26 de enero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

No los para nadie

3 de mayo de 2010

Estoy orgulloso de mi país. Es admirable la manera tenaz como busca sus caminos, más allá de los poderes que condicionan la política. Poderes enormes, hasta peligrosos. Pero nada, a la gente la tienen sin cuidado. Decide sobre su destino y el de la nación, con responsabilidad y firmeza.

Parecía que no era mucho pedir, pero no había tal. Reclamar que la vida pública se guiara por ideales, conocimiento, trabajo, honradez, austeridad, respeto, oportunidades para todos, compromiso con la ley y con la comunidad,fue ingenuo durante los decenios de vida que llevamos a cuestas. El Estado estuvo sometido a otros intereses, a otros procedimientos y calidades humanas a lo largo de nuestra ya larga existencia. Hemos vivido rodeados de injusticias, arbitrariedades, incertidumbres, sufrimientos, violencias y miserias.

Muchos creíamos que debíamos combatir esa mala suerte de nuestro pueblo por> indigna e inmerecida. El capital humano y las riquezas de Colombia son suficientes para alcanzar formas de vida civilizadas y de calidad. Muchos> hicimos innumerables intentos, por diferentes caminos, incluyendo los esfuerzos desperdiciados de miles de compatriotas que en la desesperación se jugaron por el atajo cruel y equivocado de la guerra, y que terminaron muertos o degradados.

A Mockus y Fajardo, a Peñalosa y a Lucho, a los Verdes, no los ataja nada ni nadie. Enhorabuena. Ellos llevan a la cumbre del poder la antorcha de la civilidad, las esperanzas que revolotean sobre el cielo de este suelo de tormentos y milagros desde hace más de medio siglo, sin poder aterrizar. A ellos les tocó la fortuna de atraparlas en el aire en el momento preciso y bajarlas al sitio del que no deben irse nunca más. El solio de Bolívar, el gobierno, el Estado en su expresión más extensa y profunda.

Este evento, que parece milagroso, está cruzado de energías misteriosas, mágicas, pero además ha sido conducido con inteligencia por estos líderes. Me quito el sombrero. No los envidio, les admiro, les agradezco de corazón como colombiano y les deseo lo mejor. Lo merecen y nos lo merecemos.

Hace más de treinta años hicimos intentos memorables de conseguir los mismos fines bajo la conducción de Luis Carlos Galán ¡Nos masacraron! Por lo que a mi toca, seguí el rumbo con coherencia y lealtad hacia mis compañeros asesinados. Mi partido, tan pronto faltó el guía, abandonó el camino y regresó a los viejos y estériles despeñaderos de la política tradicional. No tuvimos más oportunidad, los buenos propósitos liberales quedaron sepultados aquel terrible 18 de agosto de 1989. A los sobrevivientes nos miraron en
adelante con recelo y cinismo nuestros propios copartidarios. Pero ahí seguimos, convencidos de que el liberalismo, su historia y sus convicciones, no merecen tanta equivocación.

Rafael Pardo es magnifico colombiano y prestará servicios valiosos a mi partido y al país. Estoy a su lado con lealtad y realismo. Ojala pasemos a la segunda vuelta. De no ser así, me la jugaré para que los liberales apoyemos en bloque a los Verdes. Allí está nuestro nicho natural después de haber ejercido la oposición durante doce años, para bien de Colombia. Si nos hubiésemos comportado de otra manera a lo largo de este extenso desierto, el destino de la nación habría sido quizás irremediable, quién sabe cuánto
tiempo más. La noche toca a su fin y con todo y viejos vicios, hemos puesto nuestra parte.