20 de mayo de 2019
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La peste del siglo

11 de febrero de 2010

Acepta la situación cuando ya no la puede negar, pero lo hace en su condición de víctima del obrar de los otros, a los cuales llega a satanizar, asignándoles el papel de chivos expiatorios. Con las drogas y el narcotráfico la historia se repite. El pasaporte colombiano se volvió sospechoso, los vuelos procedentes del país son sometidos a controles especiales, los equipajes frecuentemente destruidos y nuestras exportaciones son revisadas con lupa. 

El papel de Colombia en el negocio es innegable. El país y sus gobernantes – Betancur, Barco y Pastrana en especial -, plantearon con claridad pero con pocos resultados que Colombia tiene una responsabilidad que no desconoce, pero que el problema no es solo suyo, pues en el negocio, verdadera internacional del crimen organizado, muchos países son responsables como consumidores, aprovisionadores de insumos para procesar la droga, corredores de paso hacia los mercados del hemisferio norte, centros financieros para el lavado de los gigantescos capitales ilegales procedentes de un negocio favorecido por la globalización y los adelantos en las comunicaciones y en la telemática. 

Mundialmente los hechos son abrumadores, ya no es posible mantener la ficción de que la responsabilidad es solo colombiana (y algo boliviana y peruana). Solo en América Latina lo de México es dramático y contundente y ha logrado que Norte América empiece a entender y a temer una guerra que se libraba lejos de su frontera, en las profundidades de la selva amazónica y de Los Andes. Centro América arde al convertirse en corredor de la droga. (En ese remanso de paz que era Costa Rica, las elecciones que acaban de pasar tenían como tema principal la inseguridad nacida… del narcotráfico). Chávez no puede tapar el sol con las manos, la droga llegó al país hermano. En Argentina reconocen que ellos también ingresaron a la geografía del crimen organizado, como puerto de salida para Europa (España), aprovisionadores de precursores y centro de lavado de capitales. Brasil calla pero la situación es igual. 

Así las cosas, se acerca la fecha, fundamental para Colombia, cuando en el mundo, especialmente en Estados Unidos, se entienda que el problema no son unos colombianos malos sino la metástasis de un cáncer , el narcotráfico y que pretender negarlo o reducirlo a un simple problema de policía es otra forma de negarlo y por consiguiente de favorecer su avance. Ponerlo sobre la mesa mundial, reconocerlo y entender y aceptar que el consumo de drogas psicoactivas por una parte pequeña de la población mundial, hace parte de la historia humana que debe asumirse, con realismo y sin satanizarla. Solo entonces se le habrá dado en el corazón al crimen organizado del narcotráfico, la verdadera plaga del mundo hoy, nuestro mortal y principal enemigo.

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