23 de enero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Santuarios del terrorismo

23 de mayo de 2010

Incluso la gente decente –que es la mayoría- que estudia en las universidades públicas, se ve perjudicada por las dilaciones en la terminación de los semestres académicos, como consecuencia de las protestas, paros y demás actos de sabotaje, perpetrados por estos lobos vestidos de ovejas.

Una antigua, trasnochada y perversa consigna “mamerta” instituyó que en nuestro país la fuerza pública no podía ingresar a los claustros educativos bajo ninguna circunstancia, amparados en la autonomía universitaria y el derecho de los estudiantes a manifestarse. Los grupos guerrilleros, en complicidad con sectores políticos y académicos de la izquierda radical -combinando todas las formas de lucha– establecieron, a lo largo y ancho de la geografía nacional, escuelas de adoctrinamiento militar y político, cuyos centros de operaciones, lamentablemente, son nuestras universidades públicas.

Lo peor de todo esto es que las autoridades terminaron por creer que carecían de competencia y potestad para irrumpir en las universidades y repeler el delito. ¡Falso! Ningún servidor público, persona o institución, está por encima de la ley, y a los infractores de la misma se les debe encontrar y procesar, sin importar que su guarida sea un centro de estudios. Las autoridades públicas tienen el deber legal de cumplir con sus obligaciones, entre las que se encuentran, precisamente, la puesta en custodia y judicialización de estos “aprendices del mal”.

La última perla de este rosario de incordios en que se ha convertido la penetración de grupos armados en las universidades públicas colombianas fue protagonizada el jueves anterior por “estudiantes” de la Universidad Nacional, quienes, con la mayor desfachatez, uniformados, armados, encapuchados y con insignias alusivas al ELN, se formaron en la plazoleta principal –como si se tratara de un campamento guerrillero– lanzando arengas a favor de ese grupo terrorista, ante la mirada complaciente de las directivas y la ausencia de la fuerza pública (1). Pero lo que más grima da es la respuesta del rector Moisés Wasserman, al ser cuestionado sobre el incidente: “Este grupo (el ELN) lleva varios años en la universidad pero sin haber crecido en número, lo cual evidencia una enorme incapacidad de reclutar nuevos miembros a su grupo violento”. Con un rector así, ¿para qué guerrilleros?

No se puede confundir el derecho que tienen los estudiantes y cualquier ser humano a manifestarse libre y pacíficamente, con la entrega de una licencia para ejecutar actos terroristas y hacer apología del delito. Estos bandidos enmascarados, sin más ideología que el miedo, el terror y el caos, a quienes se les debe el desprestigio de la universidad pública, deben ser procesados y castigados con todo el peso de la ley y la mayor severidad.

(1) Ver fotografía en el siguiente hipervínculo: http://www.demotix.com/news/335414/eln-guerrillas-colombias-universidad-nacional-fire-shots