26 de febrero de 2020
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Huelga indefinida de fusiles

8 de mayo de 2010
8 de mayo de 2010

OTRAPARTE
Por Óscar Domínguez G. (*)  

oscar dominguezEn abril, hace 11 años, en La Machaca , caserío de la zona del Caguán, las Farc invitó a un grupo de periodistas a dejarse picar por el virus de la paz.

A lo John Lennon, "Lafar" pedían una última oportunidad para la paz. Falso positivo: aparte del regaño con fusil en la diestra-siniestra mano, todo pasó sin que pasara nada. "Queremos la paz", tronó el hoy desaparecido Raúl Reyes, mientras su fusil (¿o ametralladora?) les hacía pistola a sus perplejos invitados.

Agradecieron el detalle de que hubiéramos concurrido a sabiendas de que el "Camarada Marulanda" dejaría la silla vacía.

El consejero Víctor G. Ricardo se encargó de invitar a los fugaces periodistas caguaneros a que escucharan la prosa bélica de Reyes, Joaquín Gómez, el Guajiro y Fabián.

Vi a Ricardo compartiendo su arsenal de chicles con Fabián. Exótica pero certera forma de construir confianza. Si te dan un chicle y no es cianuro, hay química entre las partes.

Los guerrilleros venían reuniéndose en el Caguán, con la fachada de avanzar en la agenda de negociaciones con el gobierno de Pastrana, a quien "Tirofijo" le había dejado servido el asado.

Los asalariados de Tirofijo les jalaron las orejas a los directores por suministrar información sesgada sobre el proceso de paz. "Más objetividad, señores", exigieron.

También demandaron acompañamiento de los colombianos para Pastrana, según ellos, muy solitario en el proceso. (Sí, "sólo" lo acompañaban seis personas: yo, tú, él, nosotros, vosotros, ellos).

Habló duro Joaquín Gómez. Si se rompe el proceso será difícil recomponerlo, vaticinó el arúspice. Y encimó esta perla: salvo la vida, la guerrilla no tiene nada que perder. Pareció extrañarse del tamaño de su exabrupto pues enseguida admitió que la vida es demasiado regalo.

"Pero de resto, ¿qué vamos a perder nosotros, con qué nos pueden amedrentar", insistió.

El guajiro Gómez puso más banderillas: los reporteros enviados a cubrir el despelote bélico se quejan de que sus jefes los obligan a dar chivas para justificar viáticos. O sea, tienen que dar noticias a como dé lugar. Eso no puede ser, alegó.

Por supuesto, los chicos de la prensa no nos quedamos mudos. Alguien exigió dejar de mamar gallo y arrancar las conversaciones. Se le pidió a la guerrilla producir hechos de paz y suministrar pronta información sobre el proceso, así fuera por "Farx".

Los hubo partidarios de alejar los micrófonos de la mesa de negociaciones. Estuve a punto de proponer que, o hacen la paz, o sus mujeres no les vuelven a dar "aquello", como en la comedia de Aristófanes. Me aculillaron los cacofónicos fusiles cercanos.

Otra sugerencia zanahoria: realizar una consulta para indagar la aceptación que tenían entre la comunidad. La propuesta pasó al museo de cachivaches perdidos.

También pasó a ese museo el proceso de paz con las Farc. Le están debiendo al país huelga indefinida de balas caídas.