27 de enero de 2021
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Manizales tiene aire de tango

7 de enero de 2010
7 de enero de 2010

Todo porque ella los recibía en su casa con un gran cariño, tratándolos como si fueran sus hijos. Cantante de tangos que llegaba a Colombia en gira artística no podía pasar por Manizales sin visitar su casa, que entonces quedaba en el sector conocido como  Campoamor. Allí, en la calle 28, tuvo durante varios años un negocio donde sólo se escuchaba música argentina.

La pasión por esta música que habla de amores truncados le viene por herencia. Su padre, Rufino Valencia, era un obrero de la construcción que daba clases de tango en la casa. Vivían entonces en una finca llamada San Antonio, donde ahora quedan las pesebreras Casa Roja. Hasta allá llegaban parejas que querían aprender a bailar tango, milonga o fox. A ella no la dejaban ver cómo la gente aprendía los pasos típicos de esta música. Pero buscaba la forma de admirar esos movimientos cadenciosos de los cuerpos. Tenía doce años cuando tuvo la oportunidad de bailar por primera vez al ritmo de los bandoneones que sonaban en un viejo gramófono que había en la casa.

El primer tango lo escuchó a la edad de seis años. Era un tema que su papá le llevó en una serenata a la mamá, María de la Cruz Corredor, cuando eran novios. Se llama Ausencia. Recuerda que lo interpretaba con tanto sentimiento que la gente, al escucharlo, le sugería que lo cantara en público. “Mi papá tenía una voz excelente para cantar tangos. Pero nunca tuvo la oportunidad de destacarse como intérprete. En esa época no había forma de darse a conocer porque en Manizales no existía ninguna emisora”, dice con una voz que suena clara no obstante sus 94 años de edad. Sin embargo, el tema que la marcó desde niña fue un disco de Rosita Quiroga llamado, precisamente, Tango.

Mamá  Bertha fue la menor de ocho hermanos. Todos, sin excepción, aprendieron a bailar tango. Las hermanas mayores  organizaban en la casa, con sus amigas, tardes bailables. Pero ella no podía bailar. Hasta que un día se decidió a hacerlo. Fue una vez que llegó una visita a la casa. Ella, viendo a los demás bailar, se lanzó a la mitad de la sala y, sin pena, le dijo a uno de los visitantes: “Yo también sé bailar”. Entonces lo hizo levantarse de la silla donde estaba sentado y, al compás de los bandoneones, empezaron a danzar con movimientos acompasados. Los más sorprendidos fueron, desde luego, sus padres. Hasta ese momento ellos ignoraban que la hija bailara.

Su pasión por la música argentina la llevó a montar en su propia casa un pequeño negocio que pronto obtuvo el reconocimiento de los amantes del tango en Manizales. Era un sitio decorado sencillamente, con un mostrador de guadua y asientos de cuero. En las paredes colgaban, enmarcadas, las fotografías de todos los intérpretes. La gente iba hasta allí porque siempre encontraban el tango que deseaban escuchar. Pero además porque el sitio era visitado por los artistas argentinos que llegaban a Colombia. Allí estuvieron, entre otros, Roberto Mancini,  Juan Carlos Godoy, Antonio Tormo, Ignacio Corsini, Hugo del Carril, Andrés Falgás, Raúl Garcés y Argentino Ledesma.

Mamá  Bertha conoció a Andrés Falgás una tarde en que caminaba por la carrera 23. Cuando llegó a la esquina de la calle 20 vio, frente a la puerta de entrada al teatro Cumanday, una fila inmensa de gente. Inquieta, preguntó qué pasaba. Entonces le dijeron que se iba a presentar el cantante. Inmediatamente se ubicó frente a la taquilla y, sin respetar la cola, adquirió la boleta. Cuando ingresó al interior lo primero que hizo fue dirigirse al sitio donde estaba Falgás. Al presentársele, lo único que él le dijo fue: “¡Cómo que usted es mamá Bertha! Yo quería visitarla. En Argentina me dijeron que no podía pasar por Manizales sin conocerla”. Ese día, en horas de la noche,  Falgás fue a conocer su negocio.

Es la responsable de que en Manizales exista la Calle del Tango. Fue una idea que se le vino a la cabeza después de la muerte del Rey del Fox, Armando Moreno. Como el cantante fue para ella casi como un hijo, quiso que la ciudad le rindiera un homenaje a su memoria. No contenta con haber traído sus restos, que se encontraban en Bogotá desde su muerte el 8 de octubre de 1990, comprometió a las autoridades para que Manizales tuviera una calle con su nombre. “Yo no podía morirme sin realizar este sueño”, responde cuando se le pregunta por qué el homenaje al cantante. Entonces agrega: “Armando Moreno quiso mucho a esta ciudad. Aquí vivió dos años”.

El tango es para mamá Bertha la razón de su existencia. En su casa tiene miles de discos de 78 revoluciones que guarda como un verdadero tesoro. En las paredes de un pequeño negocio que tiene frente a la puerta de entrada a la cárcel, cientos de fotos donde aparece acompañada de todos los artistas argentinos que han visitado su casa son un atractivo para los visitantes. Reconoce que Cambalache y La Comparsita son sus dos temas preferidos. Y agrega que después de Gardel y Magaldi no ha habido otros intérpretes que eleven tanto el nivel social del tango. Para ella, Aníbal Troilo, Juan D¢arienzo y Enrique Rodríguez son los mejores directores de orquesta que ha tenido la música argentina.

A su amor por el folclor argentino mamá Bertha suma su interés por servirle a las personas que están privadas de la libertad. Los presos ven en ella a una segunda madre. Los visita todos los días. Les lleva algo para comer y está pendiente de sus necesidades. Además les regala artículos de aseo personal. Este compromiso lo adquirió desde una tarde en que le tocó ver cómo a un hermano suyo que estuvo detenido 18 meses por lesiones personales lo tenían castigado con muñequeras. Desde ese día prometió ayudarles. Y nunca les ha fallado. “Cuando visito la cárcel me acuerdo de esa historia de ladrillo que se canta en un tango”, dice. “Los presos necesitan ayuda”, agrega.

Conocer Argentina fue un sueño que acarició desde niña. Pero nunca tuvo con qué hacerlo. Sin embargo, el sueño se le hizo realidad cuando ya pasaba de los ochenta años de edad. Dos periodistas, Jorge Molina Marulanda y Jairo Castro Eusse, promovieron en la ciudad una campaña para llevarla hasta Buenos Aires. Se comunicaron con la Embajada de Argentina para conseguir que el gobierno de ese país la invitara. La respuesta fue afirmativa. Hoy recuerda con nostalgia esas caminadas por la Calle Corrientes, sus visitas al Viejo Almacén, su recorrido por Caminito. Y guarda orgullosa la foto donde aparece frente a la tumba de Carlos Gardel. “Ese viaje fue la concreción de un sueño”, dice.

Esta mujer que lloró cuando se enteró de la muerte de Carlos Gardel en un accidente de aviación en Medellín, que tuvo la oportunidad de viajar a Argentina invitada por el Gobierno de Carlos Menem, que montó varios sitios tangueros en la ciudad hoy continúa rindiéndole culto a la música argentina a través de una academia de baile que organizó en el centro de Manizales. Hasta allí llegan diariamente personas que quieren aprender a bailar música argentina. “La juventud está ávida de tango”, contesta cuando se le pregunta qué tanta acogida ha tenido esta iniciativa. Entonces explica, tomando las palabras de Jorge Luis Borges, que el tango es un sentimiento que se baila.