18 de enero de 2021
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Punto negro en la liberación

6 de abril de 2010

Las imágenes en terreno transmitidas en directo por Telesur, en las que Moncayo muestra algunas de sus pertenencias y saluda con alegría a los gestores de su liberación, fueron atribuidas de inmediato a una mala actuación y a un incumplimiento del protocolo por parte de Colombianos y Colombianas por la paz.

El comunicado expedido por el Comisionado de Paz Frank Pearl pidiendo explicaciones por lo sucedido insinúa que las coordenadas fueron entregadas a otras personas ajenas al operativo humanitario. Es decir, tanto el comunicado como las declaraciones posteriores del comisionado y del mismo Presidente, se centraron en poner en entre dicho el proceso de liberación, en desacreditar y desprestigiar toda la labor humanitaria. Lo cierto es que hasta el momento de los pronunciamientos del gobierno, la transmisión era un hecho por esclarecer y sobre el cual no podían endosarse tan ligeramente responsabilidades.

Resultó penoso el que las primeras declaraciones de monseñor y de la senadora, al momento de aterrizar el helicóptero con Pablo Emilio Moncayo a bordo, fueran precisamente una defensa de su tarea, declaraciones que explicaban su desconocimiento de lo que había despertado el alboroto y su manifiesta indisposición por ser el blanco de las acusaciones públicas. Por un momento, la importancia de la liberación fue desplazada por los reclamos del gobierno y su preocupación de que se le estaba haciendo propaganda a un grupo terrorista y secuestrador como las Farc.

Es comprensible que el recorrido público de la senadora Piedad Córdoba despierte afectos y desafectos. Muchas de sus posturas han sido muy polémicas y por lo mismo podemos estar de acuerdo o profundamente en contra de ellas. Pero no podemos quitarle que en medio de sus peculiaridades es la persona que más ha hecho por quienes se pudren en la selva. Ha sido una interlocutora que ha posibilitado acercamientos entre el gobierno más guerrerista de las últimas décadas y uno de los grupos armados ilegales más inhumanos que existe.

Piedad Córdoba continúa ahí, firme y trabajadora a pesar de que una gran parte de la sociedad se ha encargado de rechazarla con maneras groseras, irrespetuosas y hasta agresivas. A pesar de que ha sido víctima de ultrajes y ofensas provenientes del gobierno que intenta por cualquier medio restarle importancia a su labor. Ella sigue haciendo acercamientos y mostrando resultados ciertos e irrefutables materializados en la libertad de varios de los secuestrados. Esto es lo que esperábamos de personas como Ingrid Betancourt o de algunos otros políticos reconocidos supuestamente con contactos y con el compromiso por la vida de los que están en cautiverio.

Pero las familias de los secuestrados saben que son muy pocos los que están trabajando por ellos, que la solidaridad que algunos manifiestan ante los medios de comunicación, es precaria al momento de concretar gestiones humanitarias.  Que la voluntad es pobre, casi inexistente, y que lo poco que logran no es gracias al gobierno sino a pesar de éste.

El gobierno no da pie con bola en lo que a la paz respecta. Así lo demuestra su actitud frente a lo sucedido con Telesur. No solo se apresuró en exigirle a colombianos y colombianas por la paz explicaciones sino que hizo todo lo posible por insinuar que la responsable era Piedad Córdoba y por ahí derecho monseñor. Pareciera que en el fondo los logros en estas gestiones humanitarias fueran una derrota del gobierno. Ese no era el momento para polemizar sobre el asunto. La prudencia y la oportunidad son cosas que debería tener claras el comisionado de paz más cuando se está en medio de procesos tan endebles y difíciles como las liberaciones.

Flaca herencia en términos de paz la que recibe el gobierno entrante. Ojalá el nuevo presidente sepa apostarle a una salida humanitaria al conflicto. Continuar con la guerra y con una actitud guerrerista condenaría a Colombia y a los colombianos al estancamiento y la desesperanza.