21 de octubre de 2019
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El extraño caso del candidato Fajardo

27 de marzo de 2010

Pues a mí no me cae gordo. Al contrario, mi experiencia me manda a decir que es cercano y cordial en el trato. Lo que dicho de él, y lo sostengo, es que me parece peligroso en la medida en que carece de ideología y de lo que es más sencillo, de propuestas sintonizadas con las urgencias del país. Pero lo felicito por tener el valor de hacer tantas cosas en condición de outsider, es decir, compitiendo con pocas posibilidades de ganar. Para eso se necesita tener superado algún umbral de aquellos que agobian la condición humana, por ejemplo, el de la posibilidad de hacer el oso.

El hombre, como administrador, tiene la cabeza bien puesta y si bien no todo le salió a pedir de boca, porque nadie es perfecto, como político de troche y moche no tiene ni veniales y, prueba al canto, el resultado electoral del 14 de marzo.

Solo a un novato se le ocurre la pendejada de confundir al electorado mandando sus candidatos al Congreso bajo divisas dispares: que los candidatos al Senado por Compromiso Ciudadano y que los candidatos a la Cámara por la ASI. Eso fue una solemne chambonada y demuestra la importancia de contar con baquianos para adelantar la lucha política. El hombre desnudó tener la malicia de un gato de porcelana y así no se llega a ninguna parte.
 
Su falta de estrategia y de táctica puso en calzas prietas su aspiración presidencial, no por culpa de nadie diferente a él mismo y, de sobremesa, por la vigorosa aparición de los verdes en cabeza de Antanas Mockus, quien, se pudo ver, aprendió de pasadas experiencias.

Entonces, se impone preguntar: ¿qué se le hicieron a Fajardo, o los miles de ciudadanos que coparon con sus firmas las planillas para la inscripción de la candidatura presidencial?

Le pudo suceder lo que a Raúl Quintero, jefe conservador de Tadó, Chocó, quien solía repartir teja, cemento, etc., para cautivar la votación de los indígenas y ocurriole que estos, obedeciendo a su gobernador, proclamaban: nosotros recibir teja y cemento de Raúl Quintero, pero nosotros votar por la Chalarca, su contendor, refiriéndose a Miguel Ángel Chalarca único diputado blanco que ha tenido la Asamblea del Chocó.

Cabe de pronto pensar que no hubo convicción, sino novelería en quienes allí estamparon sus rúbricas. De haber sido así, Fajardo estaría siendo víctima de monumental engaño y a estas alturas del partido debería obrar en consecuencia, cambiar de rumbo o retirarse, pero no correr el riesgo de amarga decepción.

Extraño Caso el de Fajardo, se llenó de firmas y espantó los votos. Mírese que viniendo de muy arriba en las encuestas, en la publicada este jueves 25 de febrero apenas registra el 6.1% de la intención de voto. El desastre total.

De contera, estamos a un año y pocos meses de disputar el cargo de alcalde de Medellín y advierto como altamente probable que el fajardismo pierda la alcaldía. ¿Por qué? Pues por los efectos debilitantes de la hemorragia nasal que está sufriendo su movimiento. Es incontenible. Cuando las destorcidas llegan, irrumpen con la fuerza de un huracán. El entable pudo haber entrado en liquidación.

La ciudad necesita de los buenos gobiernos y ojalá surja otro outsider competente, dentro de los partidos o al margen de ellos, que tenga los pies bien puestos sobre la tierra, que sepa de buena política, sin maniqueísmos odiosos, alguien leal con la sociedad, que somos todos. Un alguien que implicándonos a todos, nos saque de esa tonta división entre escogidos y réprobos, que sume y no reste. ¡Por el amor de Dios!

Tiro al aire: he revisado la Historia Sagrada y en ninguna parte encontré que la Inmaculada Concepción, o el casto San José, alguna vez hubieran hecho política.

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