20 de noviembre de 2019
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Aguas de Manizales. Banner octubre de 2019.

Petro y Santos

26 de junio de 2010

El encuentro del día siguiente y la foto en la que se ve a ambos con la más cordial de las expresiones, no cambia para nada la posición de independencia que anunciaron Petro y su partido, el Polo Democrático Alternativo. Pese al malestar expresado por algunos miembros del único partido de oposición que sobrevivió a la estampida de liberales y conservadores hacia las toldas de Santos, este hecho anuncia un cambio de estilo en las relaciones entre gobierno y oposición.
Según el dirigente del Polo, el gobierno entrante convocaría a un diálogo nacional “para conciliar políticas sobre tierras, agua y víctimas.” Dicho de otra manera: Santos estaría decidido a abrir las puertas al respeto mutuo en sus relaciones con la oposición. Tal vez crea que, al proponer un gobierno “de unidad nacional”, lo primero que debe hacer es adoptar actitudes conciliatorias distintas a las que el presidente Uribe adoptó con sus opositores, incluidas las Cortes, los periodistas y ONG nacionales e internacionales.
Es posible que la intransigencia del sector más radical del Polo se convierta en obstáculo en esta posibilidad de diálogo, pero también es posible que sectores políticos que apoyaron y rodean al presidente electo, traten de abortar este principio de acuerdo. En el primer caso, perdería el Polo como partido: empujaría a Petro hacia la disidencia que ya conocimos en el caso de Lucho Garzón. En el segundo, perdería Santos como líder de una mayoría incontrolable.
La iniciativa de Petro no debilita ni cambia la vocación opositora de su partido. Por el contrario, demuestra que un sector de la oposición tiene proyectos razonables de cambio. Los puntos propuestos al presidente electo no pueden aplazar su solución. A medida que pasen los meses, corremos el riesgo de encontrarnos ante detonantes de violencia y multiplicadores de injusticias de más compleja solución.
Con una bancada exigua en el Congreso, la oposición podría hacer nuevos y encendidos debates sobre la entrega a los campesinos de tierras productivas en poder de las mafias o sobre la necesidad de hacerles justicia a las víctimas, pero nunca conseguiría la aprobación de proyectos de ley que antes no hubiesen sido concertados con las mayorías. Se ponen así en la balanza la buena fe de la oposición y la credibilidad del nuevo gobierno.
La intransigencia y la bravuconería seguirán aturdiendo de odio a los colombianos mientras viva la falsa creencia de que la oposición le hace el juego a la guerrilla o está formada por una temible turba de apátridas. Tal vez Santos se haya dado cuenta de esto y desee marcar distancias con su antecesor. Al aceptar la propuesta de Petro, sabe que pone a prueba la credibilidad de su persona y el talante de su gobierno futuro. El Universal.

*Escritor