21 de octubre de 2019
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Del lenguaje y sus provocaciones

14 de marzo de 2010

Pienso yo, que debe tratarse de un parco redactor ruso que no menciona si la mujer era ancha y tierna o enjuta y corrompida. Si era mujer niña o mujer hembra, si tenía diabólicos meneos de seducción o una mirada tan gélida como el Mar del Norte, si se erizaba con el olor de un hombre o con el lamento de un bandoneón. Dice el comunicado “Las aves se despertaron y comenzaron a discutir vivamente entre ellas”, “Era sencillamente imposible que el inspector de aduanas y los otros turistas no las oyeran”. He tenido que presumir también que, para ser descubiertas, las aves probablemente agobiadas por la primera nostalgia del exilio, y en un intento desesperado por ser repatriadas a los idílicos bosques de la China, al territorio sagrado de la infancia, armaron una algarabía en el preciso momento en que la mujer pasaba el puesto fronterizo de control.

Si un caso semejante sucediera en nuestra América, en nuestro Caribe metafórico y exótico, quizás algún imaginativo reportero habría titulado la noticia “Detenida mula con cargamento de perico”. Tal vez hubiera descrito minuciosamente si la aflicción de la mula era de tipo católico o evangélico, hubiera detallado sus implantes de silicona, sus lágrimas de cocodrilo, y la pronunciación lasciva de sus eses. Más adelante habría develado el corazón de la noticia: que no llevaba 50 cápsulas de perico camufladas en el interior de su estómago, sino 50 periquitos escondidos en los bolsillos de su abrigo. Porque nuestro ser latino, nuestro ser Caribe irreverentemente propenso a la broma, hace uso del más franco camino hacia el humor, que es el lenguaje. El lenguaje es el amuleto que nos preserva de la solemnidad y la desesperanza, nos permite recrear las historias, manosearlas, modificarlas. Es una provocación. En todo caso, yo he podido entrever que algún perico cabecilla lideró el complot a lo largo del viaje. Bajo cuerda, como toda conspiración. ¿Sería macho? ¿Sería hembra? ¿Sería impuesto? ¿Elegido? ¿Reelegido? ¿De la izquierda? ¿De ultraderecha? 50 pericos indignados, hacinados en los bolsillos de un abrigo rucio esperando la señal de un cerebrillo para defender sus derechos. ¿Y cuál sería esa señal? ¿Sería un guiño? ¿Un aletazo? Me pregunto si harían debates previos plagados de coaliciones, o si en el clímax de la discrepancia intentaron derrocar al líder y matarlo a picotazos. Me pregunto si hubo sobornos, suplantación de electores o adulteración de las actas. O si algunos disidentes se debatieron entre ejecutar un acto terrorista o lanzar una rústica chancleta. Todo parece indicar que 50 periquitos pueden ser más objetivos a la hora de concertar, que una sociedad atolondrada que se resiste a votar en conciencia. Porque entre ellos sí hubo acuerdo rotundo para armar tremendo escándalo al pasar por la frontera e impedir que se cometiera una injusticia.

A veces la mejor noticia es esa en la que el lenguaje abre una rendija que incita a no conformarnos con una historia inmutable, sino a conjurarla valiéndonos de la entraña humorosa de las palabras. De ahí precipitarnos al acto. Puedo visualizar el desorden que armaron los pericos, cuando supieron que su conspiración había sido exitosa y la palabrería soltada al viento mientras regresaban a casa. ¡Arriba el lenguaje y sus provocaciones! El Heraldo.