprendamos la lección?