15 de enero de 2021
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Atisbos desde «el refugio»

17 de abril de 2010

El país, se ha acostumbrado a la permanente publicación de sus obras de gran dimensión jurídica. Estas, las alterna con ensayos sobre materias de contenido político doctrinario.

Su experiencia como Magistrado del H. Consejo de Estado, acentuó su versación en estudios constitucionales, resplandecientes por su claridad interpretativa.

En los últimos años, ha lanzado a la circulación libros en torno de la Carta Magna, en los cuales desarrolla los nuevos temas sobre los deberes y derechos de la ciudadanía; cómo deben cumplir las administraciones Departamentales y Municipales con sus obligaciones, que conlleva la elección popular, el desenvolvimiento de las nuevas tesis, sobre la participación popular; etc, etc. Son repasos eruditos de disímiles principios, a veces mal aplicados por sus intérpretes.

Henao Hidròn, es hombre de Academia, en ella explica teorías y principios acerca de las más intrincadas especialidades legales. Ello lo complementa con libros de viajes en los cuales su visión del arte, de la naturaleza y el mundo intelectual, asoma con su ímpetu mental.

Acaba de aparecer la tercera edición del libro de Javier Henao Hidròn que titula “Uribe Uribe y Gaitán: caudillos del pueblo”. Es una obra que despierta interés político y cultural y se agota por la ansiedad con la cual la persiguen sus lectores.

El ensayista se inclina a la biografía de ambos personajes, pero lo esencial es levantar su pensamiento. Señala, desde luego, cómo ellos enriquecieron los postulados liberales. El uno y el otro, le dieron su beligerante acento social. Uribe Uribe predicó su socialismo liberal, con acento, especialmente, en la intervención del estado. Sin éste instrumento, no puede hacerse desarrollo dinámico de la economía; ni se pueden evitar los monopolios y el liberalismo no logra repartir la riqueza para detener el progreso de la marginalidad en la comunidad colombiana. El, hizo los mejores planteamientos sobre salarios, problemas del trabajo, seguridad social, aduanas e impuestos.

No hubo tema que no señalara como esencial para su desenvolvimiento armónico de la vida nacional. Luchó contra las enfermedades, entre ellas el alcoholismo, vicio que ha hundido, en la inutilidad, a muchas inteligencias nacionales. Fue un luchador, pero, a la vez, hombre que, con sus ideas, enriqueció la doctrina, que aún sigue vigente.

Jorge Eliécer Gaitán fue el caudillo popular. El pueblo lo sentía como la luz de la revolución social. Hombre de la Universidad, al graduarse escribió una tesis sobre “Las ideas socialistas en Colombia”. Completó su formación cultural en Europa, en el momento en que crecía la reacción criminal del nazismo y del fascismo. La Revolución de Octubre de Rusia, iluminaba el pensamiento universal. Se cumplía un vuelco en las artes – literatura, música, pintura a través de los “ismos”. Es cuando el pensamiento universal, entra al modernismo. Gaitán trae ese mensaje a la cultura nacional. Como penalista, sus tesis sobre la “premeditación” y sus clasificaciones del honor, las tomó el Profesor Italiano Enrico Ferri y, en sus obras jurídicas, las propuso a la meditación de los juristas.

Su “Programa” en la Campaña Presidencial y su “Programa del Teatro Colón”, que reproduje en mi libro “Origen programas y tesis de liberalismo”, sirven aún como consulta para principios que deben aplicarse desde el gobierno. Su lucha por el liberalismo enriqueció sus postulados. Fue un liberal de izquierda que expandió los principios que hacen de permanente actualidad los planteamientos.

Después de que recibió la investidura de Jefe Único del Liberalismo, en 1947, me ofreció la oportunidad de acompañarlo en una correría por el país. Era hombre gratísimo, de fina cultura intelectual y humana. Difícil encontrar un orador como él. Con la palabra despertaba la lucha de la esperanza del pueblo colombiano. Era un espectáculo de alegría colectiva. Le repartía confianza a la multitud. Sus palabras estremecían a los colombianos.

Este libro, “Uribe Uribe y Gaitán: caudillos del pueblo” de Javier Henao Hidron, pone en evidencia cómo era de activa la vida de éstos Jefes Liberales. Cómo con nobleza ideológica entregaban pedagogías a los colombianos. Su palabra doctrinaria, no era de exclusiva orientación para los liberales. Cada uno de sus razonamientos, buscaba despertar conciencia sobre algún problema nacional. Eran dos hombres de cultura – sin ésta no se puede hacer política – que encendían las devociones por el liberalismo y por la patria. Ellos le dieron grandeza a las luchas de los partidos.

Tuvieron la convicción de que sin colectividades partidistas muy fuertes, no pueden cumplirse buenas labores en servicio de la colectividad. Si los partidos son fuertes, arden en las ideas nacionales; logran crear programas con orgánicos principios; gobiernan con autoridad y los caminos que señalan son de apertura para la realización de los sueños nacionales. Los partidos fuertes, exterminan la corrupción entre sus adherentes.

A la vez, surgen mandatarios y parlamentarios que levantan, en grandes actos administrativos, palabras para orientar el destino nacional.

En éste admirable libro de Henao Hidròn, escrito en prosa con resplandores de claridad, pueden aprender a amar al liberalismo y confundirse con los anhelos sociales del pueblo colombiano, quienes aspiren a conducir multitudes. Estas son devotas de la altura intelectual de Uribe Uribe y de Gaitán, y les conservan adhesión por el resplandor ético de sus existencias.