26 de enero de 2021
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Bernardo Jaramillo Ossa: 20 años después

13 de abril de 2010
13 de abril de 2010

Por: Albeiro Valencia Llano

albeiroEste joven dirigente político manizaleño militó en la juventud comunista y se formó en el grupo familiar de dos veteranos líderes de izquierda: Rubén Darío Castaño y Ángel Jurado. La Federación de Trabajadores y la Universidad de Caldas sirvieron de plataforma para expresar sus ideas y para formarse como un líder estudioso, inteligente y astuto. Llamaba la atención su vozarrón; deleitaba y convencía por medio de la palabra. A lo anterior se le añade su elevada estatura y su atractiva figura. Tenía carácter y carisma.

Como abogado asesoró a los sindicatos bananeros de Apartadó, fue Personero y Concejal. Pero su prematura incursión en la política nacional llegó en 1986.

El poder del crimen organizado

En 1980 el narcotráfico parecía inofensivo y en muchos municipios despertaba simpatías. En varias ciudades y departamentos los nuevos mafiosos se volvieron populares porque construían barrios enteros, compraron equipos de fútbol, construían escenarios deportivos, regalaban dinero a los sectores más pobres y, de este modo, llegaron a los concejos de los municipios, a las asambleas departamentales y a la vida política nacional.

En muchas regiones se produjo una alianza macabra entre las élites terratenientes (gamonales) y los narcotraficantes, para crear bandas paramilitares y, con la disculpa de exterminar los grupos guerrilleros, se apoderaron de la tierra y expulsaron a los campesinos. En el siguiente paso empezaron a controlar el Estado y generalizaron la violencia para impedir reformas sociales.

Con el presidente Belisario Betancur se creó un nuevo clima y posibilidades de paz con los grupos guerrilleros: se produjo la amnistía, negociaciones, la tregua y el cese al fuego de 1984. En este momento surgió el movimiento político Unión Patriótica (28 de mayo de 1985) que empezó a generar espacio político para discutir sobre la guerra y la paz. El nuevo movimiento empezó a romper esquemas y dogmas y a cambiar el discurso de los sectores de izquierda.

Pero la mafia era muy fuerte y los enemigos de la paz estaban al acecho. Las negociaciones tropezaron con la creación del grupo Muerte a Secuestradores (MAS). Apareció la mal llamada guerra sucia. En este enrarecido ambiente irrumpió con fuerza el joven dirigente del Nuevo Liberalismo, Luis Carlos Galán. Se atrevió a denunciar el peligro del narcotráfico y advirtió su penetración en la sociedad colombiana, especialmente en la política y en la economía.

Pero los mafiosos respondieron de una manera contundente contra sus enemigos: el 30 de abril de 1984 fue asesinado el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla y el 17 de diciembre de 1986 el director de El Espectador, Guillermo Cano Isaza; ambos libraban una dura batalla contra los carteles de la droga. Galán endureció su discurso denunciando las alianzas criminales y la corrupción del Estado; invitó a moralizar el país y a construir una auténtica democracia. En ese momento había regresado al Partido Liberal y se perfilaba como futuro presidente de Colombia. Por esta razón fue asesinado el 8 de agosto de 1989.

El fenómeno político de la Unión Patriótica

En este escabroso clima político y sumergido en el difícil ambiente ideológico, se forjó Bernardo Jaramillo. Estos factores contribuyeron a su transformación en una figura de talla nacional. La Unión Patriótica (UP) avanzaba en medio de tremendas dificultades por el asesinato sistemático de sus militantes. En 1985 apareció en el antiguo Caldas, el grupo Muerte a Comunistas (MAC) grupo paramilitar que distribuyó panfletos amenazando de muerte a los líderes de oposición: sindicalistas, activistas de partidos de izquierda y del Comité Permanente por la Defensa de los Derecho Humanos. El 11 de noviembre de 1985 fue asesinado el presidente de Fedecaldas, Rubén Darío Castaño. Los paramilitares y sus aliados continuaron sembrando el país de cadáveres.

En respuesta la Unión Patriótica fue premiada con el voto de opinión, para las elecciones de mayo de 1986, pues obtuvo cinco senadores, nueve representantes, 14 diputados, 351 concejales y 23 alcaldes. El joven Bernardo Jaramillo fue electo Representante a la Cámara por Antioquia. Los logros de la izquierda dispararon el odio anticomunista. Un nuevo baño de sangre cayó sobre el país: como consecuencia de las elecciones fueron asesinados numerosos concejales de la UP y el Representante a la Cámara, Leonardo Posada.

En el caos, y cuando el Gobierno se quedaba quieto mientras masacraban a los líderes de oposición, la UP convocó a los medios de comunicación para una rueda de prensa (18 de marzo de 1987). En este acto el candidato presidencial de dicho partido, el ex magistrado y profesor universitario Jaime Pardo Leal, lanzó graves acusaciones contra los miembros del Ejército y de la Policía comprometidos en asesinatos y desapariciones, en alianza con grupos paramilitares. Y Pardo Leal fue asesinado en octubre de 1987.

¡Venga esa mano país!

Como nuevo presidente de la UP fue elegido Bernardo Jaramillo, cuando apenas tenía 33 años. En esta nueva etapa de su vida política se preocupó por distanciar la UP del movimiento guerrillero; mientras tanto se intensificaba la ola de sangre contra los sectores de oposición. Durante los 29 meses que permaneció como Presidente del movimiento político señaló, permanentemente, al paramilitarismo y a sus enlaces oficiales como responsables de los asesinatos selectivos y de las masacres.

Más tarde, a los 36 años de edad, fue elegido candidato a la Presidencia de Colombia; su lema de campaña: ¡Venga esa mano país! Su imagen atractiva y avasalladora, su carisma y sus contundentes discursos se fueron difundiendo en veredas, pueblos y ciudades. En la medida en que crecía su popularidad se convirtió en la persona más amenazada del país. Sobre este tema le contó a la periodista Marta Harnecker, en 1988, lo siguiente: “No pienso mucho en esto. Tomo las medidas necesarias. Empiezo a moverme dentro de la nueva situación con una nueva mentalidad, pero siempre teniendo como norte el papel que me corresponde jugar en la acción política revolucionaria del pueblo colombiano y dejando en un segundo plano, el temor de mi propia vida”. Pero también fue asesinado, en la mañana del 22 de marzo de 1990, porque representaba una opción de paz y de tolerancia. El magnicidio del candidato presidencial abatió a millones de colombianos.

De este modo a la UP le asesinaron dos candidatos presidenciales, 8 congresistas, 13 diputados, 70 concejales, 11 alcaldes y más de 4.000 militantes. La alianza entre el poder mafioso y algunos sectores políticos se prolonga hasta hoy y se refleja en la creación de ejércitos, conocidos como paramilitares, que se apoderaron de municipios y de enormes regiones. Este contubernio se evidencia, también, en más de 20.000 asesinatos y cuatro millones de desplazados, en los últimos años y en el proceso de la parapolítica que vinculó a 83 parlamentarios.

Contra esta alianza funesta luchó Bernardo Jaramillo. Su legado sigue vigente. Para que su muerte no quede impune la Fiscalía determinó que su asesinato es un crimen de lesa humanidad.