18 de noviembre de 2019
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De ciertos homenajes

27 de junio de 2010

A quienes peor les va es a las madres, aunque tenga doble fecha: mayo y diciembre, cuando esposos e hijos muy queridos y acuciosos inspeccionan con sumo cuidado qué hace falta en el hogar materno y, ya impuestos de las necesidades, corren a los almacenes a comprar de contado o al fiado la plancha que hace falta, o el televisor, la estufa, la nevera, hasta una sala o el comedor y lleven para la casa donde, transformados del más enternecedor amor filiar entonan: tenga madre este es su regalo de madre, este es su regalo de Navidad.

Ello es injusto, porque difícilmente una madre podrá salir a la calle luciendo una nevera.

Recuerdo el cacho que pasó un médico amigo que solía darle a la esposa cualquiera de aquellos aparatos el día de la madre y ella, por ciento perspicaz y con agudo sentido de la ironía, a la siguiente celebración del día del padre le entregó un paquete muy bien envuelto y al abrirlo el hombre quedó estupefacto y con los pocos alientos que le quedaban, preguntó: ¿y yo para qué esto?

Su mujer, con la frescura de un jugo de mandarina bien frío, le explicó: mira, el día de la madre me diste una nevera que hacía falta aquí y, como ahora nos estaba haciendo falta un horno, me pareció apenas justo regalártelo para que así todos por igual podamos disfrutar la nevera y el horno.

Sobra decir que, en las siguientes ocasiones, el regalo del día de la madre fue para la madre y el del día del padre, para el padre, como naturalmente deben ser las cosas.

Para el mundo que vivimos, tan carente en el ejercicio de los valores, mejor que obsequiar baratijas del precio que fueren, sería de más provecho compartir la mesa y apurar un delicioso sancocho, propiciando de paso el cada vez más infrecuente diálogo entre padres e hijos y la expresión de buenos sus sentimientos o compartir en grupo una liturgia, la de la palabra por ejemplo, que de ello algo queda y evitar al máximo la francachela y el exceso de licor que propicia el afloramiento de resentimientos y envidias.

Felicidades a todos los padres y que no se hagan los pendejos la venidera Navidad, ni menos el día de la madre. A volverse serios y a darle a las madres cosas para las madres y no para las casas.

Tiro al aire: uno como que se va dando cuenta cuándo está próximo del día del padre, porque en la casa le empiezan a pedir provisiones extras de dinero. Aún así, a mí nunca jamás me han regalado una lavadora.