20 de enero de 2021
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Exterminar la hoja de coca, ilusión o utopía

25 de mayo de 2010

Lo triste es que ya nos acostumbramos al tema, y ni gobernantes ni la llamada decente sociedad se pronuncian, pues es de todos conocido que mientras prolifere el consumo y el negocio sea exageradamente rentable, podrán inundar de glifosato las selvas y montañas de  este país , y meter más erradicadores manuales, pero el objetivo no se cumplirá, como no se cumplieron ni la profecía de Andrés Pastrana  ni las apreciaciones del gobierno de U.S.A., hechas hacia 1.998, de que bastarían sólo cinco años para que no hubiese en ninguna parte del territorio colombiano ni una sola mata de coca, basados en el recién creado Plan Colombia. La hipótesis del entonces Presidente Andrés Pastrana, como todo lo suyo, salió chimba , y las plantaciones actuales de coca, mejoradas para que haya dos cosechas al año, han permitido que todo el sector cultivado esté no sólo erosionado, sino que la combinación de la lluvia del glifosato, más los precursores químicos utilizados en su conversión a pasta de coca, tienen envenenado el medio ambiente; y la tala infame del bosque tropical no sólo aumentó la erosión de los suelos, sino que los indígenas que tienen sus siembras de maíz, plátano, yuca y hortalizas así como abundantes plantas medicinales y estanques piscícolas, se han visto seriamente afectados, y desde luego, toda la biota, incluida la humana, se ha enfermado en forma grave, y muchísimas especies vegetales y animales han perecido , o han sido obligadas a buscar otros hábitats.
A comienzos del año 2001, una comisión de la Defensoría, junto con funcionarios especializados de Naciones Unidas visitó varias regiones del sur del país, en especial el Putumayo. Su informe fue catastrófico: consignaron que lo visto “era un panorama desolador”.  Durante esa visita observaron cómo los habitantes del área fumigada presentaban serias lesiones cutáneas y enfermedades gastrointestinales, fiebres recurrentes, cefaleas intensas, mareos, gripa y vómito.
Este compuesto químico, denominado Glifosato, fue usado por primera vez en el año de 1984 para erradicar la marihuana, que se daba silvestre en la Sierra Nevada de Santa Marta. El ilícito negocio ya estaba tomando impulso, alcanzando su mayor apogeo durante el gobierno del señor Turbay Ayala.  Se empezó la fumigación en la región de páramos andinos para erradicar, además, la amapola, esa bella flor de color violeta y de cuyos botones se extrae un liquido lechoso y espeso, que es la base del latex, a partir del cual se extraen nada menos que el opio, la morfina y la heroína. Es curiosa la doble moral de los monos del norte, pues allá utilizaron el glifosato, en la región de los Everglades, estado de La Florida, pero cuando vieron que resultaba contraproducente su empleo, prohibieron su uso, y nos lo enviaron rapidito, para  desmontarse por las orejas y contribuir a lo que hoy estamos viendo, a saber,  la desolación y la ruina en los sitios selváticos más profundos de nuestra geografía, llevándose por delante toda la biota, y, de paso, acabarles la vida a las poblaciones indígenas.
En Colombia, nos pasa de todo, pero no pasa nada, pues ante la queja evidente de los daños que se estaban causando con la lluvia del glifosato, se designó a un “selecto grupo de investigadores”, que concluyeron salomónicamente el mamotreto o informe, aduciendo que su toxicidad era muy baja para  los seres humanos y para la flora y fauna. Para evitar males mayores, se tomarían medidas especiales, razón por la cual se creó un Plan de Manejo Ambiental que “ garantizara que el químico sólo se utilizaría contra las plantas ilegales y no contra el entorno o las personas”. Suena idiota la medida, pues deja la impresión de que mientras se fumigaban las plantaciones de coca , las otras plantas podrían ser “ guardadas” o cubiertas con plástico” mientras pasaba el chubasco del glifosato. Qué genialidad en el concepto y qué original y efectiva la medida.  Éste, como dijo un ilustre colombiano. Sí que es un país “de cafres”.
A pesar de la tecnología aplicada en el momento de la fumigación para disminuir al máximo el margen de error, los sabios no tuvieron en cuenta factores exógenos, como la influencia de los vientos o el de los climas: El glifosato pasó, entonces, las supuestas barreras de protección, causando enormes estragos, razón por la cual se declaran zonas de contingencia, como las limítrofes con Ecuador, en especial la región de Lago Agrio, incluso habilitando campamentos para refugiados, en casos de extrema gravedad.
Candidatos, el  Plan Colombia, con millones de dólares inyectados a las fuerzas militares, ayuda permanente de los gringos,  más glifosato, mas erradicadores manuales, pasados ya casi 12 años del postulado pastranista de matar la hoja de coca “en cinco años”, sigue mas viva que nunca, con todo lo que ha implicado en costos no sólo económicos, sino en vidas de colombianos de los de a pie,  y pocos de los otros.
Ojalá que a quien llegue a la presidencia no se le ocurra preguntarle al Dr. Pastrana que le “ayude” a cranearse un mecanismo para sacar de un solo tajo toda la coca en un plazo no mayor de “ seis meses” , así como ese otro genio conservador, Leyva, juró que acabaría con la guerrilla en un año.
Yo sugiero que en estos casos llamemos al Indio Amazónico, que sí ha dado resultados.
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