27 de enero de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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Astronautas se encierran 520 días para simular un viaje a Marte

30 de mayo de 2010
30 de mayo de 2010

 

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Se trata del proyecto Mars500, que a partir del jueves, va a encerrar a 6 astronautas (dos europeos, tres rusos y uno de China) durante 520 días en unas instalaciones que imitarán el interior de una nave en Moscú, Rusia.

Se trata de tres módulos montados en el Instituto ruso de Problemas Biomédicos (IBPM): una nave interplanetaria, un mecanismo de aterrizaje y un paisaje marciano. Junto con la Agencia Espacial Europea (ESA) intentarán averiguar cómo se adaptan los diferentes organismos a los cambios bruscos. Los participantes deberán vencer pruebas físicas y psicológicas.

Desde lo espacial estarán limitadas las dimensiones –habrá 550 m3 habitables – y los víveres serán escasos. Además de sufrir pérdida del horizonte terrestre, descenso en la intensidad de la luz solar y cambio del ciclo día/noche. En cuanto a lo emocional, el obstáculo supremo será el confinamiento. Para superar esta reclusión, los especialistas apuestan a la integración colectiva, las supresión de las diferencias socioculturales y la destreza para resolver conflictos que exhiban los tripulantes.

El experimento tiene tres fases: el “viaje” de ida (estimado en 250 días), el arribo y la estadía en Marte (cerca de 30) y el regreso a la Tierra (unos 240). Ya en el supuesto planeta rojo artificial, la tripulación se dividirá en dos unidades: tres descenderán a la superficie para tareas de exploración y la otra mitad permanecerá en órbita alrededor de un mes.

Las comunicaciones serán por radio, con un retraso de 20 minutos, tiempo que demora un mensaje radial en bajar de Marte. La actividad cotidiana será similar a la que realizan los astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional. Dentro de la rutina diaria, tendrán turnos de 10 horas en los que deberán completar tareas de mantenimiento, experimentos científicos y ejercicios. Dispondrán de 2 días libres a la semana, excepto en situaciones especiales o protocolos de emergencia. Si bien el plan es que todos completen el período de aislamiento, las reglas contemplan la deserción. Todos estarán monitoreados para analizar sus parámetros vitales.

Más allá de la resistencia humana, la intención es testear nuevas tecnologías para vuelos de larga duración. El ítalo-colombiano Diego Urbina, uno de los “viajeros”, comentó: “Estoy preocupado por todos los imprevistos que tendremos que afrontar, sobre todo en el ámbito psicológico, ése es el mayor desafío en este aislamiento extremo que viviremos”.