17 de enero de 2021
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Intervenciones e intromisiones del tercer tipo

16 de mayo de 2010

Piensan razonablemente que si los colombianos tuvieron suficiente juicio para haberse liberado del encantamiento en el que los tenía Uribe, hechicero mayor, no van a pararle bolas al locuaz energúmeno de al lado.

No hay duda, sin embargo, que Chávez no es indiferente al resultado de estas elecciones. Preferiría que continuara Uribe probablemente, ya que sabe cómo sacarlo de casillas y como calmarlo, o a Santos que encarna todo lo que al coronel le disgusta del establecimiento colombiano, y no a Mockus a quien debe ver como animal raro, “un Michelena de esos” que quien sabe cómo va a reaccionar. El presidente venezolano no es ajeno a lo lúdico, como lo demostró en República Dominicana cuando le puso fin a un explosivo conflicto regional entonando una canción caribeña con más malicia que talento. Pero prefiere contender con alguien que no haga fintas y que pueda manejar al estilo chafarote.

Menos atención ha recibido otra insólita intervención en la campaña presidencial que puede tener mayor trascendencia. Se trata del documento titulado “Reflexiones de los Ex Comandantes del Ejército Nacional a los Poderes Públicos, Dirigentes, Periodismo y Opinión” que se distribuyó la semana pasada y que firman respetados generales en retiro, que dicen expresar la posición del Ejército y el resto de la fuerza pública. Uno de los motivos por los que inquieta este documento es porque tiene el tono respetuoso pero enérgico e inequívoco de las situaciones en las que se produce “ruido de sables”. Se dirige a los candidatos para quejarse por la pérdida del fuero militar, para pedirles claridad sobre la continuidad de la política de seguridad y sobre sus intenciones de negociar con la guerrilla o pretender llegar a un “acuerdo humanitario” con ella.

Santos ha prometido repetidas veces continuar con la “seguridad democrática”. y no está interesado en otro tipo de soluciones. Mockus también ha dicho que mientras que la guerrilla se obstine en secuestrar, llevar a cabo actos terroristas y mantener sus actividades de narcotráfico les va a aplicar la “legalidad democrática” al pie de la letra. Esto deja por fuera ser blandengue o buscar acuerdos “humanitarios” con quienes han sido inhumanos y han demostrado poco respeto por la vida, la libertad o los derechos humanos.

Pero la promesa de Mockus de ceñirse a la “legalidad democrática” y el precedente de que Santos, como Ministro de Defensa, dejara desmontar el fuero militar, sumados al peligro real e inminente de que los tribunales civiles condenen a los oficiales responsables de los actos que siguieron a la toma del Palacio de Justicia en 1985, más la tendencia mundial actual de hacer a los altos mandos jurídicamente responsables ante tribunales civiles por lo que haga la Fuerza Pública es algo que inquieta a la oficialidad militar, y parece ser lo que motivó el documento. Respetando sus ansiedades y entendiendo que las situaciones de combate no se prestan para conclusiones simples, me atrevo a decir con humildad que al Ejército Nacional le está sucediendo lo que le sucede a la Iglesia Católica que le ha faltado coraje para enfrentar y purgar sus pecados. Dos instituciones tan respetadas no pueden refugiarse en fueros para tratar de esconder bajo la alfombra actos de algunos de sus miembros que la sociedad y el mundo rechazan con vehemencia.