21 de enero de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Los niños víctimas del alcohol

20 de mayo de 2010
20 de mayo de 2010

Hace un par de noches quizás, al norte de Bogotá, quedé atónito tras presenciar que un niño no mayor de 16 años trataba por todos los medios de persuadir al dependiente de una cigarrería para que le vendiera un litro de aguardiente. (El jovencito encabezaba un grupo de niños cuyas edades oscilaban entre los 10 y los 14 años aproximadamente).

El dependiente en cumplimiento de la Ley 1355/70 que prohíbe la venta de estos productos a menores, tras exigir un documento de  identidad que le acreditara como mayor de edad para venderle el licor solicitado, cortó de un tajo la intención del grupo, cuyos integrantes no tuvieron una alternativa distinta a la de abandonar el establecimiento comercial.

Impresionado por la escena,  me puse como tarea una averiguación estadística del fenómeno en Colombia y encontré los estudios que sobre el particular adelantaron estudiantes de la Universidad Javeriana y una entidad denominada como Corporación Nuevos Rumbos, cuyos resultados correspondientes al año inmediatamente anterior, me parecieron aterradores.

Un estudio del consumo de sustancias psicoactivas en Bogotá durante el año 2009, adelantado por el gobierno de Bogotá, respaldado por el Ministerio de Protección Social y las Naciones Unidas, revela que el fenómeno es más grande de lo que se piensa y que la Administración Distrital encabezada por el alcalde Samuel Moreno, deberá ponerse al frente de la delicada situación en el menor tiempo posible.

LOS NIÑOS BEBEDORES DE ALCOHOL

Por su parte la Corporación Nuevos Rumbos, se dio a la tarea de investigar el fenómeno al nivel de los niños y encontró que una gran mayoría de los jóvenes de hoy inicia su vida en el alcohol entre los 10 y los 11 años de edad.

A través de una encuesta en varias ciudades de Colombia entre jovencitos cuyas edades oscilan entre los 14 y los 17 años, la Corporación concluyó que la gran mayoría inicia su actividad por este sendero en su propio hogar, bien sea mientras sus padres trabajan o simplemente siguiendo algunas insinuaciones de propios y extraños que los inducen a la bebida con la frase “tómese un trago que eso es de machos”.

En un país donde casi todas las actividades sociales giran alrededor de una botella de licor, resulta muy preocupante lo que viene ocurriendo con nuestra niñez, que según los expertos,  cada día se inicia más temprano en la actividad de la ingesta de licores, cuyos resultados  se ven reflejados en las conductas violentas y agresivas de los jovencitos de hoy.

La encuesta de la Corporación Nuevos Rumbos que tuvo escenarios en Barranquilla, Bogotá, Bucaramanga, Cartagena, Florencia, Medellín, Tunja, Sabanalarga y Puerto Boyacá  entre otras, arroja resultados sorprendentes que desde ya se convierten en un "campanazo de alerta" que llama a la reflexión y a replantear de inmediato las estrategias de educación que se le debe dar a los a los hijos a partir de su núcleo familiar.

En el informe de la Corporación Nuevos Rumbos, se presenta un cuadro estadístico realmente aterrador. De los jóvenes encuestados, el 86.7% admite que alguna vez en mayor o menor proporción han ingerido licores.

La encuesta realizada entre escolares de ambos sexos, demuestra que la gran mayoría de consumidores de alcohol en mayor o menor cantidad, proviene de quienes hacen parte de colegios o escuelas del sector oficial.

Divididos por jornada de estudios, se estableció que quienes más consumen licores son los jovencitos que acuden a sus clases en las jornadas matinales, seguidos por los de la jornada de la tarde y por los de jornada única.

Advierte el estudio que la proporción de jóvenes que ingieren bebidas embriagantes se da casi por igual entre hombres y mujeres, y sus preferencias parten de la cerveza, el vino y los tragos con altos contenidos de alcohol.

Las ciudades en donde más se advierte el fenómeno de los jovencitos que ingieren licores, con base en la proporción de población, son Sabanalarga, Florencia y Cali.

Según los analistas existen varios factores para que un jovencito caiga en el alcohol, pero fundamentalmente se le atribuye a “un ambiente familiar de formación poco ejemplarizante, de padres ausentes o sin autoridad, que facilitan un “dejar hacer” que puede llevar a caminos equivocados”.

EL TABAQUISMO

Este es otro problema muy delicado que enfrenta nuestra juventud. En un altísimo porcentaje se fuma un cigarrillo durante un promedio de edad de los 15 años, pero algunos estudios señalan que se han encontrado casos de niños que se han iniciado a los 10 años.

Al decir de algunos expertos en el manejo de estas substancias, existen muchos casos en los que la mezcla de bebidas embriagantes con el cigarrillo por ejemplo, conducen a la estimulación para que los menores de edad se inicien en nuevas experiencias a través de substancias alucinógenas.

Generalmente el primer paso se da hacia la marihuana, luego a la cocaína, al bazuco y al éxtasis. Estas inclinaciones nacen de la presión ejercida por vendedores clandestinos o “jíbaros” que instalados en los parques, puertas de colegios, universidades o discotecas, inducen a los incautos jovencitos para que experimenten “una nueva sensación”.

Mientras esto ocurre, muchos padres de familia, ocupados en sus quehaceres, ignoran las actividades de sus hijos.

Ruby Escavita, especializada en farmacodependencia y estrecha colaboradora del gobierno de Bogotá en la lucha contra este flagelo que azota la niñez, afirma que el consumo de drogas en los menores se debe a “que los papás ya no controlan a sus hijos y vivimos en una sociedad más permisiva”.

Invito a los lectores para que hagamos un alto en el camino y unidos busquemos una salida eficaz para estos males que carcomen a nuestra juventud.