27 de febrero de 2020
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Crespón negro para el micrófono

8 de mayo de 2010
8 de mayo de 2010

Nacido en Manizales el 1 de julio de 1943 (según su primer biógrafo, Emiro Fajardo Ramos, en el libro Radio-gentes de Colombia) este polifacético hombre de radio dejó de existir en su residencia del norte capitalino el lunes 3 de mayo, tras soportar con estoicismo una afección hepática. Su deceso produjo hondo pesar en los medios de comunicación a los que estuvo vinculado durante más de media centuria.

Buen estudiante, hizo la primaria y la secundaria en el Colegio de Nuestra Señora de su ciudad de origen. De la mano de su padre, don Jesús Antonio Olaya, quien lo ponía a hacer papeles de parvulito, empezó a familiarizarse con el micrófono a los nueve años. En la escuelita casera aprendió a manejar con maestría el chorro de voz que Dios le dio para que se ganara la vida. A la postre, tres de los siete hijos de Jaime abrazarían el mismo oficio del abuelo y del padre. “Familia que locuta unida, permanece unida”, repetía el taita mayor.

La versatilidad en el oficio, que desarrolló principalmente con indiscutible éxito en Bogotá, Cali y jaime olayaMedellín, lo llevó a pasearse por las nóminas de todas las cadenas radiales de Colombia. Con el mismo profesionalismo leía un noticiero, narraba un partido de fútbol, actuaba en radionovelas, encarnando todo tipo de personajes,  y en programas humorísticos, en los que imitaba a la perfección a Fidel Castro y otras celebridades, y grababa comerciales tan recordados como los de Suramericana de Seguros, en los que ponía la voz del tigre, extraño sonido que lograba poniéndose un lápiz entre los dientes. Trabajó también al lado de Guillermo Zuluaga, “Montecristo”, en cuyo elenco interpretó varios papeles, como el de “Crisñato” y “Montecristico”. Actuó en “Dejémonos de vainas”, comedia semanal de la televisión nacional con libretos de Daniel Samper Pizano. Y de vez en cuando ponía a trabajar en sus espacios radiales a “Don Chifloreto”, un personaje de su propia inspiración que parecía más loco que una cabra con balaca.

Su apesadumbrado amigo de siempre, Eduardo Carvajal Rojas, subraya en una semblanza aparecida en el portal de la Revista ‘Cierto’, de Medellín, que Olaya Terán fue el primer gran doblador de voces que tuvo la radio colombiana en los años 70. Además del citado tigre asegurador, produjo las voces de “Melvin”, el elefante de “Chocokrispis”; el menudo tigre de las “Zucaritas”m de “Kellogg’s”, la tierna voz del muy tierno “Topo Gigio” y un puñado de políticos a los cuales imitaba con alta dosis de picardía.

Carvajal saca cuentas a la ligera: Este arquetipo de la locución debía estar cumpliendo unos 54 años de vida profesional, ya que a los nueve su papá lo metió en el cuento de la radio para que le ayudara con voces infantiles; en plena juventud se dedicó a la narración deportiva y luego se especializó en el duro trabajo de doblador de comerciales, productor de cuñas y un sinfín de cargos que ocupó en la radio, la televisión y la publicidad.

La apostilla: En el apogeo de la lucha libre, en Bogotá, Jaime Olaya se empecinó en convertirse en todo un “Enmascarado de Plata” a la colombiana, pero desistió de su empeño al salir bastante  apaleado de los entrenamientos. Se convenció el manizaleño de que su futuro no estaba en los cuadriláteros sino en los micrófonos de los que hoy penden negros crespones por su larga y triste partida. ¡Que haya paz en su tumba!