20 de enero de 2021
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Una corrección; embizcar-enviscar; Roma locuta; cohonestar

29 de junio de 2010
29 de junio de 2010

En mis apuntaciones de la semana pasada, cité esta norma de Elio Antonio de Nebrija: “En el passado acabado: Amé, amaste, amó, etc.”. Alguien en el periódico, de muy buena voluntad o caritativamente, me corrigió, y le quitó una ‘ese’ a ‘passado’. ¿O sería un duendecillo? No importa quién. En aquel ‘passado’ ya acabado, hace quinientos años, el castellano tenía dos clases de ‘eses’: una para el principio y mitad de las palabras; otra, para su final. Como el griego. Y había algunos vocablos que doblaban la primera, como ‘possessión’, ‘necessidad’, ‘assí’, ‘espessa’, ‘gruessa’, ‘passivo’, ‘passado’, etc. La razón de este doblaje era la pronunciación. Por esto, don Rufino escribió: “En vano se buscarán consonancias como ‘casa’ y ‘passa’, ‘beso’ y ‘huesso’ en los poetas de la primera mitad del siglo XVI, como Garcilaso, Castillejo, Cetina, si sacamos algún caso raro de una voz erudita al tenor de Parnasso, cuya pronunciación no estaba arraigada en el habla común” (Cita tomada de “Mega Gramatical”, de Emilio M. Martínez Amador). Ya para la época de Cervantes y Lope de Vega esta diferencia de pronunciación de la ‘ese’ había desaparecido, y, con ella, el doblaje de la misma.

Muy de vez en cuando encuentro gazapos de dos yemas; pero se necesita la suerte de quien se gana el baloto para hallar uno de tres. Yo la tuve. No, no me gané el baloto, pero, en la última aparición de un artículo que el doctor César Montoya Ocampo, con algunas modificaciones, repite y repite y repite, leí: “…de su malicioso enviscamiento para no ver…” (LA PATRIA, VI-17-10). Las tres yemas del gazapo en la misma palabra son las siguientes: ‘ene’ en vez de ‘eme’; ‘ve’ en lugar de ‘be’; y ‘ese’ por ‘zeta’, porque, como habla de ‘ver’, debió escribir ‘embizcamiento’, palabra que no está en El Diccionario, aunque sí su verbo ‘embizcar’ (“dicho de una persona, quedar bizca”). Existe, ¡cómo no!,  ‘enviscamiento’ (“acción de enviscar”), verbo este que significa “Untar alguna cosa con liga para que se peguen en ella los pájaros, a fin de cazarlos” (de allí ‘visco’ o ‘liga’ –masa hecha con zumo del muérdago para cazar pájaros-, ‘viscoso-a’, ‘viscosidad’). ‘Enviscar’ significa también “Irritar, enconar los ánimos”. Pero ninguna de estas dos acepciones se puede aplicar en el contexto de la muy repetida catilinaria del doctor Montoya contra el señor Presidente de la República.

Hace muchísimos años, cuando yo aún era de este mundo, tuve una discusión con un señor Montoya de Medellín sobre la conjugación perifrástica del latín. Esta controversia fue publicada por el Magazine Dominical de El Espectador en tres semanas consecutivas. La última entrega fue ilustrada por el caricaturista Pepón, quien se valió de dos efigies romanas para transcribir la expresión “Roma locuta, causa finita”, que, traducida con mucha libertad, dice: “Una vez pronunciada la autoridad, apelación a los infiernos”, para con ella dar por terminada la polémica. En su columna del pasado 14 de junio, don José Jaramillo Mejía afirma: “Roma locuta, causa finita, como se dijo mucho más adelante en la historia para avalar las “alcaldadas” de los emperadores”. Dos días después, don Cecilio Rojas le advierte, en Línea Directa, que la expresión es aplicable sólo a lo dicho por los Papas, cuando hablan como la máxima autoridad de la Iglesia. Ambos tienen razón. En efecto, la frase ha sido atribuida a San Agustín, quien la pronunció después de conocer la autoridad con la que hablaba y actuaba el Papa Inocencio I, hombre convencido de la autoridad pontificia, y muy celoso de la jurisdicción de la Santa Sede. Todo esto, en el siglo V. Como muchas otras frases célebres, ésta se convirtió en refrán, propiedad del género humano, de tal manera que cualquiera, hasta don Cecilio, la puede usar y aplicarla como mejor le pareciere.

El verbo ‘cohonestar’ es transitivo, es decir, que admite complemento directo. Para Correo Abierto, el señor Guillermo Botero Carvajal escribió: “…a un hombre, al que no se le pueden imputar ni actos corruptos, ni, menos, haber cohonestado con ellos” (LA PATRIA, VI-14-10). En esta oración, ‘actos corruptos’ es el complemento directo, por lo cual la frase debió se construida así: “…ni haberlos cohonestado”, echando mano, por supuesto, del pronombre ‘los’, porque aquí el verbo tratado tiene la acepción de “dar apariencia de justa o razonable a una cosa que no lo es”. Quiere decir también “hacer compatible una cualidad, actitud o acción con otra”, verbigracia, “cohonestar las expropiaciones arbitrarias con la justicia”. Pero ésta es  pera de otro peral.

La frase del siglo XXI, propiedad de El Tiempo, ABC del bebé: “Una madre que se encuentra ansiosa o depresiva difícilmente podrá tener un proceso de comunicación con el niño a nivel intrauterino” (VI-2-10). ¡Bendito!