17 de enero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Día del Idioma

3 de mayo de 2010
3 de mayo de 2010

Como se sabe, Cervantes murió el 23 de abril de 1616, en Madrid. El genio había nacido en Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547. La primera parte de su obra inmortal fue publicada en 1605.

Se ha querido, como un homenaje a su grandeza, recordar cada año la fecha en que murió  Miguel de Cervantes Saavedra. Se intenta, al mismo tiempo, con esta conmemoración, revaluar un poco el idioma español. Es decir, hacerle entender a la gente que tenemos una lengua nutricia que nos identifica ante el mundo. Por lo tanto, debemos reconocer en nuestro idioma los valores intrínsecos de la palabra. Es que esta, la palabra, es el vehículo de comunicación para el entendimiento de las gentes. Sin la palabra el mundo no sería una riqueza de culturas. Esta nos identifica, nos comunica, nos une. Sin la palabra seríamos culturas aisladas, sin un hilo comunicante, sin una identidad propia. La palabra ha hecho evolucionar el mundo. Ella es el elemento primario en la comunicación del hombre.

El idioma español ha evolucionado. El lenguaje, es cierto, debe acomodarse a las urgencias de la sociedad moderna. Algunas de las letras que se usaban en la edad media han desaparecido de nuestro idioma para darle espacio a voquibles más actuales. Es lo que los académicos de la lengua han denominado como neologismos, palabras aceptadas en el idioma español, extraídas de otros idiomas, cambiando, eso sí, su fonética; pero conservando su sentido. Para los lingüistas es difícil aceptar extranjerismos en nuestro idioma. Es por esta razón que investigan para encontrar en el lenguaje castellano el equivalente a esos términos que se hacen tan comunes en el habla popular.

Mírese el caso de las palabras fútbol, básquet, long play. Estas han sido aceptadas por la Real Academia de la Lengua. Sobre todo la palabra fútbol, que es la de más  constante uso. Recuérdese que anteriormente la letra hache, en algunos casos, se escribía como efe. El ejemplo más claro está en El Quijote, donde aparece siempre “fermosa” por hermosa. Lo mismo puede decirse en el caso de la hache, que es una letra muda; anteriormente se escribía harmónica, harpa. Hoy se escriben sin hache, simplificando su escritura. La misma transformación tuvo la palabra caballo; antes se escribía con uve, cavallo. Son cambios necesarios para mejorar la gramática.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua es el órgano oficial de esa institución española. Al registrarse en sus páginas, quedan  incorporadas al idioma español, como voces nuevas, palabras de otros idiomas. El diccionario es un texto que se actualiza año tras año.  Sin embargo, en sus páginas todavía no se han publicado palabras que podrían cambiar de forma ortográfica; nos referimos a la ge y la jota, que tienen el mismo sonido. Juan Ramón Jiménez, en su hermoso libro “Platero y yo”, cambia varias veces la ge por la jota; y escribe jenialidad en vez de genialidad, que sería lo correcto. El mismo Cervantes utiliza en su obra maestra giros idiomáticos que hoy son arcaicos.

En su evolución, el idioma ha aceptado la supresión de algunas consonantes iniciales mudas, como la pe que se anteponía para escribir sicología, seudónimo, sicoterapeuta. También abolió las consonantes intermedias de las palabras obscuro, substancia, transteo.. El idioma debe, pues, modernizarse. Pero hasta dónde la lógica lo permita. Hay que conservar los acentos ortográficos donde sean necesarios. Y dejar que las letras elle, eñe, ge y jota sigan su vida normal. Es que es muy diferente suprimir el acento ortográfico en palabras de una sola sílaba, como lo hizo en 1952 la Real Academia con fue, dio, pie, fe, vio, este, ese, aquel, a quitar la tilde de la palabra revólver. Estas breves divagaciones sobre el idioma son hechas con motivo de celebrarse este viernes el Día del Idioma.