22 de enero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La jerga juvenil; conminar-confinar; gubernamentales-gobernamentales; desde ese punto de vista

25 de mayo de 2010
25 de mayo de 2010

Alguien tiene que hacer algo, y pronto. El 4 de mayo de este año de elecciones me escribe, preocupado y anímicamente golpeado, el señor Luis Alfonso Giraldo Duque, para hacerme partícipe de los atropellos descarados que una adolescente cibernauta comete contra nuestro idioma en su intervención después de leer el artículo sobre Aerocafé, publicado por LA PATRIA. Esto dice, y así lo escribe: “Por la foto se puede sacar juisios de la topografía i kon las obras, sin ser analista ni sientifica en el area se puede ber ke en el presente komo en el futuro, puede aber problemas de erosión i serios problemas ambientales. No beo la rrason porke eso de aser obras de esta maknitu en diferentes lugares, en lugar de rreformular el eksistente i assis aorrar dinero y no perjudikar…”. Siguen unos cuatro renglones más, con tantas barbaridades cuantas letras tienen las voces que componen dichas líneas. “Creo no equivocarme –dice el señor Giraldo en su cibermensaje- al deducir que se trata de una persona joven, pues esa es la redacción que muchos de ellos utilizan hoy. Me preocupa que los muchachos de hoy –adultos mañana- carezcan de los mínimos escrúpulos, al cambiar de manera aleve las letras, e ignorar elementales reglas de ortografía, puntuación, etc. ¿Cuál es –sigue el corresponsal- la enseñanza de nuestro idioma y de nuestra gramática, que reciben los estudiantes en las escuelas y en los colegios, y por qué temen los profesores corregirlos en las Universidades? ¿Qué pueden esperar las empresas mañana, cuando llegan profesionales con este tipo de resabios y manías? No podemos aceptar, como si fuera algo normal, que nuestros estudiantes se crean en la libertad de escribir como “les venga en gana”, desconociendo elementales reglas de composición y escritura. ¿Será que escriben como piensan? (…) Corrijamos a tiempo; algo debe estar pasando en la enseñanza. ¿Dónde quedan las competencias que debemos desarrollar en nuestros muchachos, de interpretación, de argumentación y de proposición?”. Hasta aquí don Luis Alfonso. Transcribo, con la anuencia del señor director, las palabras del corresponsal, con la ilusión de que  lleguen a los hogares y a los planteles educativos; y con la esperanza de que tanto los padres de familia como los educadores algo hagan al respecto. Porque alguien tiene que hacer algo, y pronto.**

Estoy seguro, convencido, mejor, de que la señora Alba Quintero de Sarasty conoce la diferencia que hay entre los verbos ‘conminar’ y ‘confinar’. Sin embargo, así redactó: “¿Dónde queda la autoestima de un soldado o policía conminado a una silla de ruedas…? (LA PATRIA, V-7-10). ‘Conminar’, ella lo sabe muy bien, significa “apremiar con potestad a alguien para que obedezca”, o, legalmente, “requerir a alguien el cumplimiento de un mandato, bajo pena o sanción determinadas”. ‘Confinar’, en cambio, además de “desterrar a alguien, señalándole una residencia obligatoria”, quiere decir “recluir dentro de unos límites”. Con esta acepción, son sus sinónimos ‘encerrar, recluir, enclaustrar’, etc. La frase, pues, de la señora de Sarasty hubiera quedado perfecta, si redactada de este modo: “¿Dónde queda la autoestima de un soldado o de un policía recluido en una silla de ruedas”, o, inclusive, “condenado a una silla de ruedas”? O ‘confinado’, doña Alba, pero con la preposición adecuada, ‘en’, sin duda.**

“Dirigir una nave, llevar el timón, ser piloto”, se dice en latín ‘gubernare’. Significa también “dirigir, regir, administrar y gobernar”. En su paso al castellano, la ‘u’ de ‘gubernare’ se convirtió en ‘o’, razón por la cual la Academia asienta en su Diccionario ‘gobernabilidad’, ‘gobernación’, ‘gobernante’, ‘gobernadorcillo’, etc. Pero, extrañamente, rechaza el adjetivo ‘gobernamental’, que ningún léxico acoge. El columnista Eduardo Posada Carbó lo usó en esta oración: “Se empeñan en anclarnos en el pasado, negando de paso e inadvertidamente las mismas conquistas gobernamentales” (El Tiempo, V-7-10). El vocablo castizo es ‘gubernamental’, que proviene del francés ‘gouvernamental’ (de ‘gouverner’ = ‘gobernar’), razón por la cual tanto el Diccionario Abreviado de Galicismos de Rafael Uribe Uribe como la lista que de éstos hizo Baralt lo tienen como tal. Según los diccionarios, el verbo inglés ‘to govern’ proviene también del francés ‘gouverner’, que, en últimas, viene del latín ‘gubernare’. Como el italiano ‘governare’ y todas las palabras que en castellano tienen que ver con el gobierno, cualquiera, nacional, departamental, municipal, familiar, bueno o malo, que esto no importa.**

Así se expresó el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa: “Bajo ningún punto de vista la podemos defraudar a la gente” (El Tiempo, V-13-10). Sin mencionar ese pronombre personal argentino y redundante, puedo decir que desde niño aprendí que no se decía “bajo ningún punto de vista”, sino “desde ningún punto de vista”, “desde cualquier punto de vista”, “desde el punto de vista de”, etc. La explicación es de Perogrullo: Como el “punto de vista” es el lugar, físico o figurado, ‘desde donde’ se ve el objeto en cuestión, si nos colocamos ‘debajo’ de aquél, no podremos ver éste. Obviamente.