26 de enero de 2021
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Revolución ética

17 de mayo de 2010

Durante los meses que siguieron al final del intento reeleccionista, los electores participaron en un debate distinto y con motivaciones que antes no habían tenido.

Rompió con los antecedentes de la vieja política, la declaración del candidato verde el día en que oficializó su candidatura en la Registraduría: voten, pero en conciencia, si no es en conciencia no voten por mí”.

Los políticos tradicionales suelen interesarse más en el voto que en cualquier manifestación de la conciencia. A unos congresistas delincuentes, que iban a ser detenidos, su jefe, el presidente Uribe, los conminó: voten antes de irse a la cárcel. Fue ésta, entre otras, una conducta juzgada y rechazada en el debate electoral.

Frente a prácticas, que por frecuentes llegaron a tener aprobación social, el hecho protagonizado por el candidato verde reveló que comenzaba una historia distinta: cuando las autoridades electorales entregaron al Partido Verde los 7.500 millones de pesos que le correspondían por sus gastos de campaña, el grupo devolvió $4.500 millones. Fue un gesto en contravía con las prácticas usuales.

Lo mismo que la prioridad dada a la conciencia del elector, este gesto puso como tema de campaña los comportamientos éticos. Se agregaron otros temas.

Con la expresión “no todo vale” se puso en circulación otro concepto ético: el fin no justifica los medios; y la adopción de este principio fue la expresión de un repudio a los usos corrientes en el gobierno, para el que todo vale, con tal de obtener un voto: el soborno de las conciencias, como en el caso de Yidis Medina y de Teodolindo Avendaño, los dos congresistas cuyos votos fueron clave para la primera reelección.

A la discusión y valoración de la ética como factor depurador de las costumbres políticas se ha llegado desde las campañas por el camino de la saturación, el hartazgo o indignación extrema ante un modo de gobernar y de hacer política.

Las repetidas expresiones belicosas y de odio contra el enemigo, al que había que acabar dándole por la cabeza, los electores buscaron la alternativa serena, reflexiva y de razonamiento. El uso reiterado de trucos, trampas y mentiras, marrullas y medias verdades, presionaron a los electores a buscar transparencia, honestidad y credibilidad.

A muchos electores no los convencen los entusiasmos provocados por la reflexión ética. Dalita Navarro, la esposa del ex presidente Betancur, dejó a un lado sus reticencias para preguntar sobre Mockus: “fue honesto y no robó, ¿serán suficientes esas credenciales?” Le hizo coro Plinio Apuleyo Mendoza: “nadie sabe cuál es el programa de gobierno de Mockus. Sólo conocemos su buen propósito de respeto por la ley y cuidado de los recursos públicos”.

El historiador Jorge Orlando Melo recogió el tema del salto al vacío, implícito en estas preguntas. Según él, los principios éticos están pareciendo poca cosa para combatir “la fuerza del clientelismo y la corrupción que es enorme” y que los girasoles de Mockus no podrán contener.

Sin embargo, concluye Melo: “puede ser un acto de insensato optimismo, pero muchos ven con simpatía este salto al abismo”. Entre ellos, la columnista María Jimena Duzán cuando afirma que se trata “de la mejor carta para enfrentar a la clase política tradicional y corrupta que ha gobernado al país”.

Es un debate ético en el que se ha perfilado una clara prioridad: la de la decencia y la honestidad. Para ese número creciente de electores que optan por algo distinto, basta que les den la garantía de que en el gobierno no se robará y habrá decencia. Lo demás es lo de menos. El Heraldo.