16 de noviembre de 2019
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Aguas de Manizales. Banner octubre de 2019.

Un mandato claro

23 de junio de 2010

 

 

Lo que pudo haber sido un final reñido resultó ser pelea de toche con guayaba madura, gracias a los reiterativos errores en que incurrió la campaña del profesor Mockus, caso por cierto digno de entrar por derecho propio en los anales de las campañas mal hechas que en el mundo ha habido, como aquellas memorables que analiza Dick Morris en su libro Juegos de Poder.

En cambio, Santos desarrolló una estrategia notable que produjo el rezago de Antanas desde el primer balotaje, a partir de un momento en que todo indicaba un empate técnico, según las encuestas de entonces. Estrategia digna de ser replicada en cualquier parte.

Mockus pronunció un gran discurso, a tono con lo que fue el comienzo de su campaña, el mismo que debió emitir al cierre de la primera vuelta, ocasión en que el candidato dirigió aquel lamentable coro de sátiras e injurias contra los millones de colombianos que no le fuimos afectos. Pero como dicen las señoras, después de ojo sacado no vale Santa Lucía. Aquella mala noche Antanas escribió con su propia sangre la sentencia de su porfiada desventura.

De suyo, la alocución del presidente electo develó a un hombre de mucha clase, que está preparado para asumir los destinos de la Nación con suficiencia de conocimientos, claridad mental, resuelto a profundizar las líneas de acción del gobierno saliente, la más prominente la seguridad democrática, y a mantenerse leal al presidente Álvaro Uribe Vélez, digno como es de la gratitud de los colombianos, contados quienes nos negábamos a una segunda reelección en raya.

Como dice mi suegra, no podía faltar el detalle maluco en medio de la celebración de los resultados.

El candidato vencido a la vicepresidencia Sergio Fajardo salió a reiterar las palabras con que suele referirse a quienes no estamos del lado de su fallido y fariseo discurso fundamentalista, que estigmatiza a quienes, como él, han construido base política con puestos y presupuestos públicos y a deshonrar a los que, porque se le da la gana, considera corruptos y réprobos, dignos de habitar los profundos infiernos. Él tiene la maldita costumbre de hablar, pero no de denunciar.

Y venir a decir Fajardo que es la hora de la sabiduría, cuando la sabiduría solo la da la experiencia que él no tiene, barrido en seguidilla en dos justas electorales. Diríamos que más bien es la hora de la humildad, esa que tampoco conoce ni por el forro.

El resultado del domingo anticipa lo que podría suceder en las elecciones 2011 y particularmente en Antioquia, donde a la gobernación no volverán los que la tuvieron por siete años y cuando quienes han tenido la alcaldía de Medellín por ocho, la perderán. Qué pena, eso es de una claridad meridiana.

Tiro al aire:
como los verdes dicen que van por mil alcaldías y solamente ganaron en Putumayo, sugiere el doctor Jesús Ramírez que Mockus se lance para esa gobernación y Fajardo para la alcaldía de Mocoa.