17 de enero de 2021
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Los últimos instantes de Lina Marulanda

22 de abril de 2010
22 de abril de 2010

lina
Imagen photobucket.com

Según reveló la Policía, de un momento a otro, la presentadora, que vestía pantalón corto y camiseta, se encerró en la habitación, abrió una de las ventanas y luego su cuerpo cayó al vacío. Todo indica que la muerte de la presentadora se produjo de manera instantánea.

Unidades de la Policía de Chapinero recibieron el aviso del cuerpo de vigilancia del edificio Balcony 86. Al llegar al sitio, los uniformados encontraron el cuerpo de Marulanda cerca de una de las rampas de un parqueadero, dentro del edificio.

Al lugar llegaron posteriormente los agentes de Criminalística del CTI de la Fiscalía, que sobre las 2 de la tarde concluyeron las diligencias de levantamiento del cadáver de la modelo, que fue llevado al Instituto de Medicina Legal.

El primer allegado en hablar a los medios de comunicación fue el empresario y amigo personal Jerónimo Basile, quien lamentó lo sucedido y aseguró que estaba «bastante sorprendido porque recientemente había hablado con ella y no noté nada extraño».

Por su parte, Silvana Rovira, la mejor amiga de Marulanda, señaló que ella «era una mujer de buen humor, que le gustaba bailar y que le encantaba contar chistes». Así mismo, Gabriel Jacome, coordinador de entretenimiento de Caracol Televisión y quien trabajó cuatro años con la presentadora, manifestó que Marulanda «dejó un vacío muy grande porque ella siempre fue amiga de los camarógrafos, de los técnicos, de los periodistas y de todos los que trabajamos con ella (…) A pesar de no ser periodista, era una ‘brava’ para improvisar y siempre hacía lo que le pedían. Siempre buscaba la perfección y aunque era una mujer muy alegre también tenía un temperamento muy fuerte porque no soportaba las injusticias. Era frentera y decía lo que sentía y por eso la gente la conoció tal como era», señaló Jacome.

Sobre las 3 de la tarde llegó la actriz Alejandra Azcárate, una de las amigas más cercanas a la modelo, quien aseguró que en los últimos días había hablado con ella por teléfono y mensajería instantánea. «Me contó que estaba bastante deprimida. Ayer (miércoles) hablamos por última vez y yo le dije que nos encontráramos, pero me dijo que quería estar sola», aseguró Azcárate.

Durante toda la tarde, amigos y familiares llegaron al edificio para acompañar a la familia de la modelo.

Nacida en Medellín, Marulanda estaba próxima a cumplir los 30 años el 15 de mayo.

Siempre quiso presentar noticias. Aunque su carrera comenzó en las pasarelas de Medellín en la adolescencia, fue el mundo de los noticieros al que se dedicó desde el 2002, en la sección de farándula. Primero trabajó en el noticiero CM& y luego pasó a Caracol.

También hizo parte del equipo de La hora del regreso, de La W. Nunca dejó de modelar y entre sus últimos trabajos en televisión fue la presentación del reality ‘El Desafío’.

‘Todo lo que sueña una mujer era lo que ella tenía’

«Era una niña muy inteligente y muy bonita. A ella le encantaba la pasarela y en esa época viajábamos mucho por todo el país y pues ella era la chiquita y de las consentidas de la agencia», recuerda Irma Aristizábal, gerente comercial de la agencia de modelos Stock Models, que la conoció cuando tenía 13 años y comenzaba su carrera en el medio.

Según Aristizábal, la modelo fue una de las más queridas del grupo, nunca se le vio triste ni deprimida. «Fue una niña con muchas ilusiones y siempre quiso noticias serias», finalizó.

Falleció la modelo y presentadora antioqueña Lina Marulanda

Archivo | Lina Marulanda, además de ser modelo y presentadora, también fue empresaria. Foto El Colombiano.

Lina Marulanda murió sin poder cumplir su sueño en la televisión

La modelo y presentadora antioqueña Lina Marulanda.

 

Por Zoraida Noriega C.
EL HERALDO, BARRANQUILLA

Como de costumbre, el jueves, Lina Marulanda se levantó muy temprano en su apartamento ubicado al norte de Bogotá. A las 9 de la mañana recibió la visita de una de las empleadas de la joyería Turmalina & Durando, negocio del cual había adquirido la franquicia en la capital.

Con la empleada –cuyo nombre no fue revelado hasta tanto las autoridades no clarifiquen la trágica muerte de la modelo y presentadora– alcanzó a arreglar algunas cuentas pendientes de dicho negocio hasta pasadas las 10:30 de la mañana. De repente, Lina le comentó que se sentía agotada y que se retiraba porque quería acostarse.

Mientras tanto, los padres de Lina se encontraban tranquilos y descansando en una de las habitaciones del apartamento. Los esposos Marulanda, según una fuente, habían llegado hacía varias semanas desde Medellín para acompañar a su hija, quien pasaba por unos días difíciles tras la separación de su esposo, el barranquillero Carlos Oñate, y también porque no le iba muy bien en la joyería.

Ninguno de los tres sospechó de la decisión que había tomado la bella paisa de acabar con su vida media hora después de levantarse de la silla de la pequeña oficina donde había tenido el encuentro con su empleada. Lina murió instantáneamente tras lanzarse del sexto piso de su apartamento.

Ese mismo día, la presentadora tenía que estar lista a las 5 de la tarde en las instalaciones de Sedal, marca de Unilever, porque había sido contratada para que hiciera parte del grupo de top-models que exhibirían los nuevos productos para el cabello de esa firma, y las últimas tendencias que presentaría el experto estilista londinense Thomas Taw.

Tanto los peluqueros como las modelos, entre ellas Norma Nivia, Viña Machado y Catalina Gómez, quedaron estupefactos cuando conocieron la noticia.

Cuenta una colega y amiga de Lina que ella sentía cierta frustración de no poder presentar un noticiero en televisión. “Era su sueño. La televisión la había buscado para darse a conocer como modelo cuando se inició en las pasarelas, y la sedujo de tal manera que terminó trabajando en casi todos los canales como presentadora de la franja de entretenimiento”.

Durante año y medio, en el Canal Capital realizó directos desde distintos puntos de Bogotá para mostrar las actividades del Alcalde de Bogotá. “Se veía contenta, pero nunca perdió la esperanza de llegar a presentar un noticiero”, comentó otra fuente.

“Lo hacía muy bien, con mucho profesionalismo. Pero había días que no iba. Unas veces porque se sentía enferma y por otros motivos. Parece que eso molestó a los directivos del canal, razón por la cual desistieron de sus servicios”.

Después de la conducción del Desafío 2007, Lina no volvió a figurar en la televisión. Se enfiló entonces en la parte artesanal adquiriendo la franquicia de Turmalina & Durando (ubicada en la Zona T), joyería en la que en los últimos meses no le fue muy bien económicamente.

Sobre la muerte de la modelo, Iván Lalinde, su amigo y colega, dijo ayer a EL HERALDO que “Ella era para mí una persona muy especial. Por eso respeto su memoria; ella es la única que sabrá por qué lo hizo. Lo único que puedo decir es que investiguen a fondo las injusticias que se cometieron con Lina para que se aclaren las razones de su deceso y no haya más especulaciones”.

En el Gimnasio Moderno, ubicado en la calle 76 con carrera 11, en el norte de Bogotá, se realizaron ayer las honras fúnebres. Horas antes de que las cenizas fueran llevadas a Medellín, hubo una velación en la Funeraria Gaviria, donde asistieron familiares, modelos y personajes de la televisión.

La Lina Marulanda que descubrí

VIENA RUIZ
BOGOTÁ, COLPRENSA

COLPRENSA

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Lina Marulanda falleció ayer.

Es muy triste tener que hablar de una mujer de la que mi primer recuerdo es cuando tan sólo cruzaba los doce años de edad y la vi a lo lejos, la seguí con la mirada en Unicentro, que para la época, era el principal centro comercial de Bogotá.

A mis 21 años de edad, me encontraba en plena actividad como modelo de pasarela y en diferentes campañas publicitarias, pero teniendo siempre claro que esta profesión es un mundo efímero, de la fantasía de la belleza estética; estaba en búsqueda de un proyecto más ambicioso: crear mi propia agencia de modelos, donde la formación fuera el pilar que sostuviera el proyecto.

Al verla, no dudé en su potencial en esta competida profesión. Por eso, me armé de valor y me acerqué a ella, que siendo una niña no estaba sola.

Lina se encontraba pegada al brazo de su padre, en una forma que demostraba el amor infinito que se profesaban los dos. Allí, las palabras sobraban, las miradas entre los dos y la forma en que caminaban como si fueran uno sólo, era la mejor prueba del afecto que a padre e hija les unía.

Mostrando un atrevimiento que no me caracteriza me acerqué a ellos, y a Jaime, su padre, con mucho respeto, me presenté diciéndole que estaba formando mi propia agencia de modelos y que su hija me parecía divina.

Antes de la respuesta de Jaime, Lina casi me interrumpió con su voz de niña, pero más firme y fuerte de lo que se esperaría de una pequeña de su edad. «Me llamo Lina», fueron esas primeras palabras, con ese carácter de la mujer que siempre fue, segura de si misma, sin que esto le hiciera perder cordialidad y amabilidad en el trato de los demás.

Su padre me hizo saber que no era la primera vez que recibía ofrecimientos Lina para modelar, pero él, como padre amoroso que siempre conocí, no había aceptado para proteger la infancia de su pequeña.

Sin embargo, él me conocía de Medellín, tenía buenas referencias mías, y ante la felicidad de su hija al escuchar mi ofrecimiento, pues ella no paraba de saltar y gritar de la alegría, «íPapá, quiero ser modelo! íDéjame ser modelo!». Terminamos por acordar una cita al día siguiente.

Nos despedimos, y al verlos caminar a la distancia, ella lo abrazaba y apretaba de alegría por cumplirle un sueño. Quizás él, pensando en que sería un juego de niños, un capricho de su pequeña, sin imaginarse que Lina tendría la belleza y el talento suficiente para convertirse en una modelo que haría historia en las pasarelas del país.

Al día siguiente, muy cumplidos, visitaron lo que era mi centro de operaciones en mi naciente agencia de modelos. Les mostré todas las instalaciones y el programa completo que, luego, Lina cumpliría con honores hasta los 16 años cuando dejamos de trabajar juntas.

Su tarea no era nada sencilla. En ese momento habíamos logrado conformar un grupo selecto de jóvenes promesas del modelaje que luego devorarían las pasarelas más importantes del país y se llevarían las campañas publicitarias más ambiciosas que en ese entonces se hacían en Colombia.

Junto a ella se preparaban niñas como Patricia Vázquez y Catalina Aristizábal, quienes con una belleza y estilo propio disputaban los primeros lugares entre las modelos favoritas de los colombianos. Ser una de las mejores modelos en un país de mujeres bellas, fue uno de sus grandes logros profesionales.

Ella siempre demostró tener los pies sobre la tierra, pero yo nunca me cansé de repetirles que el mundo del modelaje era duro, corto y difícil, que nunca dejaran de lado su carrera profesional, y ella, como publicista, obtuvo grandes logros.

Mujer de pasos largos y firmes, que venía de una familia amorosa y con objetivos claros, era natural que fuera haciendo su propio nombre en el mundo del entretenimiento. Incluso, siendo una jovencita de alto impacto, compartimos en más de una ocasión en pasarela. Ella se robaba el show con toda su magia.

Fue una pupila mía, y aunque siguió mis pasos en la presentación, ella en poco tiempo empezó a forjar su propio camino.

La última vez que nos vimos fue el año pasado cuando ella fue portada del especial de novias de Revista Nueva, al saber nosotros que ella volvería a darse una oportunidad en el altar.

Hablamos de todo un poco en esa ocasión. Recordamos viejos tiempos y allí me contó que se estaba dando un tiempo fuera de las cámaras, para luego volver con la contundencia que la caracterizaba, pero ahora para ser presentadora de las noticias generales. De lograrlo, todos quienes tuvimos la fortuna de conocerla, sabíamos que en dicho proyecto, haría historia.

Dios la bendiga y que su recuerdo sea una luz que ilumine a su familia y seres queridos.

Lina Marulanda, la diosa que se aburrió en el paraíso

Hace tres años el periodista Héctor Rincón escribió este perfil de la presentadora,Lina Marulanda, cuando anunció su retiro de la televisión y la búsqueda de otra identidad. Esto si es hablar y escribir por el pico.

Por Héctor Rincón

En el 2007 Marulanda nos contó por qué decidió retirarse de la televisión y pasar a la radio. Su pareja sentimiental de ese entonces, Diego Cadavid, llenaba sus días de felicidad.

Claro que es bonita, muy, pero no diré más sobre eso; no insistiré en lo fina que es su nariz ni en lo firme que es su mandíbula ni en la geometría de su cara toda llena de ángulos porque ya bastante se ha dicho sobre eso y bastante le han mirado su cuerpo largo con sus largas piernas de modelo que camina a las zancadas. Diré que de Lina Marulanda nada sabía, la había visto solo en esas apariciones fantasmagóricas cuando vas naufragando por los satélites televisivos; diré que de ella me parece sobresaliente el vértigo de su verbo y la vehemencia de sus manos que usa para enfatizar lo que tiene por decir y lo que tiene por decir es una catarata de convicciones que le nacen de su muy adentro y que son tantas -las convicciones- y tan labradas y tan infranqueables que nada más que respeto y admiración merecen -sus convicciones-.

Que sea vertiginosa en la palabra es nada más que una manifestación de su vida rápida de estrellato rápido. Ascendió rauda a una cumbre en la que suelen demorarse la vida entera porque al momentico de empezar a trepar ya era modelo reconocida y al siguiente segundo estaba frente a las cámaras de la televisión ejerciendo de presentadora que es la quimera de millones. Y mientras tanto estudiaba lo que quería que era Publicidad y Mercadeo y pronto muy pronto le llegó el cuarto de hora con todo lo demás: salió del nido familiar de papá-mamá-tres hermanos; vivir sola, responder por ella misma, carátulas de revista, chismes de revistas, maquillaje para las revistas, maquilladora para televisión, reflectores, vestidos de baño, vestidos de novia, el color del pelo, firme aquí el contrato, sonría allá, quieta, playa-brisa-mar. El paraíso.

Un paraíso pleno, sin zancudos ni nada, abundante en príncipes dispuestos y en contratos gordos, prendas para cada ocasión. Así fue la vida de Lina Marulanda desde cuando despuntó en el mundo del flash hace nada, hace apenas seis años, y por el vértigo que ya dije pasó por canales, se amistó con los sets, le descubrieron el ángulo, le plantearon secciones, le escribieron libretos, incluido el libreto de su propia vida sentimental diseñado para el colectivo de las niñas lindas que pisan las pasarelas: tú por aquí, tú dices esto, tú sonríe así, tú te lees esto y tu interés por la vida limita por el norte con los matrimonios, por el oriente con los diseños, por el occidente con los divorcios y por el sur con yates y con playas y con estrellitas que se empelotan sin reparos y sin ninguna condición distinta a que se vean lindas y a que las fotos que les publiquen sean bien grandes.

Hasta le dieron isla a Lina. Una isla no sé dónde, por allá por el Caribe creo, donde los amaneceres eran amarillos y los atardeceres eran naranjas, una isla para que oficiara de diosa y mandara a su antojo con látigo por si quería usarlo en una temporada que duró tres meses y que le vendieron como El Desafío de suceder a otra princesa y ella lo hizo porque estaba escrito en su mano; en su porvenir ideado por ideólogos invisibles estaba escrito que también hiciera ese programa después de haber hecho secciones de farándula en los noticieros del Canal Caracol y de haber participado de esa manera y durante un tiempo en esa especie de tautología que consiste en pertenecer al mundo de la farándula, como pertenecía Lina, e informar sobre el mundo de la farándula, como informaba Lina.

Pues Lina se mamó de ese paraíso sin zancudos. Comenzó a sentirse estrecha en un mundo demasiado repleto de lentejuelas, bisutería no siempre fina, encajes casi nunca transparentes. Todo eso le pasaba en la vida pública mientras a la vida privada, si es que alcanzaba a tener vida privada, le puso marido. Un marido idealizado, globalizado, querido, sí querido, pero un marido que también de pronto le empezó a quedar cortico -digo yo, no lo dice ella- porque imagino que dentro de todo su proceso de reconversión, cuando Lina Marulanda se sublevó, todo ese ímpetu que tiene devastó lo que había a su alrededor incluida una posición de prestigio en un canal televisivo prestigioso, un cheque seguro, una figuración constante y el etcétera que está incluido en todo lo que ya escribí de su rol de figura pública.

En esas estaba Lina. Había abandonado la autopista por la que iba, tan confortable como iba, en quinta velocidad como iba, y se propuso buscar su vida por los atajos. Se echó al monte. Decidió el camino de la dificultad al cambiar de casete y no querer la presentación de la farándula, la nota del reinado, el manido desfile, el maldito coctel. Renunció al Canal Caracol, a ser tan visible como son de visibles los iluminados por los reflectores de los estudios y aceptó una invitación para sumergirse en un medio opuesto, en la radio, en el que no valen las cejas delineadas ni el rubor exacto sobre las mejillas ni nada distinto a la imaginación instantánea y la palabra precisa en el momento justo.

Raro, muy raro. Muy raro que alguien relinda, tan relinda que ese sería su patrimonio principal, renuncie a usarlo y se entregue a la invisibilidad radial, a dejar todo lo que es en las manos de la imaginación de los oyentes; raro muy raro pero eso fue lo que hizo Lina Marulanda al dejar el altar televisivo y pasar a La W Radio, a estrenar un camino de espinas cuando toda su ruta -y su pasado y su futuro si lo siguiera- estaba hecho de rosas millonarias y de reconocimientos públicos y de viajes y de contratos. El paraíso. El falso paraíso que no quiso tal vez por el hartazgo del hábito, tal vez, pero con seguridad porque se sentía estrecha en el encasillamiento de la información blandita; incómoda de tapar el hueco de la sección de entretenimiento del sábado; de hacerle otra vez el eco obligado a la telenovela recién estrenada, de todo eso, se fue sintiendo emboscada a pesar de que a ese trabajo de luces y de sonido le sumó durante un tiempo largo su trabajo en el área de mercadeo del canal en donde pudo al fin practicar lo aprendido en las universidades en las que estudió, toda juiciosa, Publicidad.

La decisión estaba tomada y vigente: Lina radial, Lina W, Lina sin maquillaje ante el micrófono sin cámara, Lina sin pasar por el secador, casi sin mirarse al espejo, Lina por primera vez Lina escueta. Pero llegó un famoso cazador de talentos, un aguerrido buscador de sobresaltos, llegó Yamid Amat a lanzarle anzuelos, a buscarle arrepentimientos y todos sabemos que las obstinaciones de Yamid son ineludibles, así que Lina cayó en las redes de la tentación del demonio y se enredó en ellas porque todos sabemos que es fácil enredarse en esos afanes de lo que yo había creído, de lo que vos me habías dicho, de lo que habíamos pensado, lo que no planeamos.

No funcionó. No funcionó porque Lina ya había levantado el vuelo del estereotipo que le chantaron: el de la niña bonita que presenta toda cándida lo que hacen o deshacen las otras niñas bonitas, y no iba a regresar a hacer lo mismo en el canal de Yamid, así que se concentró en W Radio por las tardes, lo que quiere decir las mañanas para ella, el desayuno en calma, el gimnasio no por vanidad sino por física necesidad, la cantidad de lecturas aplazadas, la búsqueda de materiales diversos para su programa y también el tiempo para el amor que Lina encontró en esta refundación de su vida.

Porque concluyó sonriente y amistosa aquel matrimonio entusiasta que le cubrió una época, que cumplió con una época, y halló en el camino al actor Diego Cadavid, que además es fotógrafo, que le hace brillar los ojos y quien le parece de inteligencia desbordada, alguien más parecido a su vida de ahora, ¿más vertiginoso?, ¿más incierto?, más vital quizás para que le haga compañía en este camino de las dificultades por el cual ha echado a andar Lina Marulanda, quien estuvo en el paraíso y se aburrió de tan rosadito que era.