21 de octubre de 2019
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La revolución del gas natural

31 de marzo de 2010

La semana pasada, dos décadas después de haberse iniciado la política de masificación del uso del gas en Colombia, se  reunió en Cartagena el Congreso de "Naturgas".
Allí hubo ocasión de hacer un completo balance  de lo que el país ha progresado en el uso de este importante energético entre 1990 y 2010. Sin exageración  puede afirmarse  que  no ha habido en los últimos veinte años una revolución energética de igual magnitud a la que ha experimentado Colombia con el uso del gas natural.
Hace veinte años los usuarios residenciales de gas natural (para cocción de alimentos y para calentamiento de agua) escasamente ascendían a 500.000 hogares. Había solo un gasoducto que conectaba los yacimientos de la Guajira con los principales centros de consumo en la costa atlántica. Hoy  existen varios gasoductos, y más de cinco millones de hogares que a lo largo y ancho del país están conectados al  gas natural. El 85% de los cuales pertenecen a los estratos uno, dos y tres.
La economía en la factura energética de estos cinco millones de hogares ha sido bien importante. Es  sabido que el costo de la energía eléctrica es  superior a las unidades energéticas equivalentes provenientes del gas natural.
Pero no solo los hogares colombianos han entrado en la era del gas natural. En general el uso de este hidrocarburo ha venido tomando peso en la canasta energética del país. En 1990 el 5,2% de la energía que se consumía  provenía del gas natural. Actualmente representa el 13,6%.
El sector industrial ha entrado de lleno también a utilizar gas natural en sus procesos. En la actualidad consume, en gas, el equivalente a 50.000 barriles diarios de diesel.
El parque generador de energía eléctrica también se ha apoyado notablemente para su expansión en la  combustión de gas natural. Una de las razones que explica porqué logramos pasar sin racionamientos este duro "Niño" del 2009-2010 estriba en que el país  depende hay menos que hace veinte años de la generación hidráulica. Y tiene mayor hay soporte en la generación térmica a base de carbón y gas natural.
Y, por supuesto: el país cuenta en la actualidad con cerca de 250.000 vehículos rodando a base de gas natural, 310 estaciones de servicio especializadas en su expendio y 330 talleres certificados para conversión y revisión periódica de los vehículos.
Los hallazgos que se han hecho en los últimos años en la zona de Cusiana y en otras áreas de gas natural asociado al crudo; las prospectivas halagüeñas que existen  en las costas del Caribe- adicionales a los yacimientos tradicionales de la Guajira-; y las mismas reservas de gas natural que se han detectado en los ricos mantos carboníferos del país, nos hacen ser muy optimistas sobre el futuro gasífero de Colombia. Aún más que en  hidrocarburos líquidos, el porvenir energético del país puede reposar en el gas natural.
Habrá que mejorar su marco regulatorio que aún es deficiente, como pudo constatarse  en el  Congreso de Naturgas de la semana pasada en Cartagena. Pero es grato constatar que durante los últimos veinte años tuvo lugar una revolución silenciosa pero gigantesca en los usos energéticos del país: la revolución del gas natural.