19 de enero de 2021
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Por qué Mockus gana en Colombia

13 de mayo de 2010
13 de mayo de 2010

El Presidente que, tras dos períodos, se retira con la mayor popularidad en la historia de su país. Pero ahí empieza el cuento: Juan Manuel Santos no es Álvaro Uribe. Y sin Uribe, lo único que tiene que presentar Juan Manuel Santos al electorado es la política de mano dura con la guerrilla.

Ese es su capital político, suficiente para aspirar a ser el delfín del hombre que más ha debilitado a los grupos guerrilleros, extraviados en el narcotráfico y el secuestro, pero escaso a la hora de diseñar otro proyecto de futuro para un electorado cada vez más sofisticado y exigente. Y esto por dos razones en particular: la violencia en las zonas rurales convirtió a las ciudades en refugio e incidió en su desarrollo y, esto a su vez, contribuyó a desterrar buena parte del populismo en la política.

No es una casualidad que el Partido Verde, que hoy está a la cabeza de las encuestas, esté liderado precisamente por cuatro ex alcaldes: tres de Bogotá y uno de Medellín, la capital paisa.

Juan Manuel Santos lideró las encuestas hasta que el Partido Verde eligió, el 14 de marzo, mediante primarias, a Antanas Mockus como candidato a la Presidencia y a Sergio Fajardo como su binomio. Santos contaba con la ventaja de representar la continuidad de una política de seguridad ciudadana —así llamada por Uribe— y su única preocupación parecía ser no hacer olas en la campaña.

Pero el electorado no endosa votos y la ausencia de Uribe en la campaña abrió un espacio de reflexión para el cual Juan Manuel Santos, como ungido, no estaba preparado. En el fondo, el electorado sabe que, con Uribe o sin él, la política de seguridad frente a las guerrillas, es hoy una política de Estado. Puede haber matices, pero Colombia no regresará a las épocas en que las guerrillas hablaban de paz, pedían mano tendida, la obtenían y, en vez de negociar hacían la guerra, extorsionaban, secuestraban y se aliaban con el narcotráfico. El electorado —si se miran las encuestas— da por hecho que la política de debilitamiento a los grupos guerrilleros proseguirá.

En dos semanas subió 18% puntos en los sondeos y desplazó a Juan Manuel Santos, el delfín de Álvaro Uribe. Vanguardia analiza quién es, qué quiere y por qué podría ganar y desmontar, de hecho, el uribismo en Colombia…

Sin Uribe en el escenario, la única pregunta entonces fue: ¿cuál es la alternativa?Juan Manuel Santos representa no solo la continuidad de Uribe sino la perpetuación de grupos políticos y económicos que manejan el poder desde hace décadas. Mockus, en cambio, es un académico, un hombre de clase media y también un hijo de una generación de inmigrantes, lituanos en su caso.

Mockus no sólo es la alternativa por lo que dice: desde el año 2000, cuando irrumpió en la política, se ha colado en el imaginario de los colombianos como un outsider: como un ciudadano con actitudes, prácticas y reflexiones diferentes (ver El personaje). De ahí que desde su ingreso al Partido Verde, en septiembre del año pasado, se sabía que él sería el candidato presidencial: dobló en votos en las primarias a los ex alcaldes de Bogotá Enrique Peñalosa y Lucho Garzón en una campaña ejemplar en la cual llevaron a cabo debates de gran nivel y respeto personal y se mostraron como un equipo: viajaron juntos por Colombia, hicieron publicidad juntos, pidieron un voto de opinión y mostraron otra idea de la política.

Y Mockus ganó por encarnar, para el electorado y para los medios, el símbolo de la ética política y también porque siendo un profundo renovador no se inscribe en el marco de las ideologías tradicionales. Él reta a sus electores y desde la Alcaldía de Bogotá obtuvo cambios en el comportamiento cotidiano de los ciudadanos. Mockus es un referente y también la locomotora de un equipo de alcaldes exitosos en las dos principales ciudades de Colombia: Bogotá y Medellín. Por eso, él, Fajardo, Peñalosa y Garzón tienen ahora, sobre Juan Manuel Santos y sus otros competidores, enormes ventajas: no representan el pasado. Tienen programas alternativos y una agenda de acuerdos con la ciudadanía. Tienen prioridades presupuestarias que hacen de la educación el motor de su proyecto. Y sobre todo: se posicionan como un equipo de gobierno pero evitando los discursos ditirámbicos de la izquierda populista: proponen “construir sobre lo construido”, multiplicar los logros, combatir a los violentos pero sin salirse de la legalidad y recuperar “el sentido de la decencia en lo público”. En estas últimas propuestas hay una crítica frontal al legado de Álvaro Uribe, pero en la propuesta del Partido Verde ni es citado ni es atacado: es como si Mockus y su equipo ya hubieran volteado la página.

Mockus: EL PERSONAJE

¿Genio? La biografía de Antanas Mockus dice que si llega a la Presidencia, Colombia tendrá un Primer Mandatario bien especial. Hijo de una escultora, Nijole Sivickas, niño prodigio que aprendió a escribir a los dos años, bachiller graduado con honores
en el Liceo Francés, licenciado en matemáticas, máster en filosofía, con títulos obtenidos en universidades francesas… Mockus llegó a la vida pública en 1990 cuando fue designado Rector de la Universidad Nacional de Colombia; el centro académico público más importante y más politizado en ese momento. Mockus tenía 38 años. Allí se hizo famoso por su carácter estrafalario que le ha valido, también en Ecuador,
algunos malentendidos. Basta ver las comparaciones que ha tenido con Abdalá Bucaram…

En general se pensó que sus actuaciones eran payasadas mediáticas con fines de autopromoción. En realidad, Mockus es un pensador que, en términos de comunicación, es de una versatilidad apta para semióticos. En el rectorado, por ejemplo, sorprendió a todo el mundo cuando, en vez de usar el auto oficial, con chofer y guardaespaldas, llegó en bicicleta. ¿Los profesores eran incumplidos y nunca empezaban las reuniones a tiempo? Mockus instaló una urna de vidrio destinada a recibir las multas por el retardo. La eficiencia de la universidad aumentó.
Reformar la universidad parecía misión imposible. El rector emprendió esa tarea y decidió enfrentar a los estudiantes en debates públicos hechos en la plaza del recinto. Un hecho inaudito.

Los oía y pedía que lo oyeran. Y un día que no le dejaron tomar la palabra, se bajó los pantalones y les mostró el trasero. Indiferencia contra indiferencia. En el fondo, el candidato más opcionado en este momento para ser el nuevo presidente de Colombia siempre ha recurrido a gestos o señales para comunicarse cuando estima que las palabras ya no significan. O por el contrario, cuando son peligrosas. Un estudiante de su universidad murió alcanzado por un disparo hecho por un policía: Mockus fue a la casa de la vìctima donde era velado, se arrodilló durante una hora ante el ataúd, se levantó, abrazó a la madre y se fue. En Bogotá, siendo alcalde, se levantó durante semanas de madrugada y barrió el frente de la Alcaldía. Ese gesto fue tan ejemplar y efectivo como bañarse en calzoncillos ante las cámaras de Tv. Lo hizo para pedir economizar agua. El resultado fue excepcional.

Mockus es un pedagogo. Los lemas de sus campañas para la alcaldía de Bogotá y, dos veces, para la Presidencia de la República así lo demuestran: “cultura ciudadana”, “visionarios con Antanas”, “El Voto Vital”…

Él ha hecho cosas que parecían imposibles en política: ganar la primera alcaldía de Bogotá sin dinero y sin publicidad. O ganar diciendo que va a aumentar los impuestos cuando su contrincante, María Emma Mejía, decía exactamente lo contrario.

La Hora zanahoria que implantó en Bogotá y la prohibición de artefactos pirotécnicos al fin del año redujeron significativamente el número de muertes y heridos durante su administración.

Recurrir a académicos y no a políticos hizo temer lo peor: no fue así. Y eso le permite decir hoy, como lo dicen también los ex alcaldes que lo acompañan, que los resultados de sus administraciones están a la vista de todos y que ellos hablan con hechos.

Han sido visionarios y han logrado fórmulas para mejorar, en la realidad, el bienestar diario de millones de personas. Nadie en el debate presidencial cuestiona esas aseveraciones.

Mockus convidó a los conductores bogotanos a no agredirse: inventó una mano blanca para agradecer y una roja para protestar. Sacó mimos a las calles para enseñar a conductores a respetar los pasos de cebra. Se casó con Adriana Córdoba, con quien tiene dos hijas, Laima y Dala, en un circo para desacralizar el gesto. Sorprendió a todo el mundo convirtiéndose en reportero de un noticiero de televisión para subsistir tras haber abandonado la alcaldía en su segundo período para lanzarse a la
campaña presidencial…

Mockus no hace payasadas. Es un hombre profundamente convencido de que su misión en la vida es ayudar a cambiar culturas en Colombia. En cambio, tiene un fantasma que lo persigue y que se manifiesta en visiones obstinadas que pueden derivar en actitudes autoritarias. Algunos de sus colegas en la Universidad Nacional aún recuerdan las sesiones de trabajo que duraban, a veces, hasta las tres de la madrugada porque, siendo rector, así lo imponía.

Su otro gran problema está en su salud: sufre la enfermedad de Parkinson. Pero el candidato verde, lejos de ocultar ese problema, lo hizo público. Admitió tener la enfermedad y dijo que no habrá secuelas en los próximos doce años. El electorado le creyó pues, en vez de bajar en las encuestas, ha ido subiendo como espuma a tal punto de lograr un salto en los sondeos de 18 puntos en dos semanas. En ese entusiasmo, Antanas Mockus ha pedido a los electores ganar en la primera vuelta que se llevará a cabo el 30 de mayo para ahorrar los costos de la segunda vuelta. Ese dinero —dijo— alcanza para construir veinte escuelas.

Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín, es su compañero de fórmula. Su éxito en la administración de la capital paisa selló la alianza que ahora lidera las encuestas en Colombia.

Mockus: EL RUMBO

Si el candidato verde gana el 30 de mayo habrá, en los hechos, desmontado el uribismo: un cambio de rumbo político que no figuraba, hasta hace dos meses, en ninguna predicción de ningún analista colombiano. En general se pensaba que Álvaro Uribe pasaría el testigo a Juan Manuel Santos. Y hasta la semana pasada, las encuestas, que lo ponían en primer lugar, avalaban esa expectativa.

Se pensaba —y los sondeos parecían refrendarlo— que por fuera del uribismo era imposible crear una alternativa capaz de conciliar la necesidad de seguridad (que ha sido el motor para el apoyo al actual Presidente) y una salida a los escándalos, denuncias, señalamientos que involucran a las Fuerzas Armadas, la Policía y los organismos de seguridad. En este tema, tan sensible en Colombia, Mockus y sus aliados no parecen estar en desventaja en los debates y en la opinión con respecto a Juan Manuel Santos: ha dicho y repite que asegurará una política de seguridad con resultados contundentes “dentro de una estricta legalidad y un pleno respeto de los derechos humanos”.

Uribe dividió el país entre aquellos que lo apoyaban y aquellos, en los cuales incluye a sus críticos, que están con lo que él llama el terrorismo. Una división que le ha dado réditos, pero que ha tensionado, en forma irracional, a una sociedad que ha aprendido a transar. Esa olla de presión la han procesado Mockus y sus aliados y han logrado posicionarse, con una fuerza extraordinaria, en el imaginario social y político, que hasta hace unos meses llenaba Álvaro Uribe. Lo han hecho reivindicando otras actitudes y otros referentes. En su manifiesto es claro
que dinamitan al uribismo cuando, en vez de seguir dividiendo las aguas, invitan a los colombianos a unirse. A sumar experiencias y multiplicar los logros. Mockus nunca resta.

En esa misma línea, se erigen en alternativa cuando, en vez de mantener la figura de un caudillo como la que ha construido Uribe, ellos se posicionaron como un equipo.

Pocos candidatos como Mockus pueden decir, que él ha jugado limpio y que siempre ha sido fiel a sus principios. Que desarrollará una política “sin ninguna tolerancia a la corrupción”. En su caso esa frase, más que una declaración, es una confesión: Mockus es obsesivo con el cumplimiento de las normas, el pago de impuestos, la decencia en lo público. En su manifiesto, el Partido Verde anota que “los recursos públicos son sagrados”. Frase de Mockus.

El posible enterrador del uribismo no acaricia al electorado en sus instintos populistas: anuncia el fin de subsidios que favorecen a sectores privilegiados. Reclama una voluntad social clara contra la ilegalidad, para que la Justicia asediada por la corrupción, la violencia, el narcotráfico, “logre obrar con eficacia”. Y reta a la sociedad: “a la impunidad legal, se suma la impunidad moral —no sentimos culpa— y la impunidad social no sentimos vergüenza, hay indiferencia”—.

En definitiva, Mockus se pone la vara alta: su gobierno —se compromete— será ejemplar. En ese aspecto, lleva algunas leguas de ventaja a Juan Manuel Santos quien no recibe sino una parte de los votos de Uribe y, en cambio, endosa todos sus pasivos. El 30 de mayo, el electorado colombiano dirá entonces si acepta tener un presidente—filósofo.

Ejes de la propuesta Verde

Educación y cambio cultural: el motor de la transformación de Colombia.

Gobierno ejemplar: legalidad, justicia y transparencia en la política y el ejercicio de lo público.

Seguridad y justicia al servicio del ciudadano: legalidad democrática.

La sociedad que queremos: con calidad de vida, sin hambre y saludable.

Calidad de vida para las mujeres e igualdad de género: desarrollo para el país.

Jóvenes ciudadanos: una oportunidad para Colombia.

Niñas y niños, nuestra prioridad: Colombia, una nueva generación.

Por una economía innovadora y productiva con oportunidades para todos.

Política industrial y agrícola innovadora, generadora de riqueza y empleo de calidad.

Competencias y generación de oportunidades: por un empleo digno y productivo.

La fuerza de las regiones: protagonistas del desarrollo.

Medio ambiente saludable y sostenible: conservación de la biodiversidad, energías alternativas y consumo responsable.

Dignificación de la vida en el campo: desarrollo rural moderno, productivo, incluyente y sostenible.

Ciudades humanas: espacios públicos y servicios para la gente.

Relaciones internacionales basadas en el respeto, la reciprocidad, la interdependencia y la convivencia nacional.

Antanas Mockus y la frontera con Ecuador

EI candidato con mayores opciones, en este momento, de convertirse en Presidente de Colombia es un hombre legalista. Por eso en el debate con los otros candidatos sobre el bombardeo en Ecuador se refirió, en primera instancia, a la Constitución que obliga a cumplir los acuerdos internacionales. Por fidelidad a la Constitución que el Presidente jura cumplir en su posesión -dijo- "yo no hubiera hecho el bombardeo". El resultado no justifica, según él, el medio empleado. Antanas Mockus descartó de plano una acción militar en otro país, sin su consentimiento.

Algo inseguro y un tanto desmemoriado, dijo no recordar exactamente cuál había sido su posición en medio del entusiasmo que despertó la muerte de Raúl Reyes en Colombia. Sin embargo, se dijo seguro de no haber tenido "expresiones favorables" sobre el bombardeo. En este punto, las posiciones de Mockus difieren totalmente con las de Juan Manuel Santos. El debate no incluyó a Venezuela, pero la actitud de Mockus está lejos de imitar la del candidato de la U.