26 de febrero de 2020
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

“Cuando me muera de verdad no me van a creer”

7 de mayo de 2010
7 de mayo de 2010

“He aprendido a convivir con la diabetes, una dama de mucho cuidado, caballero”, dice Joe Arroyo, ya recuperado. Foto José Torres

Ahí le quedó en el alma el sentimiento negro. Cuando ya fue un muchachito, frecuentaba las rondas musicales palenqueras y lo impresionaban las voces tristes de las cantadoras cuando alguien moría. Por eso nunca le ha temido a la muerte, aunque, claro, no quiere morirse. “Lo que pasa es que me han ‘matado’ tanto, que el día que me muera de verdad nadie va a creerme”. Todo eso le revolotea hoy en la mente como las mariposas en un campo florecido. Recuerda las crisis que ha tenido. “Una vez le hice una canción al tema: Me le fugué a la candela, dedicado a la señora muerte. No vuelvo a cantarle. Con esa señora no se puede jugar”.

En esta ocasión, como en el 78, en el 84 y en 1992, muchas emisoras, como alguna vez lo hizo Gustavo Castillo García, alcanzaron a darle el “flash, flash, la música colombiana está de luto, ha muerto el Gran Joe Arroyo”.

Simplemente tuvo una crisis diabética y fue sometido a un tratamiento intenso. El martes en la noche le hicieron el último chequeo y ayer se fue a Cartagena a brindar un concierto privado en la clausura de la asamblea anual de una entidad bancaria.

Lo que más lo tiene ilusionado es el trabajo que hará con Richie Ray y Bobby Cruz (su grupo salsero favorito de siempre, el que más lo marcó para el sentimiento en los arreglos). “Ya me dijeron que modificaremos el corito, que ahora dirá: ‘Y mucho Richie y mucho Joe’, en Sonido bestial y Bomba camará”.

Joe, después de este susto diabético, está tranquilo, seguro de sí. “Siempre me aferro a Dios, que es lo más grande que nosotros podemos tener, y al amor. En estos días para mí ha sido muy estimulante el amor de mi esposa (Jacquelin Ramón), de mis hijas, de los seres que permanecen cerca de mí, como Lucho (Ojeda) y su esposa, Fredy Palma, los periodistas que siempre estuvieron atentos a mi estado de salud y, en general, a toda la gente que me quiere, que siempre me ha querido”, dice, mientras escucha al salsómano Juan Molina Pomárico que le tararea el gingle de su programa radial para grabárselo a capela.

Admite que es un mito viviente. Y, por lo tanto, ya está acostumbrado a que todos estén pendientes de sus pasos.

“Soy diabético. Cualquier cosita, así sea una simple gripa, me complica la vida. La diabetes dimensiona todo eso, a pesar de que la tengo bien controlada. La he sabido manejar en todos estos años. Y la semana anterior, cuando empecé a sentirme un poco raro, le pedí a Jacque que me llevara al médico y éste me recomendó pasar de inmediato a la Unidad de Cuidados Intensivos en procura de estar con los mejores galenos y con la mayor tranquilidad”, explica.

Lo que más enorgullece a Joe es sentirse hoy fuerte, y de haber nacido “en un país tan maravilloso como Colombia, con un repertorio tan grande musicalmente, sobre todo el de la Costa. Los colombianos a veces no nos damos cuenta, especialmente los costeños, de la riqueza musical que tenemos. Lo que he tratado de recoger en el Joeson es ese rico folclor caribeño colombiano. Me gustaría grabar tantas joyas musicales. Siempre he querido grabar Te olvidé. Una vez lo hice con Shakira. Pero fue algo de vacilón”.

Lo único malo de esta recaída con su compañera indeseable, la diabetes, es que tendrá que cuidar más la boca. La dieta es severa. A pesar de eso, “un pan caliente no se perdona, uno le mete el diente porque se lo mete”.

No está decaído. Asegura que “ahora lo que hay es más capacidad para crear música. Tengo estabilidad emocional. Me rodean excelentes amigos, me acompaña una buena orquesta. Es el mejor momento para hacer cosas buenas”.

Está contento por la telenovela que hará el canal RCN sobre su vida. Su nuevo CD saldrá en fecha simultánea con esta obra. Y una productora italiana hace la película de su vida.
“Estoy preparando unos temas muy bonitos. He recibido propuestas. Estoy pensando en cómo comercializar ese disco de manera más efectiva. Para el músico de hoy todo ha cambiado”, dice.

Admira a Johnny Ventura. “Siempre que voy a Miami o Nueva York procuro averiguar si él tiene por ahí algún show y voy a verlo. Tiene un estilo único, tiene su sabor y su maestría. Lo mismo que Cheo Feliciano”.

Tiene gratos recuerdos de las sabanas. “Me va muy bien con la música sabanera. El porro, el cumbión y el chandé. Tienen mucha riqueza. Mis inicios fueron en Cartagena, en la zona de tolerancia. Tenía 12 años y me ponían pereque para dejarme entrar a El Club Verde, El Príncipe Azul, que eran lo mismo que aquí en Barranquilla El Palo de Oro, La Gardenia Azul, El Place Pigalle. Eran prostíbulos en los cuales las ‘muchachitas’ tenían sus habitaciones alrededor de la tarima y la pista de baile. Hoy, a los 54 años, me digo: ¿qué más tengo que aprender de la vida?, ¿qué cuento me van a echar a mí? Y esa época la alterné con mis vivencias en Sincelejo. Aprendí mucho, para qué, esa fue mi mejor escuela. Conocí el alma de la música sabanera. Sobre todo, conocí mucha tierra. Viajábamos todos los fines de semana por los rincones más apartados de Sucre, Córdoba y parte de Antioquia, chupando polvo, agua y barro en unas ‘chivas’ destartaladas”.

Le tocaba cantar las creaciones de Rubén Darío Salcedo, Fiesta en corraleja y La colegiala, entre otras. “Rubén Darío no se pone viejo, se ha quedado como almidonado, como Alfredo Gutiérrez, que ya en esa época era Alfredo. A él hay que pedirle la fórmula de la eterna juventud. Conocí a los mejores de Los Corraleros de Majagual, con quienes pude codearme: César Castro, Calixto Ochoa, Lucho Pérez, Chico Cervantes, Lisandro Meza, Rubén Darío y Alfredo. De todos aprendí”.

Lo atrapó para siempre

Desde la época de los griles de cartageneros y la “plaza de Majagual, en Sincelejo, mi sueño era anclar en Barranquilla”. Cada vez que podía se escapaba hacia acá. Conoció a los hermanos Boiga (Cástulo y Leandro), que venían de hacer parte de Miche Sarmiento y su Combo Bravo. Fue cuando le nació el sentimiento que convirtió en canción: ‘Barranquilla, el Joe nunca te olvida’.

En ese momento se dio a conocer cantando con la orquesta La Protesta, de los hermanos Boiga, que animaban los inolvidables fines de semana en un famoso bailadero de Puerto Colombia. Fue allí en donde lo descubrió para Discos Fuentes el piojonero Isaac Villanueva.

La plaza de Majagual

Joe Arroyo explica por qué nunca se le dio por incluir acordeón en sus grabaciones. No necesariamente el vallenato, pudo haber sido la música sabanera que tiene tanta riqueza melódica. “Yo omito el acordeón para darle más fuerza al bombardino, al trombón, al clarinete, al piano y a las trompetas”, afirma.

Él fue de la urbe, con el sonido urbano, a nutrirse con la música provinciana de las sabanas. Fue lo que le permitió marcar la ruptura entre la música rural y urbana, sin dejar a un lado la riqueza melódica de la música que disfrutó y que le dio de comer en su época de la Plaza de Majagual, que tanto recuerda, prescindiendo del acordeón.