25 de enero de 2021
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Reconstra super mega hiper insustituible ministro

5 de junio de 2010

Así se desprende de la sencilla auto descripción que de él mismo hizo Vargas Lleras como potencial integrante de cualquier futuro gabinete ministerial, luego de rechazar, una y otra vez, una eventual candidatura suya a la alcaldía de Bogotá, candidatura que entre otras cosas nadie le ha ofrecido ni mencionado.

Bogotá ? gas… qué asco… Yo estoy preparado es para gobernar a Colombia, manifestó orondo el dirigente de Cambio Radical, sin ser plenamente consciente de que si eso llega a suceder, será si acaso por allá en el año 2018.

En una rueda de prensa con comunicadores de Medellín, en algo que más parecía una reunión informal y humorística, el recién derrotado candidato el domingo 30 de mayo delineó, uno a uno, los programas que podría ejecutar con suficiencia y sabiduría desde cualquier ministerio.

Suponemos que si lo oyeron Juan Manuel Santos y Antanas Mokus, los únicos que podrían darle empleo en cualquiera de esas carteras, ambos deben estar confundidos a esta hora sin saber qué hacer con Vargas Lleras una vez estén instalados en la Casa de Nariño.

Y si no lo escucharon en versiones radiales o de televisión, les recomendamos que consigan la grabación, porque de ella puede extraerse la más completa panacea para superar los graves problemas que desde el 7 de agosto tendrán que enfrentar ante la menguada herencia que recibirán.

Con una modestia que le envidiaría el prior de la comunidad trapense, se presentó como el definitivo salvador de esta patria, palabrita tan manoseada últimamente, y expuso con pelos y señales todo lo que haría – ministerio por ministerio – aunque en un rapto de lucidez tuvo el buen cuidado de afirmar que nada le han ofrecido y que tampoco está buscando puesto.

Si es ministro del Interior, la creación del Ministerio de Justicia y la expedición de la reforma política, así como la de un estatuto anti corrupción, serían pan comido.

Si le toca la cartera de relaciones exteriores, los problemas fronterizos se acabarían en un santiamén – eso sí, no dijo cómo – y la normalidad con los vecinos regresaría en un dos por tres.

Pero si es el ministerio de ambiente y vivienda, un millón doscientos mil colombianos dispondrán de casa propia en menos de lo que canta un gallo o de lo que se demoraría en  poner otro huevo la famosa gallinita que tanta popularidad ha ganado en los últimos días.

Ahora, si la cartera beneficiada es la que más se acomoda a su talante – es decir, la de guerra, perdón, de defensa – ahí sí los éxitos serían de nunca acabar. La guerrilla desaparecería como por encanto, la seguridad democrática obtendrìa grado Cum Laude y Colombia pasaría de ser un país en conflicto hace más de cuarenta años,  a una Jauja impensada aún por los más optimistas.

Entre aplausos, risas complacientes y vivas de sus más cercanos alabanceros, Vargas Lleras continúo describiendo lo que sería su tarea en cada uno de los ministerios, que según él parecen estar todos hechos a la medida de sus extraordinarias capacidades.

En infraestructura si se diga: la conectividad, aunque no hay un centavo y los recursos venideros han sido comprometidos hasta la irresponsabilidad, según algunos, las dobles calzadas y las autopistas estarían a la orden, no sólo del día sino de los exportadores y transportadores que se quejan de su inexistencia; las vías secundarias y terciarias pasarían de ser las trochas actuales para convertirse en carreteras de primer nivel, algo que con el 90% de ellas no ha podido lograr el actual titular de esa dependencia.

Y para qué hablar de agricultura. La democratización del agro, como primer objetivo, hasta permitiría a Colombia enfrentarse de igual a igual con los productores agrícolas norteamericanos, así se firme el ruinoso y mendigado TLC. Los subsidios no serían para los millonarios sino para quienes verdaderamente los necesitan, y el país, que ahora vergonzosamente importa hasta café, se convertiría en la despensa agrícola del mundo.

 Alguien en el recinto de la rueda de prensa, impresionado con semejante despliegue de sabiduría y humildad, comentó que con el dirigente de cambio radical en el gabinete, habría  de facto una importantísima reforma:  se suprimirían los consejos de ministros, pues bastaría un almuerzo de trabajo presidente-super mega hiper insustituible ministro, para estudiar y dar solución a todos los problemas. Esto, además, traería otra ventaja: comenzaría el Estado a ahorrar por no tener que cancelar suculentos desayunos, almuerzos o cenas… y por algo hay que empezar.

El mismo asistente recordó la sentencia proferida por el extinto fundador del partido de la U, Luis Guillermo Vélez Trujillo al referirse al director de Cambio Radical: este es un Vargas que se cree un Lleras.

 Con todo y pese a todo, la reuniòn terminò con un cerrado aplauso de todos sus tiralevitas.