19 de enero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Un hospital fraudulento

9 de junio de 2010
9 de junio de 2010

Miremos cinco casos relevantes. El paciente Mario Fernando Trujillo Villa fue presuntamente atendido por el médico director del hospital el 27 de febrero, tras un desmayo. Se le diagnosticó Lipotimia, se envió al laboratorio, se le manejó con líquidos y se le suministraron medicamentos. Al ser consultado por investigadores de la Superintendencia Delegada para la Generación y Gestión de los Recursos Económicos para la salud, el paciente dijo que no había asistido al médico desde hace más de un año, que no tenía ese diagnóstico y que no había visitado el laboratorio. Sin embargo, en su hoja clínica aparecen 8 registros al médico. José Antonio Lizcano Cárdenas estuvo en el hospital, supuestamente, el 23 de febrero con dolor en el pecho. Le dijeron que tenía Hipertensión Arterial. Le envían electrocardiograma, estudios de laboratorio y medicamentos.

En su declaración a los investigadores sostuvo que no ha sufrido esta dolencia, que no fue a las consultas y que no conoce al médico director que, supuestamente, lo atendió. También le pasó a Natalia Andrea Mateus Rozzo, quien aparece haber estado en urgencias del Santa Ana el 5 de febrero, por una herida en la mano. Le hicieron saturación e inmovilización del brazo, y se le aplicaron y recetaron medicamentos. Se trata de una menor de edad, y su madre respondió al interrogatorio: “La niña nunca sufrió un accidente y jamás ha consultado el servicio de urgencias, ni conoce el médico”. En la hoja clínica de Jorge Cicerón Puertas Aguirre, de 62 años, aparece que consultó en urgencia el 5 de febrero, donde se le dijo que tenía una crisis asmática. Su esposa explica que su marido no padece esta patología y que no ha consultado al médico hace muchos años, pues no le gusta ir donde el doctor. Incluso, añade, “para esa fecha no estaba en el pueblo, pues él labora en el campo”. A una niña de 5 años, Valeria Salazar Alzate, la atendieron ficticiamente el 27 de febrero por asfixia, con diagnóstico de asma. El padre de la menor sostuvo que su hija no sufre esta enfermedad y que no ha consultado jamás por esta patología. Y para colmo. A Jhonatan Marulanda Cuéllar de 22 años, lo atendieron, imaginariamente, el 17 de febrero, con una herida en la rodilla izquierda. Le hicieron sutura, le aplicaron tetanol y le recetaron medicamentos para manejar el dolor. No se pudo encontrar a Jhonatan para que explicara la facturación, pero sus familiares dijeron que era imposible que se le hubiera hecho tal tratamiento. Se probó que para la fecha, el joven no estaba en el país.

Aquí hay un fraude a las EPS que supuestamente les pagan al hospital las atenciones a estos pacientes. Pero, además, hay una falsedad en documento, en las historias clínicas, lo que implica una acción penal. Estas investigaciones fueron adelantadas por la Superintendencia de Salud, tras quejas de ciudadanos que conocen de este tipo de prácticas. La Superintendencia puso en conocimiento de la Fiscalía General de la Nación los casos hallados.

Pero hay más. Este hospital de primera categoría aumentó en un 41.96% sus gastos por servicios personales (burocracia-clientelismo) entre los años 2008 y 2009. En el primero de ellos gastó $354 millones y en el segundo $425 millones, a sabiendas de que había un decrecimiento del 2.5 en la atención de pacientes. “El flujo de pacientes es bajo, incluso hay áreas totalmente subutilizadas”. El hospital registra entre 40 y 70 pacientes diarios, pero en la práctica sólo van entre 30 y 40. Los investigadores no encontraron seguros por daños y pérdidas en el hospital, un descuido colosal. Este es, sin duda, un hospital fraudulento. ¿Cuántos más hay por este estilo en el Quindío? La Crónica del Quindío.