25 de enero de 2021
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«Pero ya no»

6 de junio de 2010

El candidato de los verdes, que fue adquiriendo con el paso de los días una gran favorabilidad, bajó en las encuestas y en los mismos resultados tan rápido como ascendió; sus continuos devaneos y reculadas terminaron minando su credibilidad, dejando en el ambiente la impresión de que no tuvo tiempo de prepararse y consolidar sus propuestas, porque a lo mejor nunca imaginó estar entre los favoritos.

Así como los debates favorecieron a algunos candidatos como Vargas Lleras y Petro, en el caso de Mockus tuvieron el efecto contrario: lo mostraron inseguro, ambiguo y con poco conocimiento sobre algunos temas trascendentales. Mientras que Mockus no pudo aterrizar su discurso y sacudirse de la imagen de filósofo, el resto de candidatos se mostraron coherentes, contundentes y conocedores de los asuntos objeto de discusión.

Lo digo sinceramente y con cierta tristeza: no hay derecho a tanta irresponsabilidad: Mockus desperdició por obra y gracia de su incongruencia, su falta de sindéresis y objetividad la oportunidad histórica de cambiar la forma de hacer política en Colombia. Con la interminable cadena de despropósitos en los que incurrió, como las propuestas de aumentar el I.V.A, desmejorar los salarios de los médicos y la confesión de su admiración por el sátrapa de Chávez, el profesor Mockus pareciera buscar que la gente no vote por él.

El día de las elecciones cuando todo el país esperaba un análisis serio y reflexivo de lo sucedido con la votación del partido verde, Mockus -rodeado de un alicorado Lucho Garzón y un apenado Enrique Peñaloza- volvió a equivocarse: en un discurso que parecía más un evento infantil –faltaron los animalitos- en el que el recreacionista principal era el mismo Mockus, los lugares comunes, las frases sacadas de libros de superación y las teorías filosóficas que solo entiende él, marcaron la pauta. Esa intervencion de Mockus el domingo pasado fue, sin duda, “el mejor acto de campaña de Juan Manuel Santos”.

Santos por su parte, logró la sintonía necesaria con los electores y expresó su programa de gobierno con claridad -superando sus propias limitaciones- erigiéndose como el sucesor de Uribe, ante la inconsistencia irremediable de Mockus. Santos es un politico polemico, pero pretender que es el culpable de todos los males de Colombia es injusto, como lo es también prejuzgar una eventual presidencia, sin conocer sus actos de Gobierno.

Se equivocan aquéllos que piensan que Santos será una pálida sombra de Uribe, una proyección manipulable, sin criterio propio, una especie de “Uribito”. Santos tiene vuelo propio, es un hombre preparado y estructurado, frío y racional, y, siendo consecuente con ello, ha propuesto muy sabiamente y enhorabuena “un gobierno de unidad nacional”, que consiga terminar de una buena vez con la polarización que tanto daño le ha causado a nuestra sociedad. Ese planteamiento a mi juicio incluye resolver los desacuerdos con Chavez, Correa, la Corte Suprema de Justicia y la oposición.

La democracia reconoce unos derechos, pero, a su vez, implica la obligación de respetar los resultados en las urnas. A menos que ocurra algo extraordinario, Juan Manuel Santos será el próximo presidente de Colombia. No voté por Santos en la primera vuelta, pero debo reconocer su incuestionable triunfo y su talante de estadista; tampoco voté por Mockus, lo iba a hacer en la segunda vuelta “pero ya no”. El Heraldo.

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