21 de noviembre de 2019
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La galopante tragedia colombiana

8 de mayo de 2010

Este fenómeno parece no haber sido motivo de análisis preferente en ninguna administración, y los actuales candidatos, tangencialmente apenas, se atreven a nombrarlo, quizás porque sus argumentaciones también son pobres.
El economista Carlos Enrique Ramírez, con varias maestrías en Economía y Negocios, una de ellas cursada en  “The University of North London” , amén de estudios políticos en la Universidad Javeriana de Bogotá, hizo un profundo análisis  cuando el gobierno Uribe comenzaba en 2002. No se encuentran tantas definiciones de pobreza, y las secuelas tan inmensas que este fenómeno causa, habida cuenta de que para el caso colombiano, representa una compleja red de “factores entrelazados”. Las definiciones más recientes giran alrededor de estándares internacionales aceptados, basados en el nivel de ingresos y en básicas necesidades insatisfechas. Estas variables corren el riesgo de ser  muy sesgadas, bien por la exclusión o la inclusión, lo cual desvía el resultado de las políticas públicas.
Se conocen estudios emprendidos por los gobiernos desde 1930, que pretenden encontrar la fórmula mágica para reducir los índices de pobreza , aseverándose que en los últimos 50 años los niveles de pobreza, medidos por necesidades, venían en una sutil disminución, pero se viene encima no sólo el cambio estructural y la recesión de toda la década del 90 y los años 2008, 2009 y lo corrido de este año , lo cual caus un retraso monumental de maas de 11 años, trayendo un desmejoramiento peor del que ya traían los sectores de índices elevados de pobreza, que son muchos,  y que han sido analizados por organismos multinacionales, entre otros el Banco Mundial  y el Bid , insinuando alternativas, pero con el agravante de que la pobreza es específica en cada país. Además, es muy fácil hacer valoraciones puramente teóricas sobre el tema, cuando los hechos demuestran la inoperancia de los supuestos propuestos, pues desde los trabajos de Smith hasta 1940 sólo se analizó el problema desde la óptica de la riqueza, abandonando la investigación científica y además de alta rigurosidad sobre el fenómeno de la pobreza. Pasada la Segunda Guerra Mundial, el tema se empezó a tratar de otra manera, y ya se empezaron a generar definiciones mas puntuales de lo que es “pobreza”.
Según el Banco Mundial, “la pobreza es hambre, es falta de techo digno , es estar enfermo y no poder ser atendido por un médico, es no poder ir a la escuela y no saber leer , es no tener trabajo, tenerle pánico al futuro y vivir el día a día.”
Para Amartya Sen, premio Nobel de Economía en el año de 1998, la pobreza no es simplemente la falta de un ingreso, sino también la falta de capacidades básicas y  de libertad para obtenerlo.
Las definiciones, en teoría, se quedan cortas, pues seguirán siendo aproximaciones muy lejanas frente al sufrimiento que experimenta un ser humano considerado como pobre.
Para los millones de compatriotas pobres y los que están por debajo de ellos, es una desgracia que su suerte dependa de la variación del dólar, de las imposiciones de la Banca Internacional, de las cortas bonanzas agrícolas, de la inequidad por donde se le mire, de ese abismo tan hondo signado entre los denominados “ricos” , refundidos con las clases emergentes que tan pronto salen de la olla, bien por medios lícitos bien otros no tanto, cambian de estrato y de actitud, y mirarán de soslayo a quienes siguen debatiéndose entre la desesperanza y la incapacidad del Estado para poderles solucionar las necesidades básicas, no construyendo casas de mala calidad, asistencia médica de dudosa efectividad científica, de difícil acceso a la educación o al mercado laboral, y mirándoles siempre, no como seres humanos, que han sido castrados para tener oportunidades, sino viéndolos como un estorbo, razón por la cual los arrinconan en sitios de alto riesgo, y siempre estarán en la marginalidad de una sociedad tremendamente injusta.
Los años pasan, y la galopante pobreza aumenta en progresión geométrica.
Ojalá los aspirantes a la Presidencia tengan un programa serio para esta realidad inmensamente cruda, y que ojalá marchen también a la velocidad de la luz.
Éste es uno de tantos males que nos aquejan, el palo no está para hacer cucharas, y nos cogió la noche hablando pendejadas intrascendentes, en   las pésimas convocatorias que hacen algunos canales de la televisión, donde el aspirante, después de formulada la pregunta, sólo atina a respirar hondo y responder generalidades.
Como se trata de escoger al menos “pior”, ojalá nos tomemos el tiempo para hacer una evaluación más analítica para conveniencia de 43 millones de personas, que cálculos politiqueros que sigan beneficiando a unos pocos.

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