25 de enero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Contrapunto

25 de abril de 2010

Yendo de menor a mayor, el acoso laboral, la pérdida del empleo, el detrimento del ingreso, una quiebra, la lesión enorme a la buena fe sobre la que se cimenta una relación, sea afectiva o de negocios, un rompimiento fundado en motivo aparente, la violencia intrafamiliar, como tanto otros motivos serios, pueden llevar al límite del desespero, siempre precedido de un ataque incontenible de nervios que hace acercarse a la víctima a una ventana, ¡y volar!, a empuñar un arma y ¡pum!, o tirársele al tren, en fin.

Ante un suicida siempre nos preguntamos acerca de qué fue lo que le pasó, pero no nos detenemos a indagar por el determinador de su acto, como sería la existencia de una pareja vil y maltratadora, de padres opresivos, de un socio tramposo, de un patrón intolerante y bellaco, de una relación familiar insatisfactoria, como aquella que con masoquismo toleran algunas mujeres superiores, que cargan indefinidamente con mantenidos en sus casas.

La investigación criminal de los suicidios está en pañales, limitándose a establecer si hubo suicidio y no homicidio, y pare de contar. Eso no debería ser así, porque en el fondo de todo suicidio hay por lo general otro ser humano que ha obrado como determinador del acto y, por lo tanto, cabría deducirle responsabilidad penal por su conducta.

Aparte lo anterior, subrayemos la importancia del buen trato, el que debemos dar y el que debemos recibir, de cortar por lo sano, para precaver la ocurrencia de semejantes consecuencias fatales. Pues sí, hemos perdido las buenas maneras para relacionarnos, no sabemos discrepar, no tenemos el valor para decidir “ahora o  nunca”, para llevar adelante la vida con claridad en lo afectivo, en lo financiero, en lo laboral.

Hago estas reflexiones desde las experiencias, unas buenas y otras amargas que rayan en lo despreciable, que me ha deparado la existencia, también por el impacto mismo que he sufrido ante el hecho muy notorio que registran los medios de comunicación, que solo cavilaciones suscitan como experiencias de vida.

Nadie, nadie nace, ni crece suicida, pero si hay sujetos que nacieron y se han formado para provocar tales desesperos en sus víctimas, que no les dejan otra alternativa que poner fin a sus días.

Tiro al aire: a mí cámbienme la receta, es el valor de la vida. Mejor llorar que morir. Hay que procurar vivir, a pesar de quienes nos procuran daño mortal. Pobres de ellos, porque los acecha la ruina material y moral. Pero tampoco será bueno sacarlos de nuestros corazones, es la enseñanza desde el amor y el perdón.

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