25 de enero de 2021
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Eduardo Caballero Calderón, el novelista

22 de abril de 2010
22 de abril de 2010

En efecto, el 6 de marzo de 1910 nació, para gloria de las letras nacionales, el novelista que llevó a su obra literaria no sólo la angustia del campesino que lucha por obtener un pedazo de tierra para asegurar el sustento de su familia, sino el escritor que interpretó en sus novelas la violencia política de los años cincuenta, una época aciaga en la historia de Colombia por el enfrentamiento entre los dos partidos políticos tradicionales, el liberal y el conservador.

Pues bien: la conmemoración de este centenario debe motivar a los  estudiosos de nuestro proceso literario a abordar de nuevo, con sentido crítico, la obra narrativa de un autor que tuvo como constante temática  ese flagelo que asoló a Colombia. Sobre todo porque las novelas de Eduardo Caballero Calderón son una radiografía de ese país que les tocó vivir a miles de colombianos. “El Cristo de espaldas”, “Siervo sin tierra” y “Manuel Pacho” son tres novelas emblemáticas de esa violencia  que se vivió en Colombia como consecuencia del  enfrentamiento  partidista. Los personajes de estas obras enseñan al lector lo que fue esa época de ingrata recordación.

En “El Cristo de espaldas” el hilo narrativo maneja la historia de dos hermanos medios,  hijos de Roque Piragua. Uno, Anacleto, es liberal; el otro, Anarcasis, es conservador. Un día Roque Piragua, que era conservador, aparece muerto. Entonces su hijo Anacleto llega a la iglesia para decirle al sacerdote que él no lo mató. El cura le cree, pero el pueblo no. Así las cosas, Anarcasis lidera una manifestación donde lanzan arengas contra los liberales. Los conservadores tratan de linchar a Anacleto. El alcalde, para impedirlo,  le apunta con su revólver a la cabeza. Pero se interpone el sacerdote joven. Para evitar una tragedia,  Anarcasis le arrebata el revólver al alcalde.

En “Siervo sin tierra”  la historia también se viste de tragedia. Siervo Joya, el protagonista, un humilde campesino boyacense, regresa a su tierra después de pagar el servicio militar. Pero se encuentra con una realidad: a su madre, Sierva Joya, la despojaron del pedazo de terreno donde vivía en el Cañón del Chicamocha. Siervo, que es liberal, quiere recuperarla. Pero para lograrlo debe enfrentar todo tipo de dificultades. Un día, pasado de tragos, mata a Anastasio, un campesino conservador. Entonces es privado de la libertad.  Pero él alega que es inocente porque actuó en legítima defensa. Al final, aprovechando los desórdenes  del 9 de abril, escapa de la cárcel y, de nuevo, regresa a su pueblo.

En “Manuel Pacho”, que cierra la trilogía de Eduardo Caballero Calderón sobre la violencia política, el lector se encuentra con la misma temática. El personaje principal es un hombre insignificante que en un momento de su vida realiza un acto de heroísmo.  Un día cualquiera le  toca presenciar, desde un árbol, cómo unos bandidos matan a su familia. También le tocó ver morir a la madre, arrastrada por las aguas del río. Manuel Pacho es un hombre limitado por el analfabetismo.  Esta novela es la historia de un personaje que, para darle a su padre cristiana sepultura, atraviesa los Llanos Orientales, desde Orocué, con el cadáver al hombro.

Eduardo Caballero Calderón fue un novelista comprometido con la realidad social Colombiana. Todo lo que desató la violencia política está en sus novelas como testimonio de una época difícil. El despojo de la tierra, la humillación hacia el que nada tiene, los procesos judiciales arreglados, la retención de las cédulas por parte de los políticos, la intromisión de la iglesia en asuntos electorales, las masacres contra simpatizantes de los partidos, los delitos contra la pureza del sufragio, son hechos que narra el novelista con una mirada objetiva, sin ocultar la tragedia que vivió el país. Así las cosas, al conmemorarse cien años del nacimiento de Eduardo Caballero Calderón  los colombianos debemos volver la mirada hacia su obra literaria. Sobre para que no olvidemos al pasado.