21 de noviembre de 2019
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Aguas de Manizales. Banner octubre de 2019.

La Ola Verde sigue

22 de junio de 2010

Para quienes hemos criticado políticas como la confianza inversionista y el asistencialismo, entre otras, preocupa que no utilice el gran respaldo que ha recibido para evaluar aquellas decisiones que hoy tienen al país con la mayor tasa de desempleo de América Latina, una inmensa desigualdad, una altísima informalidad y lo más grave, cerca de la mitad de la población en situación de pobreza. Si quisiera, con ese gran volumen de votos, podría romper con el uribismo y hacer un gobierno diferente. La pregunta es ¿podrá hacerlo, con esa figura tan poderosa de Álvaro Uribe como ex presidente? Y además, ¿querrá hacerlo?

Pero hay otro resultado importante: sigue la Ola Verde. No obstante todos los problemas que enfrentó su campaña, aumentó la votación que obtuvo en la primera vuelta presidencial. Ese mensaje es de gran importancia y debe analizarse seriamente. Tres millones y medio de votos que obtuvo Mockus, un millón de personas que no votaron sino en la primera vuelta, y medio millón de votos en blanco, demuestran que cerca de cinco millones de colombianos y colombianas no están de acuerdo con lo que simboliza Santos y están dispuestos a mantenerse en esa posición, independientemente de todas las barreras que tengan que superar. Esa es una fuerza ciudadana muy significativa que se temía podría desaparecer. Por fortuna, sigue la Ola Verde y con ella la esperanza de muchos de que la política colombiana puede cambiar.

Otro de los elementos más significativos de los resultados de esta elección presidencial es que por fin quedan claramente definidos dos sectores políticos muy distintos. Uno, el ganador, que ha aglutinado a todos los representantes de la vieja política. Casi todos los ex presidentes, con excepción de Samper; a todos los caciques regionales, liberales y conservadores, que salieron corriendo para no perder lo que siempre los ha motivado, los puestos, los contratos; los sectores que siempre se benefician de su cercanía al poder y, finalmente, las clientelas que ya no solamente son de los partidos tradicionales sino esa cantidad de pobres que a punta de limosnas se han convertido en la clientela estatal.

Pero se ha consolidado el otro grupo: el que quiere que la ética vuelva a regir el comportamiento ciudadano tanto a nivel privado como público. Que como dice Mockus, los recursos del Estado sean sagrados y la política social responda por los derechos de todos y cada uno de los colombianos, sin excepción ninguna, en vez de convertir, como ahora, a los pobres en limosneros. Un sector que quiere ver a Colombia integrado al mundo eficientemente, no exportando pobreza sino conocimiento y productividad. Que espera que exista seguridad jurídica para los ciudadanos, de manera que desde que nazcan sepan a ciencia cierta a qué tienen derecho. En fin, que esperan un país sin violencia, sin desigualdades injustificables, es decir, una sociedad realmente moderna en el mejor de los sentidos.

La Ola Verde tiene que realizar un trabajo serio pero crítico para elaborar alternativas nuevas y atractivas, especialmente para esos millones de colombianos que aún no participan políticamente. No será fácil con un presidente con casi todo el Congreso a su favor y sin los partidos tradicionales que le hagan control político.