21 de noviembre de 2019
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Reelección y clientelismo

24 de junio de 2010

El parlamentarismo es la forma más desarrollada y exigente de la democracia representativa. Como condición necesaria para su correcto funcionamiento, exige madurez en la cultura y las prácticas democráticas y sobre todo, un sistema de partidos consolidado, pues el parlamentarismo es el gobierno de los partidos y su epicentro no es el palacio presidencial sino, como su nombre lo indica, el parlamento. Su motor no son tanto las figuras individuales (con sus micro empresas electorales aunque ahora estén afiliadas a un partido que les da una especie de franquicia para mercadear su nombre) como el juego en equipo a cargo del partido y de su bancada parlamentaria.

Independientemente de quien sea el aspirante a la reelección, nunca he sido partidario de ella sobre todo si es inmediata, por las mismas razones por las cuales consideraría inconveniente el régimen parlamentario para el país: no tenemos hoy una estructura de partidos que de las garantías requeridas para que con ella no se le abran de par en par las puertas al clientelismo. Y esto incluye la reelección de alcaldes y gobernadores que está en el orden del día. Cuando un gobernante quiere intentarla, la tentación de emplear el cargo para ello, es casi invencible, con lo cual las energías, los recursos y las posibilidades que debían estar exclusivamente al servicio de los compromisos y responsabilidades para los cuales fue elegido, terminan es al servicio de su interés personal, en desmedro del desempeño tanto del cargo como de la transparencia que debe acompañar a toda elección que sea de verdad democrática.

En el corazón de la democracia representativa subsiste una situación que, a mi juicio, es finalmente contradictoria, y es la de la profesionalización de la actividad política ¿Hasta donde el político profesional es necesario para el funcionamiento del sistema?¿Hasta donde su existencia acaba por tergiversar la razón de ser de la elección, pues la curul o el cargo deja de ser un medio para cumplir con las responsabilidades y se vuelve un fin en si misma, usándose para perpetuarse en el cargo y no para cumplir con la tarea para la cual fue elegido. La inmensa mayoría de los casos de corrupción y de tráfico de influencias cometidos por congresistas, diputados y concejales, están relacionados con la reelección del personaje, pues ante la ausencia de los partidos cada candidato tiene que organizar y financiar su campaña y eso vale plata y bastante, así que lo más fácil, lo que todo el mundo hace es… aprovecharse de las circunstancias y meter la mano o las narices donde no se debe. Para los uribistas razonables, uno fue el Uribe antes de la reelección y otro el del segundo período. Un tema para profundizar.

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