21 de noviembre de 2019
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Oposición irracional

27 de junio de 2010

La democracia, más allá de cualquier consideración de orden filosófico, se resume en el número de votos obtenidos, en la decisión de la mayoría.

Es así como -independientemente de lo que quiera cada quien- Santos es el nuevo Presidente de todos los colombianos, sin importar si votamos por él o no.

Respetar el designio de las mayorías es una actitud que se ajusta perfectamente a la legalidad democrática de la que habló Mockus en su campaña y que tanto entusiasmo despertó en todos sus seguidores y en otros que, sin serlo, vemos en la propuesta del ex candidato verde un gran valor y la necesidad de incorporarla a nuestra sociedad.

Cada uno de los colombianos, sin distingo de pensamiento o filiación política, debe apoyar a nuestro nuevo Presidente, atendiendo su llamado a la unidad nacional, que no es solo para los políticos, sino que nos incluye también a los ciudadanos del común y que no es nada diferente de un gran acuerdo sobre lo fundamental, que permita encontrar la solución de nuestros problemas más sensibles y, al mismo tiempo, sea el catalizador de la concordia y la paz política.

El llamamiento a la unidad nacional reconoce, de manera expresa, la existencia de grandes problemas estructurales sin resolver y una aguda polarización que crece cada día más. Esta situación ha de tener muy molesto al presidente Uribe, pues él considera, a diferencia de Santos, que Colombia no tiene asignaturas pendientes y que el cuento de la polarización es un invento de los enemigos de su gobierno. El nuevo inquilino de la casa de Nariño va a demarcar una gran diferencia con su antecesor. Santos cree que la concertación es el camino más apropiado, mientras que Uribe, al igual que la ex primer ministra Británica Margaret Tatcher, considera que tal forma de gobernar –concertando con todos los sectores- constituye la negación del liderazgo.

El bienestar de la Nación no tiene color político: lo bueno es bueno, así lo proponga o ejecute el contradictor, la importancia de las iniciativas no proviene de quien las hace sino de lo que contienen y buscan. La oposición irracional a todo, porque sí, es símbolo inequívoco de sectarismo, fanatismo, falta de madurez política e inteligencia. No caigamos en la estupidez de hacer juicios a priori, sin conocer el fondo de los planteamientos.

Hay periodistas y opositores que señalan a Uribe como responsable de la polarización de la sociedad colombiana, y resulta que son ellos mismos quienes alimentan la hoguera de la división, con el odio y la obsesión que destilan a través de sus posiciones y opiniones. Es claro que pretenden seguir haciendo lo mismo con Santos, cuando lo correcto sería sumarse y aportar. La ponderación, la objetividad y el equilibrio son características necesarias para todo en la vida, sobre todo para desempeñar la actividad política y periodística. Por eso, a quien le pueda más el absurdo despropósito de no reconocer y apoyar lo que le conviene a Colombia le vendría mejor dedicarse a otras cosas.

Así como acompaño desde esta columna cualquier idea que redunde en el bienestar de nuestro país y sus ciudadanos, no me temblará el pulso para denunciar abusos y desmanes, vengan de donde vengan. El Heraldo.