20 de noviembre de 2019
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El erotismo tiene la palabra

11 de febrero de 2010
11 de febrero de 2010

La mujer, "de cuyo nombre no debo acordarme" para proteger su ruidosa intimidad, fue condenada a ocho meses de prisión por no atemperar los alaridos que emite cuando su macho alfa le encuentra el punto G.

En la misma ciudad, científicos de la Universidad de Newcastle encontraron una estrecha relación entre la cuenta bancaria y el número y calidad de ese tsunami erótico llamado orgasmo. Un orgasmo vale más que diez mil palabras.

En opinión de estos científicos ingleses, el éxito de las relaciones sexuales depende, en buena medida, del tamaño? del saldo bancario.

Otra investigación demostró que las féminas más inteligentes tienen los mejores orgasmos. A la conclusión llegaron cerebros quedados del King's College, de Londres.

A la bulliciosa súbdita inglesa de Newcastle sus vecinos la sapiaron porque no dejaba dormir cuando se extrovertía con su paciente machucante inglés.

El juez, asesorado por el DAS colombiano, ordenó instalar un sonómetro en un apartamento vecino al del dueto, para medir el big bang erótico de nuestra Julieta.

El alboroto que armaba superaba el ruido de todos los televisores del barrio. Los somnolientos vecinos asumieron que con semejante bunde estaban degollando a alguien y llamaron a la policía. Falso positivo: Romeo y Julieta, modelo 2010, se "refocilaban".

Menos mal, la mujer goza de libertad condicional. Se supone que ya le bajó decibeles a sus gritos porque no volvió a mojar prensa.

El hombre capaz de arrancarle esa manifestación de ayayayes está capando estatua en Trafalgar Square, pues nos ha hecho quedar bien a sus colegas, esos egoístas eternos que por defecto de fábrica apenas sí buscamos el ex escurridizo punto G.

Digo "ex escurridizo" porque la rigurosa BBC de Londres informó que, según investigadores italianos, el maravilloso G puede ser localizado utilizando el ultrasonido. Todavía no con exactitud de reloj egipcio de pedal, pero principio tienen las cosas.

Y en Estados Unidos, el profesor Stuart Meloy, inventó por accidente el llamado "orgasmatrón", una máquina que produce orgasmos. Woody Allen la anticipó en alguna película.

Meloy estimulaba la medula espinal de una paciente que sufría dolores de espalda. Por azar, activó una zona erógena desconocida y la libido de la dama se disparó hasta el clímax.

El detestable inventico que dispensa orgasmos y que ojalá nunca se venda en el supermercado, excluye a los hombres que teníamos la exclusiva del placer. Felizmente, el médico no ha podido perfeccionar el cachivache por escasez de voluntarias. Gracias, mujeres, por reconocer nuestra importancia.

En Ecuador, una legisladora 'propuso que el deseo sexual sea garantizado por la Constitución. "O sea, decretar los orgasmos por ley", ironizó la oposición. ¿Cuál legislador colombiano propondrá lo mismo para (NO) votar por él?