17 de enero de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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Leche agria

16 de junio de 2010

Colombia no puede permanecer aislada de las tendencias mundiales de la globalización y, para este efecto, los TLC  son un instrumento útil para integrar al país en las corrientes internacionales del comercio.

Pero no al cualquier precio. Lo que sucedió – o mejor, lo que está sucediendo- con la leche en el TLC con la Unión Europea es el mejor ejemplo de un acuerdo mal negociado. Con precipitud innecesaria, y dándole la espalda a un sector de inmensa importancia  como es el de los productores de leche del país.

Hay que recordar que estamos hablando de una actividad de la que viven cerca de 400.000 familias (la mayoría de ellas de escasos recursos)  que genera cerca de  950.000 empleos.

Los que defienden esta negociación a capa y espada salen a decir muy orondos: no hay nada que temer; el plazo para desgravar aranceles de la leche y productos lácteos que lleguen de Europa se negoció a 15 años; término dentro del cual la industria colombiana podrá hacer una  reestructuración y estar en condiciones de competir con las importaciones europeas. Así a éstas últimas les otorguen abultados subsidios.

Si  las cosas fueran así de simples no habría problema. Pero no lo son. El  riesgo mortal para la industria láctea colombiana no son las importaciones  dentro de 15 años cuando culmine el periodo de desgravación: son las que pueden llegar inmediatamente, al amparo de los llamados “contingentes”, que son cantidades puntuales que no están sometidas ni a arancel ni a periodo de desgravación.

Un documento reciente de Fedegan dice, por ejemplo, lo siguiente: “En un escenario en que los acuerdos suscritos entraran en vigencia en 2011, la cadena láctea colombiana estaría expuesta a importaciones sin arancel de 14.132 toneladas de leche en polvo, 6110 de queso y un volumen muy elevado pero difícil de precisar de lactosueros, pero muy seguramente superior al histórico reciente de 8.000 toneladas importadas con arancel, contingentes que sumados superan los 369 millones de litros. En otras palabras, sin contar el comercio de otros derivados lácteos, estamos hablando de un volumen superior al 12% del total procesado formalmente por la industria, y es más de cuatro veces la enlechada de 2009 cuyo impacto no se hará esperar. El año pasado, con un stock inferior en planta, el precio a los ganaderos cayeron por encima del 14%”.

Si a esto le sumamos los contingentes lácteos también negociados con extrema ligereza  en los TLC con Estados Unidos, con MERCOSUR, con Canada y con Suiza, la amenaza que se planeta a la industria lechera colombiana es monumental.

¿Y todo esto para qué? Para firmar un TLC con Europa antes del 7 de agosto. Así fuera llevándose  de calle a un sector de tanta significación social y económica como la producción de leche. Lo triste parece ser que el sector lechero se utilizó por los negociadores colombianos  como un “comodín”  a cambio de otras concesiones.

Los centroamericanos en una coyuntura similar dieron ejemplo de buen negociar: le dijeron a los europeos que no aceptaban contingentes tan laxos como los que estaban solicitando. Y que si insistían preferían levantarse de la mesa. Como consecuencia de ello su industria lechera quedó mucho mejor protegida que la nuestra. Y Centroamérica terminó firmando su TLC con la Unión Europea, pero en mejores condiciones que el nuestro.