24 de enero de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Lo que hay que tener en cuenta al votar

12 de abril de 2010

Para los social demócratas y militantes del liberalismo colombiano y que además vivimos y nos sentimos comprometidos con el futuro de Risaralda y Pereira,  los criterios orientadores deberían ser la defensa, promoción y realización de la definición, fines, principios e instituciones del Estado Social de Derecho; la reconquista del poder por parte del Partido Liberal y el reposicionamiento del departamento y su capital como líderes en el ámbito nacional e internacional.
Si comparamos las características que el artículo primero de la Constitución Política de Colombia le atribuye a nuestro Estado Social de Derecho, con la forma como ha entendido y ejercido su papel institucional el actual gobierno, con el concurso de quienes hoy pretenden heredarlo y prolongarlo; la conclusión sería rechazar en forma enérgica el continuismo, sin importar el empaque con el cual hoy se oferte.
Para la comparación son pertinentes las siguientes preguntas: ¿Durante los últimos ocho años avanzamos en la descentralización? ¿Qué tanto ganaron las entidades territoriales en autonomía? ¿Qué tan democráticos, participativos y pluralistas somos, después de años de desmonte y persecución del sindicalismo, criminalización de los opositores y hostigamiento a los defensores de causas populares? ¿Podemos hablar de respeto a la dignidad humana con el antecedente de los secuestrados que se pudren en la selva, el desplazamiento creciente y los homicidios cometidos por miembros de las fuerzas militares, llamados tibiamente “falsos positivos”?
Con el mismo propósito debemos afirmar que la dignidad humana, el trabajo, la solidaridad y la prevalencia del interés general no lucen como los fundamentos de nuestra institucionalidad, cuando la respuesta del Estado a la pobreza es la limosna,  el desempleo es un indicador insignificante mientras la productividad favorezca el crecimiento del capital y las oportunidades solo son para quienes que lo tengan.

La reconquista del poder por parte del liberalismo solo será posible si unimos fuerzas con quienes comparten la visión del Estado que proclama la Constitución Política de Colombia y sean capaces de contribuir con efectividad a una victoria electoral y garantizar una gobernabilidad que nos lleve a la paulatina recuperación del mando. Ninguna de estas condiciones se cumplirá con adhesiones mecánicas e incondicionales o con la deserción silenciosa de los dirigentes. La posibilidad de acceder y en qué forma, a los puestos de comando, depende de cómo se exprese el Partido Liberal en su conjunto el 30 de mayo durante la primera vuelta: con un buen desempeño podríamos pasar a la segunda o tener una capacidad de negociación importante; pero si los resultados develan desinterés, falta de trabajo o el deslizamiento encubierto de los votos hacia otro lado, la colectividad podría estar preparándose para su disolución.

La suerte de Risaralda y Pereira también depende de lo que ocurra en las elecciones presidenciales, así como la postergación de las legítimas aspiraciones de la región es una consecuencia de la manera como nos ha valorado el gobierno central durante los últimos doce años. Nada hace pensar que el continuismo en cualquiera de sus formas pueda traer mejores vientos para Risaralda y Pereira, ya que depende del papel que ocupe la descentralización y la autonomía de las entidades territoriales en la agenda del próximo mandatario.

A la luz de los criterios expuestos, la figura del “voto útil” sólo puede ofrecer un triunfo amargo, alcanzado luego de perder o renunciar a todo lo que nos confiere dignidad y nos habilita para reclamar respeto por las causas que defendemos. No le sirve a la democracia, al liberalismo y mucho menos a la región.