21 de noviembre de 2019
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Dar-regalar; tratar-tratarse; dequeísmo

11 de febrero de 2010
11 de febrero de 2010

En su cibermensaje del 3 de diciembre de 2009, el señor Jairo Patiño Cifuentes se queja del abuso al que está sometido hoy en día el verbo ‘regalar’: “regáleme un tinto”; “regáleme su celular”; “regáleme su cédula”; “regáleme su nombre”; “regáleme a fulanito por un momento”, etc. Hasta dicen: “regáleme una colaboración”. Y si usted, señor, para la oreja, escuchará este fastidiosísimo “regáleme” en todas partes: en los cafés, en las cafeterías, en los buses, en los estadios, en todas las oficinas (privadas y oficiales), en todas las tiendas… en todas partes, mejor dicho. Ya no se escuchan el ¿”cómo se llama usted?”; “¿cuál es su número de teléfono?”; y “¿cuál el de su cédula?”; “Sírvame, por favor, un tinto”; “necesito hablar con fulanito”, etc. Ahora bien, si a usted no le gustan las fórmulas, o las ignora, eche mano del verbo ‘dar’, que éste sí se acomoda a todo, como lo  insinué antes por la amplísima extensión de la idea que representa: “Deme su nombre, su número de cédula o de celular o de pasaporte, un café con leche, un aguardiente…”. Pero, ¡por favor!, no más “regáleme”.

Siempre lo he dicho, porque siempre me ha extrañado: Los disparates idiomáticos son los que más fácilmente prenden, como los yerbajos. Si alguien le quita el carácter pronominal a determinado verbo (‘iniciarse’, ‘destacarse’, ‘mantenerse’, etc,), inmediatamente es imitado irracionalmente por todo el mundo, sin excepción; y si alguien le chanta el carácter de pronominal a determinado verbo cuando no lo es, es también insensatamente remedado. Esto le está ocurriendo al verbo ‘tratar’. Así redactó el señor Cristian Mejía Trujillo: “…como si todo esto se tratara del manejo de una rueda de Chicago…” (LA PATRIA, I-25-10). Hay cincuenta mil una formas de expresar los mismo castizamente, señor: “…como si se tratara del manejo…” (fíjese que aquí no está el sujeto); “…como si todo esto tratara de…” (frase desgalichada de todas maneras en ese texto); “…como si todo esto fuera como el manejo de…”. Pero, para lograr una redacción aceptable, hay que analizar, analizar, analizar… y hacer ‘borrador’.

El padre Lope Carvajal P. escribe bien, con ilación lógica y con soltura, pero parece que padece de la enfermedad que yo llamo “terronera al dequeísmo”. El síntoma lo encontré en esta oración del artículo en que habla de las inguandias de que se vale el ‘escritor’ Dan Brown para manifestar sus fantasías: “La técnica que usa Dan Brown para argumentar es canallesca, porque parte de la base que el lector medio no sabe mucha historia” (LA PATRIA, I-26-10). “…porque parte de la base DE que el lector medio no sabe…”, padre. El siguiente ejemplo proporcionará la explicación: “…porque parte del desconocimiento de la historia, QUE le impide al lector apreciar lo que lee”. En esta muestra no se requiere la preposición ‘de’, porque la partícula ‘que’ es ahí un pronombre relativo que reemplaza a ‘desconocimiento’. Para los que saben analizar, como usted, padre, en el último ejemplo el relativo ‘que’ es el sujeto de la oración (proposición) subordinada (“que le impide al lector apreciar lo que lee”); en su frase, en cambio, es ‘término’, que, como tal, exige la presencia de la preposición ‘de’, para con ésta conformar adecuadamente el complemento que ella introduce. ¡Pronta recuperación, padre!

Esto leí en “Hace 80 años”, de LA PATRIA: “Comunican de Cartagena que el ilustrísimo señor arzobispo Briochi ha dirigido…” (I-29-10). Brioschi, señor, (pronunciado ‘Briosqui’). Traigo esto a colación, no por la minucia esa, sino para citar un apunte que sobre el mitrado escribió el genial don Rafael Arango Villegas, mi escritor preferido: “En la Costa Atlántica no hay peligro alguno. (…). Allí no arrima nadie. ¡Ni el más caliente! Y no es por lo peligroso de las Bocas de Ceniza, ni por las murallas de Cartagena, ni por nada de eso: es que allí está el Ilmo. Sr. Brioschi. Todo el mundo le tiembla en esas latitudes. En Cartagena todos andan en “puntillas” y hablan al oído. El coadjutor cuando se le va a arrimar a ponerle la casulla le da palmaditas en los lomos. Y cuando le va a poner la mitra, le “venda” un ojo. Los americanos le mantienen muchas ganas a esos territorios, pero no se atreven a arrimar, porque saben que su “Doctrina Monroe” se estrellaría contra la “Doctrina Astete” del señor Brioschi” (Obras Completas, “Sal… de Inglaterra” (Crónicas de Listz), Mi Candidatura Presidencial).