26 de enero de 2021
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Poderado, pleonasmo, riatón, no

27 de abril de 2010
27 de abril de 2010

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA
Por Efraín Osorio López (*)
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Leyendo a Eduardo García Aguilar, tropecé con esta frase: “…y es de esperar que se ejercerá un lenguaje poderado en materia diplomática…” (LA PATRIA, IV-11-10). Deduje equivocadamente que quiso escribir ‘moderado’ o ‘ponderado’; pero, más adelante, me di de bruces con esta otra: “…pero al menos durante un lapso se volverá a descubrir la discusión poderada, pragmática, civilizada, para bien de todos…”. ¿Dos veces? Tiene que ser, entonces, la palabra que él quiso escribir. Y como sucede siempre, cuando uno escucha o lee un vocablo que no ha leído ni escuchado durante setenta años, lo considera espurio, para después recibir la desagradable sorpresa de que el desinformado era uno mismo. En este caso, sin embargo, la sorpresa no fue tan enojosa, porque la encontré, sí, pero en la jerga jurídica, con esta definición: “Quien tiene poder  para representar a otro en juicio o fuera de él”. Lo que nada tiene que ver con lo que escribió el manizaleño, parisino desde hace mucho tiempo. El contexto pide los adjetivos ‘moderado’ o ‘ponderado’, puesto que habla del supuesto lenguaje camorrero del presidente de los colombianos, “que incita a la guerra, al  odio ideológico y al macartismo”; y espera que el del próximo mandatario sea diplomático, suave, mesurado, prudente, equilibrado y melifluo, como el del deschavetado y voluble Hugo Chávez; como el del arrogante y rencoroso Rafael Correa; o el del convencido bolivariano Evo Morales; y el del incalificable señor de Nicaragua. Y así, dice el escritor, las relaciones con los países vecinos volverán a su cauce normal, desviadas de él por culpa exclusiva de Álvaro Uribe Vélez. ¿Lo dijo Blas? ¡Ni una palabra más!**

En nuestra niñez, cuando decíamos “subir arriba”, “salir afuera” o “bajar abajo”, se mofaban de nosotros. Sin embargo, encontré en Don Quijote de la Mancha estas dos muestras: “Recogidas, pues, las damas en su estancia, y los demás acomodádose como menos mal pudieron, don Quijote se salió fuera de la venta a hacer la centinela del castillo, como lo había prometido” (I-XLII); “Y entrándose los dos dentro, uno se quedó a la puerta y el otro se fue a rodear la venta” (I-XLIV). Estas locuciones, pleonásticas para muchos, son frecuentes entre los españoles, como se puede apreciar en pasajes de la novela “Mira si yo te querré”, de Luis Leante; y hay tratadistas que las defienden en determinadas circunstancias. Pero, sea como fuere, no tienen la belleza literaria de “vivir una vida placentera”, “morir la muerte de los justos” y “poder contar el cuento”. La expresión “hallar hallazgos” es, siempre y sin lugar a dudas, pleonástica, no importa que, como dice LA PATRIA, “hallazgos” sean  “los términos técnicos con que denominan las diferentes anomalías encontradas en un proceso de auditoría” (Línea Directa, IV-13-10). Como ‘hallazgo’ es “la cosa hallada”, la redacción debe hacerse como lo hizo el editorialista del mismo diario el mismo día: “No sorprende el informe de hallazgos que entregó la Contraloría…”. O, a modo de ejemplo: “Los hallazgos de la Contraloría fueron los de siempre: Malversación de fondos, adjudicaciones ilícitas, robos, etc.”. **

Hasta hoy estuve creyendo que quienes inventaron el “Besatón por la diversidad” (El Tiempo, II-16-2006) del Polo de Rosa (PDA) habían alcanzado la cima de la ridiculez (quise decir ‘estupidez’, pero la consideré, aunque justa, acerba). Pero no. Fueron superados en un par de kilómetros por los creadores de “Riatón”. ¿Sabe usted, señor, qué es esto? -¿No? -Yo tampoco. Sin embargo, el diario capitalino destacó esta noticia: “Aníbal Gaviria comienza hoy lo que ha denominado la ‘riatón’ por el río Magdalena” (IV-13-10). ¿A favor del río Magdalena, o a través del río Magdalena? Parece que es esto último, porque el coequipero del candidato Pardo dice: “Esta es una riatón por una Colombia justa…”, una travesía de cuatro días por el río Magdalena para llegar a todos esos pueblos ribereños con el mensaje del que fue glorioso partido liberal. Si esto es así, ¿por qué no ‘riotón’? O, mejor, ¿’riomagdalenatón’? Al fin y al cabo, río’ es río (aunque también inflexión de ‘reír’); ‘ría’, en cambio, es una inflexión del mismo verbo, y ‘ton’ sólo se usa en la expresión “sin ton si son”. Y no me vengan con la tontería de que ‘ton’ significa ‘maratón’. Esta plaga de teletones, radiotones, abuelotones, riatones, etc. no está haciendo otra cosa que envilecer y desprestigiar la palabra ‘acrónimo’ y, de carambola, a los ilustres ‘creativos’, por su falta de originalidad e inspiración.  Como dicen, bueno es culantro pero no tanto”.**

La periodista María Isabel Rueda comentó en la W (III-23-10): “Ya no estamos en la época en la cual a los conservadores se les prohibía NO votar por un partido diferente…”. Este empleo inadecuado del adverbio de negación ‘no’, como en la locución “hasta no”, es común y corriente en la altiplanicie bogotana. Así construida, la oración expresa lo contrario de lo que se quiso decir. “A los conservadores se les prohibía votar…”, ¿cierto, doña Isabelilla?